CÓMIC PARA TODOS

‘Gaijin Salamander’, de Massimo Rosi y Ludovica Ceregatti

Editorial: Karras.

Guión: Massimo Rosi.

Dibujo: Ludovica Ceregatti.

Páginas: 152.

Precio: 18 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Diciembre 2019.

¿Sabéis esa sensación antes de empezar a leer un tebeo de creer que se sabe lo que va a ofrecer porque su idea te recuerda demasiado a otra cosa pero que página a página va demostrando que no es así y se va convirtiendo en uno de esos tebeos de lectura recomendable? Pues justo eso es lo que pasa con Gaijin Salamander. Que levante la mano quien no vea en su propuesta algo de relación con el Usagi Yojimbo de Stan Sakai (aquí, reseña de su primer volumen). Pero la relación es la justa, por historia, por protagonistas y por tono, a pesar de que tengamos animales antropomórficos en el Japón feudal. Queda claro en la contracubierta del libro que la inspiración de Massimo Rosi y Ludovica Ceregatti está en las ilustraciones satíricas japonesas del siglo XIX y en la Batracomiomaquia, una parodia de la Iliada sobre cuyo autor no se ponen de acuerdo los distintos estudios que se han hecho sobre esta comedia épica. Incluso de esto debiéramos olvidarnos al entrar en Gaijin Salamander, porque cualquier referencia lo único que puede hacer es perjudicarnos. Lo mejor es entrar sin miedo en el mundo del samurái, del bushido y de los gaijin que nos presentan los autores, porque esa es la mejor forma de salir de la obra con la sensación de haber leído algo muy gratificante, sobre todo en la segunda mitad del libro.

Esa ahí cuando la intensidad y el ritmo crecen de una manera importante, y cuando Rosi hace valer la pausada introducción que tiene su historia. Es ahí cuando nos creemos de verdad, sin miedo, que una salamandra humanizada puede manejar una espada samurái, y es ahí cuando la presencia animal se convierte en parte integral de una historia formidable. Sencilla, eso sí, pero directa al corazón, con la acción justa para que nos creamos sin problema a todos los personajes que desfilan por ella, sus deseos y motivaciones, y sobre todo la escala de grises en las que se mueven para un lector occidental, que toda la referencia que tiene sobre las costumbres del Japón feudal ha salido de obras de ficción como esta. Rosi nos ofrece una narración en off magnífica, bien medida y que complementa con mucho acierto los ajustados diálogos y lo que deja en manos de Ceregatti. Usa documentación abundante para que nos creamos este mundo, y lo construye con un mimo digno de elogio. Uno de los aspectos que más se agradecen en este tipo de relatos es que sepan sacar partido de su escenario, y Rosi lo hace con todas las consecuencias. Su inmersión es la misma que provoca en el lector. Puede tener alguna flaqueza hasta la mitad de la lectura, pero al final se entiende todo como un camino necesario para comprender su alcance narrativo.

Y, en todo caso, siempre está el dibujo de Ceregatti, elegante y directo, clara demostración de que esto no tiene nada que ver en realidad con Usagi Yojimbo y que su apuesta es completamente diferente. Ceregatti muestra a unos personajes que tienen una expresividad que desborda con mucho los límites de su diseño animal. Están pensados para que nos los creamos dentro de esa naturaleza no humana, pero a la vez consigue eso tan complicado que es dotarles de todo aquello que permite que los personajes humanos tengan una gran expresividad. Y domina las escenas de acción de una forma superlativa, las que muestra en planos lejanos y silenciosos y también las que lleva a sus grandes ilustraciones. Si la historia es una sorpresa continua, el dibujo también lo es, porque página a página se va ganando al lector de una forma clara. Por eso cuando se llega al final del libro las sensaciones no pueden ser mejores. Gaijin Salamander, desde una perspectiva modesta, supone un formidable retrato de su época, de sus personajes y de una cultura que no importa cuántas veces y de qué manera veamos retratada en la ficción porque todavía tiene margen para ofrecer algo diferente. La obra de Rosi y Ceregatti lo es, diferente, pero también es algo notable, que compensa con creces el tiempo dedicado a este mundo y que no necesita nada más que lo que ofrece.

El único contenido extra es un portafolio de diseños de personajes de Ludovica Ceregatti.

Gaijin-Salamander-Karras016

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Esta entrada fue publicada en 2 junio, 2020 por en Karras, Ludovica Ceregatti, Massimo Rosi y etiquetada con , , .

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