CÓMIC PARA TODOS

‘Arturo. Una epopeya celta’ 1, de David Chauvel y Jérôme Lereculey

Editorial: Yermo.

Guión: David Chauvel.

Dibujo: Jérôme Lereculey.

Páginas: 168.

Precio: 35 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2017.

Parece mentira que todavía sea posible encontrar un ángulo poco transitado para conocer los mitos artúricos. Eso es justo lo que buscan David Chauvel y Jérôme Lereculey en Arturo. Una epopeya celta. Ahí está la clave, en que la base de esta adaptación está en textos y leyendas de origen galés, no en los mitos y relatos que normalmente hemos conocido y que nos han llegado fundamentalmente a través del cine, en títulos como Los caballeros del Rey Arturo o Excalibur, pero también en cómics como Merlín, de Robin Wood y Enrique Alcatena (aquí, su reseña) o Las crónicas de Excalibur, de Jean-Luc Istin y Alain Brion (aquí, reseña de su primer volumen). En la práctica, las consecuencias de esa elección están sobre todo en el mantenimiento de los nombres en galés o en que la historia es más cruda, más extensa y con rincones normalmente no explorados. Aunque la serie lleve el nombre de Arturo, cada álbum tiene un protagonista claro y el primero es Myrddin, el equivalente al personaje popularmente conocido como Merlín, Arturo es el centro del segundo, y el tercero se ocupa de Gwalchmei, sobrino de Arturo y habitualmente traducido al español como Galván. Cuesta más entrar en el dibujo que en la historia, pero desde luego es una manifestación más que curiosa de una historia que por todos es conocida pero en la que los detalles transforman el relato en algo nuevo y fresco.

Chauvel, no obstante, apuesta por una narración muy densa. Hay mucho texto, casi como si estuviéramos ante un relato en prosa, que tiene más importancia que el diálogo. Eso hace que estemos ante una lectura que exige tiempo y concentración. Hay espacio para la acción, para las batallas encarnizadas y para los duelos individuales, pero no se trata en realidad de eso, únicamente da esa sensación de manera parcial cuando es Arturo el protagonista, porque se le define como alguien que ama el sabor de la lucha y se resiste a ser el rey por el que suspira Myrddin. En los tres primeros álbumes, los que forman este primer volumen integral, tienen un muy marcado carácter de introducción. De ahí la gran cantidad de texto pero también el hecho de que todavía no hayamos visto a un Arturo rey en todo su esplendor, que estemos disfrutando con el viaje, con los pasos que van a conducir a la tragedia artúrica. A veces puede parecer que se desvía mucho la atención, como con los devaneos con la locura de Myrddin, pero en él es donde por el momento se concentra lo más interesante de esta revisión de la historia del rey Arturo, hasta el punto de que se le echa de menos cuando el foco se aleja de su punto de vista. Ese era el peligro que aceptó Chauvel cuando optó por llamar Arturo a una serie en el que cierra todo un álbum sin que aparezca su protagonista principal.

En el dibujo de Lereculey caen algunas dudas más. Y la clave está en los rostros. Dado que el diálogo pierde protagonismo, es ahí donde hay que adivinar las intenciones y pensamientos de los personajes, y las expresiones que dibuja el ilustrador no siempre permiten intuirlos. Sí cuando se trata de emociones básicas, pero no permite ir más allá. Por eso, las escenas más evidentes, las batallas por ejemplo, son las que sacan lo mejor de Lereculey, las que le permiten añadir espectacularidad al relato sin tener problemas de comprensión en la escena que estamos viendo. Pero los rostros combinan momentos de gran brillantez con otros en los que parece imposible saber qué pasa por la cabeza de los personajes. Esto se solventa, eso sí, con un acierto casi sobresaliente en los escenarios naturales y medievales que sirven para sostener la acción, y que además cuentan con un brillante trabajo de color, sin necesidad de artificios extraños, de  Jean-Luc Simon. Arturo. Una epopeya celta no busca ser una revisión definitiva de las leyendas artúricas, al contrario, abraza su condición de rareza, de complemento, de obra que busca un camino diferente, y lo hace con firmeza. Chauvel marca un camino claro y es fiel a su planteamiento en todo momento. Eso dificulta la entrada a este mundo, pero los personajes son tan buenos que se acaba accediendo a él con naturalidad.

El volumen incluye los tres primeros álbumes de Arthur, Myrddin le fou, Arthur le combattant y Gwalchmei le héros, publicados originalmente por Delcourt en mayo y diciembre de 1999 y septiembre de 2000. El único contenido extra son las portadas originales de Jérôme Lereculey.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 27 julio, 2017 por en David Chauvel, Delcourt, Jérôme Lereculey, Yermo y etiquetada con , , , .

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