CÓMIC PARA TODOS

‘Alt-Life’, de Joseph Falzon y Thomas Cadène

Editorial: Dibbuks.

Guión: Joseph Falzon.

Dibujo: Thomas Cadène.

Páginas: 184.

Precio: 25 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Febrero 2019.

La ciencia ficción, aunque todavía haya gente que limite el género a coloristas aventuras espaciales, tiene siempre la capacidad de hacernos pensar. Alt-Life opta por hacernos pensar en torno algo muy concreto cuando tenía a su disposición un mundo de posibilidades inagotables, pero su elección se entiende. Por eso, y aunque en una primera reflexión pueda parecer un trabajo que se autolimita sin necesidad, al final deja con la impresión de que ha tocado muchos más temas de los que parece abordar. Y la culpa, no pasa nada por entonarla, es nuestra, de una sociedad en la que el sexo está visto como algo capaz de eclipsarlo todo. Sí, Alt-Life va sobre sexo. Pero, parafraseando aquel viejo eslogan, sexo es vida, y es la puerta de entrada con la que Joseph Falzon y Thomas Cadène nos hablan del futuro de la humanidad de una manera sugerente, y no solo por las muy visibles implicaciones eróticas que tiene el relato. Se trata de imaginar un escenario virtual en que el ser humano pueda refugiarse para escapar de la destrucción del medio ambiente. Se trata de encontrar un nuevo hogar, pero no explorando las estrellas, como es costumbre en el género, sino la tecnología. Y ahí descubrimos un mundo en el que dos personas entran con conejillos de indias para probar todas las posibilidades de un entorno en el que la mente no tiene límites.

Puede parecer simplista en que, sin esos límites, el sexo sea el centro de todo. Pero la manera en la que escribe Falzon le da a lo que vemos una razón de ser. Tenemos dos protagonistas, un hombre y una mujer, que durante un año van a probar este nuevo entorno y ellos le dan forma desde perspectivas muy personales, probando cosas nuevas, experimentando sensaciones que el mundo real no les daba la opción de vivir y descubriendo que los límites no tienen nada que ver con los que conocemos. Ahí está el motor de Alt-Life y lo que hace que pensemos en este mundo y qué haríamos en él incluso tiempo después de hacer cerrado el libro. Falzon elimina la hipocresía y habla con mucha sinceridad desde la perspectiva de dos personajes que viven la vida, y por descontado también la sexualidad, desde puntos de vista muy distintos entre sí. Eso da lugar a una serie de secuencias que se van sucediendo de una forma muy natural, eliminando también las barreras del tiempo de una manera tan sutil como acertada, y dándole al escritor espacio para no detenerse en la experiencia de los dos protagonistas y asomarse también a la experiencia social cuando este mundo virtual adquiere una población mucho mayor. Eso da cierta irregularidad al tebeo, por espacio y por profundidad de los temas, pero también permite dar desarrollo y conclusión a la trama central.

El dibujo de Cadène tiene la particularidad de ser realista de base pero con un toque onírico y fantasioso que encaja muy bien con las pretensiones de la novela gráfica. Es verdad que los rostros que dibuja pueden dejar algún gesto de extrañeza en el lector, pero en términos generales logra algo tan difícil como que sintamos lo mismo que los protagonistas en un mundo en el que el reto está, precisamente, en tener la sensación de que lo irreal es tangible. El color de Marie Galopin hace que esas sensaciones sean todavía más intensas, porque su paleta parece sacada de un sueño que encaje perfectamente en la mejor tradición de la ciencia ficción alucinógena de los años 60 y 70. Cadène, además, se mueve muy bien en el retrato de una sexualidad realista. No es provocativa por el simple afán de serlo, sino que todo tiene sentido, cada dibujo sexual tiene la capacidad de transmitir emociones y precisamente las emociones de las que escribe Falzon. Incluso lo más ocasional y desprovisto de sentimiento. No olvidemos que se trata de un mundo experimental, y el dibujo de Cadène rinde pleitesía a ese objetivo con tanta intensidad como el mismo relato de Falzon. Y sí, hay mucho que pensar cuando el relato acaba. Incluso con sus altibajos, que los tiene, deja una huella más que interesante por su fondo, por su forma y por lo que se puede imaginar entre ambas.

Le Lombard publicó originalmente Alt-Life en abril de 2018. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 23 abril, 2019 por en Dibbuks, Joseph Falzon, Lombard, Thomas Cadène y etiquetada con , , .

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