CÓMIC PARA TODOS

‘Putokrío’, de Jorge Riera

putokrioEditorial: De Ponent.

Guión: Jorge Riera.

Dibujo: Sequeiros, Juaco Vizuete, Enric Rebollo, Javier Peinado, Natacha Bustos, Pablo Vigo, Cristóbal Fortúnez, Pablo Ríos, Carla Berrocal, Miguel Ángel Martín, Francisco Redondo, Miguel Porto, Borja González Hoyos, Darío Adanti, Mortimer, Félix Ruiz, JAB, Alberto González, Eugenio Merino, Jordi Costa, Joaquín Aldeguer, Álex Mendíbil, Mauro Entrialgo, Néstor F. Álvaro Ortiz, María Rubio y Sergio Bleda.

Páginas: 192.

Precio: 22 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Mayo  2014.

Es tentador utilizar la frase que María Rubio utiliza en la historia de la que forma parte, como autora y protagonista, para definir Putokrío: «esto es una paja mental sin pies ni cabeza». Pero en realidad es más fascinante aún entender este tebeo como la culminación de un apasionante proceso vital, el de Jorge Riera, que él mismo narra de una forma semiautobiográfica y en la que, efectivamente, pocas cosas tienen pies o cabeza. Pero engancha. ¿Por qué? Difícil de decir. Quizá es porque, sin llegar a ser una comedia, provoca risas. Puede que sea porque en cada episodio pasan cosas que hacen de éstas historias originales. O incluso porque el disfrute es tan enorme como amplia la nómina de ilustradores que desfilan por el libro. El caso es que el cómic supone la culminación de ese proceso, porque no es, ni mucho menos, la primera versión de esta versión que Riera hace de sí mismo. Se hizo popular en forma de animación, dentro del programa Alaska y Coronas, pero antes había sido un webcómic realizado con fotografías, un guión cinematográfico que no llegó a producirse, una webserie para adultos que permanece inédita, una tira en El Jueves y luego en Mongolia. «¿Y si hiciéramos un tebeo?», es lo último que dice Riera en sus páginas. Pues eso, todo un proceso vital.

Putokrío lo componen 18 relatos, cada uno más extraño y original que el anterior. Son episodios que saltan de su niñez a su adolescencia y de ahí a la edad adulta, que se acercan a sus amistades, sus relaciones y su vida laboral sin necesidad de seguir un hilo temporal claro, a veces incluso dudando de que se trate de una misma vida, pero trazando poco a poco un retrato que despierta como mínimo una curiosidad irrefrenable por saber más. Y como al final ese es el ansia que tiene el lector, el de saber más, acaba siendo terriblemente irónico que el penúltimo capítulo del libro sea un collage de pequeñas historias en las que Riera pide a otros autores amigos que hablen de él. Es ahí donde se acaba por comprender la enorme broma en que consiste este tebeo, divertido desde su peculiar origen y excepcionalmente desarrollado, con una originalidad rompedora que excede los límites de lo autobiográfico. Se puede comparar el empeño de Riera con la obra de Harvey Pekar o con la de Peter Bagge por su certera y en ocasiones cínica reinterpretación de la realidad, pero en realidad hay mucho más de original que de influencia en Putokrío. Por eso la única forma de llevar esta  «paja mental sin pies ni cabeza» era con una enorme colección de ilustradores.

Es así como Putokrío alcanza el culmen de la originalidad que busca. Es una autobiografía falseada, la del autor, pero cada segmento tiene una personalidad propia gracias al trabajo de los ilustradores, todos brillantes a su manera y en su estilo, pero entre los que casi parece imposible no sentirse deslumbrado por el trabajo de Francisco Redondo y Sergio Bleda. En todo caso, la caricatura de Juaco Vizuete no tiene nada que ver con el realismo de Javier Peinado. El trazo de Natacha Bustos se diferencia con claridad del de Cristóbal Fortúnez. Ni los recursos cómicos de Dario Adanti tienen relación con los de Borja González Hoyos. Pero todos tienen una sinceridad enorme que, además, se adapta con mucho acierto al segmento que ilustra cada uno de ellos. Eso llega a su punto culminante en ese penúltimo capítulo, donde se mezclan los estilos de once autores incluyendo al propio Riera, en lo que él mismo bautiza como un «experimento multidimensional» y que da una idea de lo lejos que llega este delirante tebeo. Salpicado de momentos anclados en la fantasía y con tintes biográficos que siempre dejan pensando qué es real y que no, Putokrío es una pequeña gran rareza. Y la mejor carta de presentación de Jorge Riera para quien no le conozca por su trabajo en televisión.

Como contenido extra, el volumen ofrece un pequeño portafolio final mostrando las encarnaciones de Putokrío antes de convertirse en este cómic, una introducción de Óscar Aibar y un epílogo de Hernán Migoya.

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