CÓMIC PARA TODOS

‘Ángel Exterminador’, de Iron

Editorial: La Cúpula.

Guión: Iron.

Dibujo: Iron.

Páginas: 164.

Precio: 24,90 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Septiembre 2020.

Prepararse para un tebeo como Ángel Exterminador no es nada fácil, porque casi nadie puede estar listo para la dimensión macarra que nos ofrece Iron en su obra más emblemática. ¿Límites? Ninguno, ni de moral, ni de violencia, ni de eso mismo, de macarrada auténtica. Iron mete toda la caña que le apetece en una historia que es completamente inclasificable pero que desde el primer momento nos remite a ese cómic underground español que tenemos en realidad desde los años 70 y que prolongó su gloria, por limitada que fuera en cuanto a público, hasta los 90. No, no estamos hablando aquí de superhéroes ni de nada que se le parezca, pero los 90 es sin duda su época. Y tenía la marca de El Víbora, lo que en nuestros días le da una leyenda todavía más antológica a esta obra que, afortunadamente, no quedará perdida en el baúl de los recuerdos. Para su autor, que buscó fortuna en el mundo del tatuaje, mucho más útil en aquellos tiempos en España para vivir de lo que uno hace en el mundo de la ilustración, tuvo que ser un desahogo tremendo, porque con las cuatro aventuras que contiene este libro, dos largas y dos cortas, es imposible encontrar un hueco para respirar. Y pasan tantas cosas que casi parece obligado ir retrocediendo o darle una segunda lectura completa a un libro fascinante, por su forma y por su fondo.

Porque, claro, Ángel es uno de esos personajes macarras que tienen encanto por la cantidad de barbaridades que hacen y sin importar del lado de la ley en el que se encuentra. Este tío, es evidente, está loco. Pero es que su mundo también lo está. Y eso es algo tan palpable en cada momento de estas historias que hay pocos caminos más placenteros que el disfrute de este absoluto delirio cargado de caña y adrenalina. Iron, pseudónimo de Carlos Hierro, nos mete de lleno en las peleas, en las huidas, en los tiroteos, como si fuéramos los ocupantes de una montaña rusa que no se detiene y en la que tenemos que ir esquivando las balas que nos rondan, o pensando incluso qué le podemos decir a Ángel para que no nos reviente a palos, como hace con tantos de los personajes que osan acercarse a él para llevarle la contrario o para intentar ponerle unas esposas. Es fácil dejarse llevarse por el radical carisma de Ángel, pero no hay que perder de vista el mundo que le rodea, en el que hay una fauna variada y atrevida que es una distorsión tan divertida de nuestra realidad que es imposible no partirse de risa ante los sucesos más violentos que acontecen a su alrededor. Llegar al final de este libro con la sensación de agotamiento que el propio Ángel siente al final de cada carrera es casi lo más lógico.

Sin menospreciar las ideas que Iron vuelca en estas páginas, la auténtica joya que hay en su trabajo es su forma de dibujar. Es muy radical desde el mismo diseño de los personajes, parte de un mundo que desprende una violencia intensa y a la vez fascinante. Cuerpos desgarbados y rostros duros son la mejor manera de meternos de lleno en su mundo. Vemos, además, una evolución gráfica que resulta fascinante, y en la que Iron nos muestra su Ángel Exterminador en bitono, en blanco y negro y en color. Y lo realmente increíble es que no es nada fácil dilucidar cuál de esas fórmulas es la que mejor le sienta a este universo, porque en todas ellas el dibujo luce de una manera admirable. Su autor domina los registros del blanco y negro, y lleva a Ángel de esa manera a la tradición del mejor noir. Pero a la vez con el bitono logra una sensación de atemporalidad que rompe deliciosamente con el color, más propio quizá de su época en una serie de esta naturaleza. No podemos olvidarnos tampoco del maravilloso uso de las onomatopeyas que tiene en su narrativa, que aprisionan las figuras en las viñetas para que sintamos que balas y golpes son realmente peligrosos. Ángel Exterminador es el mejor testamento de un autor que no pudo serlo por la falta de una industria que le apoyara, y uno de los mejores argumentos para defender un cómic que no pasa de moda.

El libro contiene material de los números 143 a 149, 152, 164a 170 y 187 a 190 de El Víbora y de El Víbora Especial violencia, publicados originalmente entre 1991 y 1999. El único contenido extra son portadas e ilustraciones de Iron.

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Esta entrada fue publicada en 16 octubre, 2020 por en Iron, La Cúpula y etiquetada con , , .

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