CÓMIC PARA TODOS

‘Los cuentos de la niebla’, de Laura Sánchez

Editorial: Dibbuks.

Guión: Laura Sánchez.

Dibujo: Laura Sánchez.

Páginas: 120.

Precio: 18 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2019.

Hay que tener mucha fe en uno mismo para que tu primer cómic sea algo como Los cuentos de la niebla. Podríamos decir que Laura Suarez, autora del libro, saca esa fe de las elogiosas palabras que escribe en el prólogo un maestro del terror como El Torres, pero esas líneas son una reacción, no una premonición. Para el lector sí pueden actuar de esa forma, ya que normalmente pasaremos antes por esas líneas que por el contenido del volumen, presagiando un gran rato de terror rural y cercano, ambientado en las tierras gallegas de las meigas y otros misterios que me sirven a Suárez para construir una antología de relatos cortos que tiene su gran acierto en una ambientación muy poderosa y sugerente. Es una satisfacción comprobar que la autora, con su agradecimiento final, corrobora la sensación que tiene el libro en todo momento, la de ser una recopilación de esas historias que se contaban de padres a hijos o, mejor aún, de abuelas a nietos, de esas que protagonizaban noches de tormenta sin electricidad que nos aportara consuelo, de las que cobraban vida después en nuestras pesadillas cuando dormíamos y en las sombras y sonidos que los acompañaban en el camino a la cama cuando todavía estábamos despiertos. Imaginad ahora que leéis Los cuentos de la niebla bajo una sábana y con una linterna, y dejaos llevar por la imaginación de la autora.

La apuesta de Suárez es, sobre todo, por la atmósfera. No tiene prisa en contar su historia, sus historias en realidad, ni tampoco necesidad de dar grandes explicaciones para que sintamos ese cosquilleo en la espalda que inevitablemente ha de acompañar al género. Para eso ya tiene los textos que cierran cada uno de los episodios, que están pensados para saciar el ansia de saber que despierta cada uno de los relatos con sus características. Pero en las páginas de ficción, lo que destaca es la increíble sensación de realidad, lo fácil que podemos meternos en la piel de cada uno de los personajes que desfilan ante nosotros acechados por diferentes peligros sacados del folklore gallego, ese de bosques oscuros y neblinas nocturnas, ese que se manifiesta en el interior de las casas y que afecta a seres queridos. Sensaciones, sí, de lo que se trata es de sentir, de pensar que quizá durante la lectura haya que girar la cabeza, no vaya a ser que esté con nosotros la Santa Compaña o alguien que sufra un meigallo. Ese es el nivel atmosférico que tienen Los cuentos de la niebla en todo momento. No es tanto un terror desatado como una sensación de tensión sobrenatural. No son historias de fantasmas sino, en realidad, de personas que creen en esos fantasmas. O en meigas, mejor dicho, para asimilar por completo la propuesta de Suárez.

Quizá por ese propósito de sentir se asume tan bien el estilo visual de la autora. Es verdad que el terror suele beneficiarse de un toque más realista, y El Torres también menciona ese aspecto en su introducción para referirse a sus propios tebeos de género, pero Suárez despeja cualquier duda ya desde la primera secuencia, un magnífico manual del uso de las sombras, el escenario y las miradas precisamente para conseguir esas sensaciones de las que no hemos dejado de hablar desde el comienzo de estas líneas. Impresiona lo mucho que consigue con tanta economía de líneas y de figuras, con personajes de claras influencias alejadas del realismo más amable, y sobre todo con los parajes y entornos en que van sucediendo las cosas que están llamadas a generar desasosiego. A veces lo sencillo es más eficaz que lo barroco, y Los cuentos de la niebla suponen una demostración espléndida de ese axioma que tan bien funciona en el género. Blancos, negros y grises le bastan a la autora para dar forma a este pequeño universo rural en el que se enmarcan sus relatos. En realidad habría que decir que son sus miedos, los que le transmitió su abuela con sus cuentos. Y los nuestros, una vez que el legado ha pasado a este lado de la página después de una lectura tan inquietante y gratificante como hay que esperar de un buen cómic de terror. Este, con sus características propias, lo es.

El contenido extra lo forman una introducción de El Torres y fotografías de los escenarios y personas típicas del entorno en el que se centra el libro.

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Esta entrada fue publicada en 3 mayo, 2019 por en Dibbuks, Laura Sánchez y etiquetada con , .

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