CÓMIC PARA TODOS

‘El flautista de Arnhem’, de Antonio Gil

Editorial: Ponent Mon / Catarata.

Guión: Antonio Gil.

Dibujo: Antonio Gil.

Páginas: 148.

Precio: 29 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Diciembre 2020.

Hay una virtud notable en El flautista de Arnhem, la obra de Antonio Gil, que va más allá de la anécdota que le sirve para dar título a la obra, una sorpresa que no vamos a quebrar, y es la amalgama de escenarios que utiliza para que el relato cobre forma. Es un cómic bélico, sí, pero eso no quiere decir que la fórmula de Gil haya sido contar una operación militar y ya, sino que hay una decidida apuesta por hacer confluir a un número considerable de personajes de diferentes instancias del ejército y con puntos de actuación muy distintos. Y de esa manera, vemos espías infiltrados, vemos soldados rasos, vemos mandos y por supuesto francotiradores, vemos efectivos de diferentes nacionalidades, algo que siempre viste muy bien en un relato de la Segunda Guerra Mundial, y todo esto lo vemos con una profusa utilización de documentación que sume El flautista de Arnhem en el territorio de las historias reales, por mucha ficción que pueda tener, y nos depara una lectura intensa e interesante por encima de todo. El bélico deja ahora mismo sensaciones muy parecidas a las del western, son géneros que alcanzaron su cima gracias al cine pero que ahora el séptimo arte tiene algo olvidados, por lo que el cómic tiene la capacidad de asumir ese espacio que la libertad del dibujo potencia por desplegarse el gasto de dinero de un rodaje.

Esa es una ventaja que Gil aprovecha a lo grande. Como hemos dicho, su historia tiene muchos personajes, pero eso también implica muchos escenarios muy distintos entre sí. El principal mérito que tiene la obra acabada radica justo ahí, en que los saltos que hay entre uno y otro cobran sentido de una manera muy natural. Todo empieza con el descubrimiento de un topo en la Alemania nazi, uno que trata de huir con valiosos secretos para los aliados. Si el ritmo de esa primera secuencia ya es alto por que lo que se ve que está en juego, la historia no aminora a partir de ahí. Lo hace, además, con un sentido clásico de la narración. No busca Gil grandes efectos en El flautista de Arnhem, y todos sus secretos se van desvelando con elegancia, dando la sensación de que estamos ante lo que podría haber sido una buena película bélica de hace algunas décadas, antes de que la violencia gráfica se convirtiera en principal protagonista de este tipo de relatos. Sin esquivarla, porque es algo de lo que no puede prescindir una historia bélica que se precie de ser realista, pero sin abusar de ella, porque lo importante aquí está en los personajes, que están bien definidos y que se van hilados en el tramo final del libro de una manera bastante coherente. Con tantos elementos sobre la mesa, es elogiable que Gil haya sabido darles forma.

El dibujo apuesta por el realismo, y parece una decisión bastante sensata. Es, desde luego, el mejor camino para dar valor al enorme trabajo de investigación previo. No hace falta ser un experto en historia para valorar el enorme esfuerzo que hay por esta vía, para que uniformes, tanques, armas y todo lo que vemos en cada viñeta sea un elemento más de la profunda inmersión en la historia que facilita Gil con su trabajo. Puede que lo único que rompa esa sensación de clasicismo narrativo sea el uso de las onomatopeyas, con un grafismo mucho más moderno. Con sus ilustraciones, Gil combina muy bien los dos espíritus de su obra, aquel con el que quiere dejar muestras documentales de que lo que cuenta es realista y verosímil y también el de buscar que los personajes se salgan de los rocosos arquetipos y aporten humanidad al relato. No es nada osado decir que lo que consigue y que El flautista de Arnhem es un buen cómic bélico, de esos que nos permiten reconciliarnos con una forma de narrar que a veces parece que ha caído en desuso pero que sigue siendo tan eficaz como lo ha sido siempre. Y es una buena demostración de que en la Historia hay todavía muchas historias que no se han contado o que se pueden volver a contar sin necesidad de abusar de enfoques o carambolas forzadas por las modas puntuales.

No tiene contenido extra.

El-Flautista-113

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Esta entrada fue publicada en 26 enero, 2021 por en Antonio Gil, Catarata, Ponent Mon y etiquetada con , .

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