CÓMIC PARA TODOS

‘Balas perdidas 3. Otra gente’, de David Lapham

Editorial: La Cúpula.

Guion: David Lapham.

Dibujo: David Lapham.

Páginas: 260.

Precio: 19,90 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Abril 2019.

El universo de David Lapham tiene unas características que, llegados a este tercer volumen, hay que calificar de asombrosas. Es increíble la facilidad que tiene este autor para encontrar el lado más truculento de la vida humana. En cada libro se puede llegar a pensar que la fórmula de relatos cortos y vidas inverosímiles y peligrosas no puede durar tanto. Y después de cada uno de los volúmenes de Balas perdidas que siguieron al primero (aquí, su reseña). Lapham nos demuestra que su idea tiene cuerda para rato. Es fascinante el gran número de personajes que es capaz de crear para sustentar sus historias, y que la reiteración sea un enemigo que el autor evita de una manera maravillosa. En esta ocasión, el motor de las perversiones que imagina es el sexo, y eso le da un juego bestial para ser un volumen en el que no hay apenas desnudos y en el que prácticamente no se llega a ver una escena de cama. Pero el sexo lo domina todo. Y hace aflorar lo peor de tantos personajes que al final lo único que queda es, otra vez, levantarse y aplaudir. Hasta de los tópicos es capaz de sacar relatos inteligentes y sorpresas continuas en su desarrollo. Y eso es algo que sólo los más grandes son capaces de hacer. Lapham es necesariamente uno de los grandes del género negro, por su versatilidad y por su talento para crear fantásticos personajes.

La genialidad de Lapham, no obstante, es fina. Al principio no es tan fácil de encontrar, porque llevamos años recibiendo estímulos de género de mucha calidad y no es tan fácil que veamos a simple vista diferencias y una personalidad propia. Pero llegados al cuarto episodio de este tercer libro hay que rendirse al creador. La forma en la que el escritor juega con el tiempo en ¡Chicas desnudas en vivo! y Una pequeña tragedia de amor es sencillamente portentosa. Estos dos relatos y el salvaje atrevimiento que tiene Tráete el diablo a casa son la demostración de que estamos ante otro volumen sobresaliente que amplía el cosmos cargado de cinismo que Lapham ha desarrollado. En Balas perdidas no hay héroes. Ni siquiera buenos tipos. No hay princesas, y la vida no es un cuento de hadas. Y sin embargo, Lapham consigue que queramos siempre más, y más retorcido todavía. Por eso, cuanto mayor es su atrevimiento, mayor es el disfrute del lector. Por eso es tan espectacular la manera en la que abandonamos el libro. No se entra mal, ni mucho menos, pero lo mejor está en la segunda mitad de un libro que nos mete de lleno en todos los problemas que puede tener una infidelidad o los riesgos de una relación no satisfactoria. Hablando siempre de lo mismo, es increíble lo rápido que es capaz Lapham de cambiar de tercio.

Y luego está lo bien que dibuja. Pasa aquí un poco como sucedía en 100 balas (aquí, reseña de su primer volumen). La genialidad del planteamiento de Brian Azzarello está fuera de toda duda, pero lo que aportaba Eduardo Risso era un toque especial y distintivo que no se encontraba en ninguna otra serie. Sin parecerse visualmente nada en absoluto, las sensaciones en Balas perdidas son muy cercanas a las de aquella mítica serie, con la diferencia de que aquí dibujante y escritor son la misma persona. Lapham es un auténtico maestro del blanco y negro, y hay que insistir en que este es un libro tremendamente excitante sin necesidad de caer en lo obvio o en lo gráfico. Es puro sexo, pero con menos sexo del que pudiéramos imaginar antes de abrir el libro y sabiendo que ese es el motor de sus relatos. Pero también, y por encima de todo, hay que destacar la maestría de Lapham en el retrato. Balas perdidas es su galería de personajes, y si estos no provocarán emociones nada más verlos el impacto de la serie no sería el mismo. Como sucedía con el segundo libro de la serie (aquí, su reseña), se entra con el miedo de que la fórmula de Lapham sea finita y se sale pensado que podría extenderla a lo largo de incontables volúmenes. Este, como todos los demás, es muy, muy bueno.

El volumen incluye los números 15 a 22 de Stray Bullets, publicados originalmente por Image Comics entre julio de 1998 y septiembre de 2000. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 18 junio, 2019 por en David Lapham, Image, La Cúpula y etiquetada con , .

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