CÓMIC PARA TODOS

‘La jauría’, de Cédric Simon y Éric Stalner

Editorial: Ponent Mon.

Guion: Cédric Simon, Éric Stalner.

Dibujo: Éric Stalner.

Páginas: 128.

Precio: 26 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Diciembre 2019.

Emile Zola definía La jauría como el retrato del derrumbamiento de la sociedad, y hoy, siglo y medio después de su publicación original se puede mantener sin esfuerzo es definición. Lo hace, desde luego, en esta versión en cómic que realizan Cédric Simon y Éric Stalner, ambos autores del guion y el segundo además dibujante de esta adaptación, porque es uno de esos tebeos en los que la fusión entre picaresca y codicia se funden de una manera tan absoluta que no se sabe bien si reír las gracias del protagonista o indignarse por su comportamiento, que a ratos sobrepasa lo deleznable, en mayor medida cuanto más avanza la obra. Seguimos a Aristide Saccard en su plan maestro para sacarle todo el jugo a París sin importarle a quien tenga que pisotear para ello, tambien a todos los que me rodean, con maniobras arterias y a menudo viles, con una falta de respeto total con los que tendrían que considerar como sus seres queridos. Y a través de Saccard nos adentramos en un mundo en el que él no solo no es la excepción sino que podemos verle como la punta del iceberg. No hay en La jauría personajes de éxito a los que se pueda admirar. Ni uno. Y por eso esta es una historia de conquista sin piedad en la que se habla mucho del Emperador de Francia como metáfora de la sociedad que retrata… y que de ningún modo parece haberse quedado anticuada.

El hecho de que Saccard sea un tipo despreciable no quiere decir que no se pueda apreciar el plan que traza, que no se pueda disfrutar, siempre entre comillas, con sus maquiavélicas maquinaciones para ganar todavía más dinero y afianzar su posición de poder, con sus detalles y vericuetos, construidos con mimo. Fascina la forma en la que Simon y Stalner trazan un paralelismo entre esta forma de éxito profesional y la destrucción de la esfera más íntima, la de la familia, que rápidamente se convierte en un elemento más con el que traficar y que vicia incluso a las almas más puras, como se ve con el hijo del protagonista y tambien con su esposa. La jauría es una historia de corrupción y de sufrimiento, esto segundo es, de hecho, el motor de su conclusión, una forma brutal de recordarnos que no es esta historia de buenas personas que vayan a triunfar por sus méritos. No es fácil hacer que una historia tan áspera por sus conclusiones continuas entre con facilidad, pero los autores saben usar una buena narración en off para que los delirios de grandeza de Saccard sean una puerta de entrada a un mundo del que, una vez allí, ya no se puede salir de una forma amable. Y aunque el dinero es lo que prima, la perversión social de esta obra se amplía a otros escenarios, también la familia y por supuesto el sexo.

Y es que La jauría es una obra bastante variada. Podría haberse quedado en la mera explosión de un taimado más o menos simpático al principio, pero Zola entra en muchos terrenos, y eso da a Stalner muchas posibilidades en su dibujo. Es un acierto total el diseño del protagonista. El estilo del ilustrador, levemente caricaturesco, es perfecto para que la historia eche a andar, para que lo haga con alguna escena casi onírica como la que preside la cubierta del libro. Esa caricatura la conjuga con un dibujo bello, tanto para el retrato de sus personajes, sobre todo los femeninos, como en la puesta en escena, tanto en las secuencias de pura usura como incluso en las de sexo, o también en las mencionadas metáforas que casi se plantean como si fuera una secuencia musical de una película en la que el montaje jugara un papel esencial, el mismo que aquí desempeña la composición de la página, siempre ideal y sin necesidad de romper una estructura clásica. La jauría, parte de una saga literaria más amplia, es un capítulo que se puede leer de manera independiente sin ningún problema. El único que se puede tener es la mala leche que se puede sentir al ver que todas las jugadas de un tipo sin moral van surtiendo el efecto que busca. Tan bien lo hacen los autores en ese sentido que la ausencia de un contrapunto heroico es quizá lo único que salve la salud mental del lector más indignable.

Les Arénes publicó originalmente La curée en marzo de 2019. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 18 marzo, 2020 por en Éric Stalner, Cédric Simon, Les Arènes, Ponent Mon y etiquetada con , , .

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