CÓMIC PARA TODOS

‘Esos días que desaparecen’, de Timothé Le Boucher

Editorial: Dibbuks.

Guión: Timothé Le Boucher.

Dibujo: Timothé Le Boucher.

Páginas: 192.

Precio: 28 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Marzo 2019.

La lectura de Esos días que desaparecen es, cómo decirlo, inquietante. Y por eso mismo fascinante. Timothé Le Boucher crea un escenario en el que el desasosiego es continuo, y por causas aterradoramente realistas. Seguimos los pasos de Lubin, un joven que tiene todo lo necesario para ser feliz. Es un acróbata con futuro, tiene novia, buenos amigos, una familia que le quiere, un piso  y un trabajo para ir sobreviviendo. Pero de repente le empiezan a desaparecer días enteros. Aquí empiezan los spoilers, pero ya advertimos que serán mínimos para poder describir adecuadamente lo que nos cuenta con tanto acierto Le Boucher. En esos días, otra personalidad toma el control de su cuerpo y Lubin no recuerda nada. Empieza así una apasionante convivencia entre dos personas totalmente diferentes pero condenadas a entenderse. ¿Es un problema psicológico o es algo más grave? ¿Cómo afecta algo así no sólo a Lubin sino también a sus seres queridos? El escenario es brutal y Le Boucher consigue que el desarrollo también lo sea. Cuando nos damos cuenta, estamos pasando páginas frenéticamente para saber qué sucede a continuación. Con un halo de historia cotidiana, y eso es justo lo que genera una atracción inusitada, el autor nos sumerge a lo bestia en un relato excepcional al que además sabe darle un final adecuado.

La genialidad que tiene narrativamente Esos días que desaparecen, además de la brillante idea de la que nace, es que está contado desde el punto de vista de Lubin. Solo desde el suyo. No vemos los días en los que no está, y a su otra personalidad solo la vemos como Lubin llega a verla, a través de mensajes en vídeo que se dejan el uno al otro, unos diálogos que adquieren un ritmo formidable, con un uso casi cinematográfico del montaje. Esa es la estrategia de Le Boucher para que tomemos partido incuestionable por Lubin, para que entendamos de manera inmediata que es el bueno de la película, la víctima a la que le sucede algo impensable, en definitiva para que el lector sienta empatía absoluta por él. Nunca vemos la otra vida, la de los días perdidos, solo sus consecuencias. Y eso da al relato muchísima fuerza. Esos días que desaparecen es un libro largo, y aún así no pesa nunca, porque esa manera de gestionar las elipsis temporales es brillante y consigue generar efectos fantásticos, la ausencia de días también en la experiencia del lector, que tiene que ir asimilando lo ocurrido al mismo tiempo y ritmo que Lubin. Qué manera más espléndida de hacer que la historia traspase la página. Cada despertar es un momento de expectación para entender qué ha pasado, y eso da un ritmo al libro que es elogiable desde el primer momento.

El dibujo de Le Boucher se suma a todos los objetivos que tiene Esos días que desaparecen. A pesar de que el comienzo nos mete de lleno en una sensación de irrealidad onírica, puesto que todo empieza con un número de acrobacia con escenografía relativamente fantástica, pronto el autor nos sumerge en la vida cotidiana del protagonista. No pasa mucho tiempo hasta que entramos en su mundo. Todo con sencillez y sin estridencias, entramos en su vida, en su casa, en su trabajo, hasta en su cama y, por supuesto, en su mente, pero siempre desde fuera. Esa aparente distancia que Le Boucher toma con respecto a este duelo de egos mostrando sólo el punto de vista de uno de ellos es una genialidad más del cómic. Puede que la resolución no convenza a todo el mundo, pero es muy natural y, si se piensa, hasta lógica. Y que estamos ante un tebeo brillante lo demuestra el hecho de que fácilmente podemos imaginar una segunda parte narrada desde el punto de vista de la otra personalidad. Porque esto es un duelo, sí. Arranca como una convivencia, pero su riqueza psicológica hace que podamos entender Esos días que desaparecen como un enfrentamiento entre rivales antagónicos, como los de Sherlock Holmes y Moriarty, como los de Mozart y Salieri. Una muy agradable sorpresa de esas que perduran y hacen pensar mucho más allá del cierre del libro.

Glénat publicó originalmente Ces jours qui disparaissent en agosto de 2017. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 5 abril, 2019 por en Dibbuks, Glénat, Timothé Le Boucher y etiquetada con , .

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