CÓMIC PARA TODOS

‘American Gods. Sombras’, de Neil Gaiman, P. Craig Russell y Scott Hampton

Editorial: Planeta Cómic.

Guión: Neil Gaiman, P. Craig Russell.

Dibujo: Scott Hampton. P. Craig Russell, Walter Simonson, Colleen Doran, Glenn Fabry.

Páginas: 264.

Precio: 25 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Marzo 2019.

Neil Gaiman es una leyenda del cómic, forjada como se ha dicho en millones de ocasiones, casi hasta el aburrimiento, por su trabajo en Sandman (aquí, reseña de su primer volumen). Pero es ya un autor que ha trascendido el género para convertirse en lo que muchos llamarían un escritor con mayúsculas. Ya lo era cuando Sandman rompió tantas barreras, quienes la hemos leído lo sabemos, pero algunos siguen pensando que el cómic es, como mucho, literatura menor, por lo que no les romperemos la esa vacía ilusión tan propia de algunos personajes de Gaiman. El caso es que, inmerso en su carrera literaria, la obra de Gaiman nos sigue llegando en forma de cómic, y eso habla de lo bien que encajan sus fantasías contemporáneas en este formato. O, en este caso, de lo mucho que disfruta P. Craig Russell adaptándole, aquí con dibujo de Scott Hampton. Lo hace en American Gods, cuyo primer volumen, Sombras, coincide en publicación con la adaptación televisiva del mismo relato. Si tantos miramos la propuesta de American Gods desde distintos medios, por algo será. Y ese algo es un enfrentamiento entre dioses que genera sensaciones muy impactantes. Podríamos trazar muchos parecidos, pero poco a poco los tendríamos que ir descartando. Porque Gaiman, el siempre intrigante Gaiman, es único a la hora de forjar universos de fantasía tan complejos como este.

Yéndonos al título de la obra, resulta fascinante que esa alusión a lo eminentemente americano funcione de una manera tan natural. Es verdad que el público europeo está ya muy acostumbrado a la idiosincrasia americana, que el cine y el cómic nos han abierto esas puertas de par en par para que nunca vuelvan a cerrarse, pero verlo a través de los ojos de genios como Gaiman es un plus. Su historia es intrigante desde el principio, por lo que cuenta, por lo que sugiere y por lo que esconde. Por su forma de mirar a la mitología, pero también, como decíamos, a la cultura norteamericana, por crear personajes formidables que se mueven en situaciones bizarras y peculiares. Es tanto lo que provoca American Gods, con su tono de road movie, de pacto con el diablo y de historia de redención imposible, que parece difícil sentirse pleno como lector después de solo un primer vistazo al libro. No, Gaiman no agota su arsenal tan pronto y de una manera tan accesible, sino que nos deleita con situaciones brillantes y diálogos formidables para que sigamos dentro de la historia. Russell, un magnífico adaptador durante toda su carrera, y no sólo de Gaiman sino de otros autores y géneros, hace un muy buen trabajo porque conoce de sobra al genio creador de Sandman, y eso hace que le devuelva a la historia en su salto al cómic todo lo que le permite sumar en este medio.

Ahí entra también en juego el dibujo de Scott Hampton. Es sugerente y misterioso, pero tiene la enorme virtud de serlo tanto con los elementos fantásticos, donde en realidad siempre parece algo más fácil, como en los más cotidianos, a los que da un halo de rareza a lo David Lynch bastante perturbador. Con lo eminentemente fantástico es brutal, pero con lo que no lo es llega un momento en el que es difícil saber si un personaje esconde algo detrás de su fachada o si, simplemente (si es que puede haber algo simple en American Gods) es Hampton el que nos está llevando un poco más allá con la enorme personalidad que da a los actores. En cualquiera de los dos casos, el tebeo cumple de sobra, porque se trata de encontrarnos con algo inesperado y, durante muchos momentos, inexplicado. Esa es la magia de la fantasía urbana y contemporánea de Gaiman, la que Russell también sabe llevar con mucho acierto y a que Hampton ejecuta con mucha frescura, aportando tanto al relato que casi parece salir de la página para asaltarnos de manera personal. American Gods es, y no pasa nada por reconocerlo de antemano, una obra complicada, que precisamente por este cumulo de sensaciones de la que hablábamos no es difícil que se le pueda escapar a algunos lectores. Intriga, eso seguro, pero también exige. Eso, hoy en día, es un riesgo, pero también un lujo.

El volumen incluye los nueve primeros números de American Gods, publicados originalmente por Dark Horse entre marzo y noviembre de 2017. El contenido extra lo forman las portadas originales de Glenn Fabry y David Mack y un portafolio de bocetos y páginas a lápiz de Scott Hampton.

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