CÓMIC PARA TODOS

Entrevista con Rubén del Rincón: “Arturo-Perez Reverte era el primero en ver las páginas de ‘La sombra del águila’ y para mí era un lujo verle contento”

Aunque hace ya mucho tiempo de la aparición original de La sombra del águila (aquí, su reseña), el cómic con el que Rubén del Rincón adaptó la novela corta de Arturo Pérez-Reverte, su nueva edición en tomo es la excusa perfecta para que charlemos con el autor de este divertido tebeo y de lo que supuso para él en aquel momento de su carrera. Rubén es uno de esos autores con los que da gusto charlar, porque siempre aporta frescura al análisis y en este caso también al recuerdo de sus obras y porque es uno de aquellos que saben lo que quieren y que nos ofrecen siempre trabajos cargados de talento e imaginación, por mucho que su nombre pueda estar, todavía y por desgracia, por debajo de lo que merece su categoría.

Hace ya muchos años que La sombra del águila vio la luz por primera vez, casi una década. Aparte de los retoques de color que mencionas en el texto que hay al final de esta edición, ¿el Rubén del Rincón de hoy está satisfecho con cómo salió o cambiaría muchas cosas si tuviera que hacerla hoy de nuevo?

No cambiaría nada, la verdad. Di todo lo que pude de mí mismo entonces, y hoy día estoy contento con el resultado y sigo viéndolo en el buen tono. También creo que si retocase algo sería un poco como una falta de respeto a ese autor algo menos experimentado que era yo entonces. Como explicaba en el texto del fin del libro, el caso del color era distinto, porque en esa época no pude participar por el escaso tiempo del que disponíamos y lo tenía pendiente para cerrar el cómic.

Propusiste el proyecto a Arturo Pérez-Reverte, y después fue él quien sacó tu nombre para que se pudiera hacer. ¿Cómo es tu relación con él? ¿Qué grado de implicación tuvo mientras trabajabas en la adaptación y qué reacción te transmitió al verlo acabado?

Pues podría decir que tenemos una relación de amistad, o así lo siento yo. En su día Arturo seguía muy atento los avances del cómic, diría que con cierto entusiasmo. Nos lo pasábamos bien, le gustaba el tono de la aventura… Él era el primero en ver las páginas, y para mi era un lujo no solo ver contento al autor del relato original, sino que me daba libertad y confianza extremas. Diría que de implicó en seguir la producción, en comentar cosas, dar ideas, y celebrar hallazgos más que muchos editores con los que he trabajado. Es un gran tipo. Y al final igual, se mostró satisfecho y tan contento como lo estaba yo. Fue una gran experiencia.

¿Qué disfrutaste más en La sombra del águila, la aventura histórica o el tono de comedia cínica? ¿Qué crees que se ajusta más a tu estilo y de cuál de esos dos aspectos saliste más satisfecho cuando acabaste el trabajo?

Pues mi disfrute partía precisamente de haber encontrado una homogeneidad para ambas cosas, un tono común y un estilo que abanderase todo ello. Mi opción fue una especie de tezukización, suave pero rotundo, y me di cuenta al probar que era el clic gráfico que necesitaba. En fin, que creo que supe encontrar la unidad de ambas y que por eso pude gozar de ese coctel a partes iguales.

Hablas de que uno de los grandes cambios que introdujiste en La sombra del águila fue un personaje femenino. Me resisto a no ver en Candela el germen de lo que después fue Las damas de la peste (aquí, su reseña), aunque aquella historia tuviera lugar en otro contexto histórico. ¿Acierto o no tienen nada que ver?

¡Pues casi aciertas! En aquella época estábamos tanteando hacer Las Damas. A mi me propusieron en realidad una historia con tres tipos en un campo de concentración. Con mi afán por los personajes femeninos yo propuse cambiarlo a tres mujeres, y que además pasasen por todos los conflictos del siglo XX. Pero el argumento lo íbamos tejiendo lentamente y el proyecto se paró. Así que al final Candela se adelantó a ellas. Lo cierto es que su personaje surgió de su propia esencia, directamente de las mujeres del dos de mayo de Madrid, pero puede muy bien ser que al final, ese espíritu de lucha, y el miedo tras el combate, pudiesen pasar en a Fe, Esperanza y Caridad de manera inconsciente. Cuando estaba escribiendo aquella historia, yo me focalizaba más en ponerme en los ojos de cada una de las chicas a cada capítulo. En realidad, ya desde la época de Nassao, o de Mesalina, los personajes femeninos y fuertes son los que más me interesan, así que es una constante, que se rompe un poco con Max, Entretelas (aquí, su reseña), o El Boxeador (aquí, su reseña), aunque en breve volveré a ella, espero.

En La sombra del águila trabajaste para que se publicara en un suplemento dominical, después para que saliera una edición en libro en el mercado francés y finalmente para la edición española. ¿En qué punto del proceso te has sentido más cómodo?

En todos ellos estuve bastante cómodo. Si acaso recuerdo muy agradablemente la creación para el Semanal. Fueron días muy trepidantes, apasionantes y de muchísimo trabajo y expectativas. Y según avanzaba todo, el resultado era bueno y satisfactorio para todos, y estando el autor del relato original involucrado satisfecho, lo demás era todo un regalo.

Precisamente por la publicación en Francia recuerdas que la caricatura de Napoleón te generó algunas dudas sobre la acogida que pudieran darle los lectores de este país. ¿Tuviste siempre claro que era así como querías representarle? ¿Hubo alguna idea o sugerencia para mostrarle de otra manera, fuera al comienzo del proyecto o cuando dio el salto al país vecino?

No, tuve absoluta libertad para ello como para todo. Mi única premisa era la extensión, que era de 52 páginas, 4 a la semana durante las 13 semanas de verano. Bonaparte fue el primero en transformarse al estilo que me propuse, el primero en ser tezukizado con buen resultado. En el país vecino, pese a mis miedos previos, vieron con buenos ojos su caricatura física y psicológica. La verdad es que a los franceses no les cuesta reírse de sus propios mitos, y son muy abiertos a nuevos puntos de vista en términos culturales. Descubrir a su emperador, aborrecido por muchos, desde los ojos de unos españoles, que le odian y le llaman canijo, les dio otro punto de vista… y les encantó. Nadie puso el grito en el cielo por ello, sino al contrario. Son un público muy cultural, y las historias y el arte gozan del privilegio de una libertad de palabra difíciles de imaginar aquí.

Después de cumplir el sueño de versionar Los tres mosqueteros y después de haber adaptado a Pérez-Reverte, has seguido otros caminos como autor. ¿Te has quedado con las ganas de volver al género histórico y de aventuras o de volver a adaptar al escritor?

Sí, ganas quedan. Siempre me acordaré de que estuve a punto de poder hacer mi joven Alatriste, hay imágenes en mi Artbook por si a alguien le interesa…, y además hay otros relatos de Arturo interesantes. Al género histórico me he quedado ya adscrito sin reservas, puesto que trabajos personalisimos como Las Damas o Max lo son. Pero es que además posteriormente en la revista Spirou me encargaban aventuras que contaban historias de la historia, así que ya veis, el genero me acogió bien. Incluso hoy por hoy, estoy trabajando en un relato que deseé durante años, sobre la vida de un fascinante personaje real en la Revolución Francesa y el ascenso de Napoleón… Pronto pareceré uno de esos locos que acaban obsesionados por Napoleón y su época, ja, ja. Esta vez Salva Rubio me acompaña en la locura.

“Por cada cómic que surge, hay otros diez que se quedan en el tintero”, dices en las reflexiones finales que hay en el libro. Me has despertado la curiosidad… ¿Recuerdas alguno de esos proyectos que tuviste que dejar de lado para que La sombra del águila se convirtiera en realidad?

Pues en su día aparqué Las Damas, y hasta que no ganamos el Ciutat de Palma, no pude realizarlo, pero se me quedaron tantos, que muchos se olvidan… Ahora recuerdo algunos… Con Morvan, Crimsland, una especie de Harry Potter del crimen; con Thierry Gloris, Clandestins, sobre niños y conspiraciones de aliens; con Man, El Thriller, sobre autores de cómic y magia shamánica; con Salva, Jaq, una mujer pirata devenida espía; en solitario, Right Bros o Invisible, aunque estos dos pienso pelearlos hasta el final. En fin, la lista es larga, y muchos espero tengan su momento mas tarde, como ocurrió con Max, Las Damas, La Sombra, El Boxeador, Entretelas… Muchos se pierden, pero con mucho tesón, muchos llegan a ver la luz mas tarde.

¿Y en qué estás trabajando ahora? ¿Cómo te ha afectado la pandemia?

Pues indirectamente me ha cambiado la vida que tenía, como a tantos de nosotros. Pero bueno, hay que seguir luchando. En estos momentos estoy con otro de esos proyectos que tanto he soñado, El primer Dumas, como os comentaba un poco antes. Resulta que Alejandro Dumas padre, el escritor, no fue el primero… no. El primero fue su padre, Alex Dumas, un esclavo negro de Saint-Domingue vendido y recomprado por su propio padre, liberado en Francia y que llegó a ser General. El primer general negro. Acomplejó y se enfrentó al cónsul Bonaparte, y fue prisionero, olvidado y borrado de la historia por el emperador. Su vida era tan rica, que nutrió la obra del mas famoso escritor de aventuras, su hijo. ¡No me digáis que no suena apasionante!

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