CÓMIC PARA TODOS

‘Los hombrecitos (1992-1994)’, de Pierre Seron

Editorial: Dolmen.

Guión: Pierre Seron.

Dibujo: Pierre Seron.

Páginas: 152.

Precio: 29,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Febrero 2019.

Siempre se ha apreciado en Los hombrecitos, ya desde su primer volumen (aquí, su reseña), la voluntad de Serón de ir cambiando de escenario, pero pocas veces de una forma tan radical como se ve en este volumen que comprende las historias publicadas originalmente entre 1992 y 1994. Son solo tres álbumes los que hay en este libro, pero los saltos son tremendos, pasamos de los muchos guiños a la aviación que hay en Té con chucrut, la increíblemente adulta Bebé Tango que aborda sin tapujos el ansia por la maternidad de una mujer de Eslapión hasta llegar a la ciencia ficción de Chakakahn, con guiños incluidos a algunos personajes del cómic francobelga como la gatuna criatura alienígena de Quena y el Sacramús (aquí, reseña de su primer volumen) o incluso Natacha (aquí, reseña de su primer volumen). Serón disfruta con los saltos de una manera más que evidente y deja que cada relato hable por sí solo, sin dejar atrás en ningún caso el hecho de que esta hablando de la historia de un pueblo de personas de tamaño reducido viviendo en un mundo de gigantes. Puede que esa misma diversidad sea un obstáculo para pensar en que Los hombrecitos tenga una continuidad real, porque elcambio es muy amplio de álbum en álbum, pero es al mismo tiempo la mejor manera de romper con la rutina y con lo que podamos esperar en cada entrega.

Hay un cierto caos organizado en la forma en la que Seron da vida a estas tres historias, algo que se ve por ejemplo en la forma en la que cierra Bebé Tango o en la manera de hacer que Chakakahn sea solo la primera parte de in relato más ambicioso que tendrá continuidad en el siguiente de los libros integrales que forman esta colección. Y es fascinante ver cómo Serón es capaz de encontrar la voz adecuada tanto para un piloto alemán de la Segunda Guerra Mundial como para una raza de simpáticos alienígenas de extraños cuerpos y difusas intenciones. Podría parecer que Serón se centra en lo extraño, y en la apariencia de sus historias es evidente que es así, pero el fondo de Los hombrecitos y sus detalles evidencian que hay una ambición mayor. Se ve en ls diálogos de Renaud con diferentes personajes, pero quizá con mayor incidencia en los que tiene en el tercer álbum con Cedilla, el personaje femenino principal de esta serie tan masculina en su reparto, y sobre todo con la temática de Bebé Tango. Ahí es donde Seron pega un salto enorme, al retratar a Doña Magdalena como una madre capaz de hacer cualquier cosa por el bebé gigante que se han encontrado, incluso renunciar a su propia vida, sea de manera consciente o inconsciente, incluso renunciar a su existencia en este pueblo de personas diminutas.

Si la variedad de historias y personajes es enorme, se puede hablar en términos parecidos de Serón como dibujante, por mucho que su estilo siga constantes que se aprecian desde la primera aventura de Los hombrecitos. La habilidad que demuestra para pasar de dibujar aviones clásicos a retratar entornos intergalácticos es magnífica. Y lo hace manteniendo siempre ese toque cartoon tan especial de esta serie, que es el apela a públicos de todas las edades. No hay demasiada evolución visible en estas historias, aunque en realidad no la necesite la serie, pero sí esa demostración de que Serón no deja de ponerse a prueba con sus guiones para incluir elementos diversos que le alejen de la comodidad de un escenario conocido y que pueda repetir una y otra vez. Los Hombrecitos seguía siendo así a comienzos de los años 90 una divertida, simpática y jovial serie de aventuras, la que era desde sus inicios, con una alocada y trepidante variación de temas, protagonistas y tramas, que al final da la sensación de que es lo que le daba la vida a Seron, el ir ampliando su universo de esa manera y no tanto haciendo de su franquicia una como la de Los Pitufos (aquí, reseña de su primer volumen) , cuyo crecimiento era más evidente sin salirse del marco inicial. Por eso los saltos mencionados, porque eso es lo que daba variedad a la serie.

El volumen incluye tres álbumes de Les petits hommes, Choucroute Melba, Bébé Tango y Tchakakahn, publicados originalmente en la revista Spirou entre agosto de 1992 y noviembre de 1994, y recopilados en álbumes por Dupuis en febrero de 1993, marzo de 1994 y febrero de 1995 respectivamente. El contenido extra lo forman las portadas originales de Pierre Seron y un portafolio ilustrado con imágenes de la serie y sus autores.

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Esta entrada fue publicada en 20 mayo, 2019 por en Dolmen, Dupuis, Pierre Seron y etiquetada con , .

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