CÓMIC PARA TODOS

‘La ira de Eternal Warrior. Laberinto’, de Robert Venditti, Raúl Allén, Patricia Martín y Juan José Ryp

Editorial: Medusa.

Guión: Robert Venditti.

Dibujo: Raúl Allén, Patricia Martín, Juan José Ryp.

Páginas: 176.

Precio: 14,95 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Febrero 2019.

Hay ideas que, por su misma simplicidad, son absolutamente geniales. Ideas que uno se pregunta cómo es posible que nadie las haya tenido antes. Es lo que sucede con lo que estamos leyendo en La ira de Eternal Warrior. ¿Qué hace especial a Gilad? Su inmortalidad. Más aún, una inmortalidad que se convierte, casi por lógica, en objeto de deseo de otros hombres. ¿Qué pasaría si uno de esos hombres tuviera los recursos para capturar y estudiar a Gilad en busca del secreto de dicha inmortalidad? La respuesta es Laberinto y nos la sirve Robert Venditti. El escenario es tremendo, es algo así como llevar la maldición de Atrapado en el tiempo, la de despertarte una y otra vez en el mismo sitio, solo que en este caso siempre después de morir y atrapado por un tipo que está dispuesto a cualquier acto sádico para lograr la información que necesita. Formidable la forma en la que Venditti ha logrado crear un escenario fantástico que sabe sacar partido de toda su sencillez y que la complica como y cuanto quiere, jugando con la misma inteligencia con el personaje y con el lector, que se convierte en participe de esta enorme trampa tecnológica de la que Gilad intenta escapar una y otra vez, poniendo en práctica esa ira que da título a la serie. Qué difícil es dar con ideas nuevas para un guerrero eterno y que buena está siendo esta.

Además, de principio a fin, porque este volumen, además de la historia central, tiene un interludio de dos números que tiene el objetivo de recordarnos la amargura de Gilad, la de ser un inmortal entre seres queridos mortales. Y una vez que Venditti ha establecido esa premisa, nos recuerda su determinación para emplear esa inmortalidad en la lucha interminable que lleva siglos acometiendo. El duelo que establece es soberbio, es una partida de ajedrez cruel en la que no queda ni un solo detalle al azar. Cada diálogo, cada escena, cada movimiento está pensado al milímetro y ayuda a que la historia crezca para dar a Gilad un enemigo a su altura y que, además, puede todavía dar mucho juego, en esta serie y en el futuro. El manejo del tiempo que muestra Venditti es portentoso, el ritmo del que dota a una historia que podría haber caído en la repetición con cierta facilidad es ágil y casi perfecto. Gilad es un personaje complicado, y en manos de Venditti parece facilísimo sacar una historia tan genial como esta. Seguro que hay otras posibilidades de hacer que Gilad enganche, pero pocas parecen tan extraordinarias como la de La ira de Eternal Warrior, que con este volumen y con el anterior (aquí, su reseña) ya ha conseguido dejar en el lector la idea de que tiene entre sus manos uno de esos tebeos que vamos a recordar durante mucho tiempo.

A eso contribuye su intachable factura visual. Podríamos soltar elogios sin parar para evaluar lo que Juan José Ryp hace en los dos primeros números, enmarcados en un tiempo pasado, con el mismo entusiasmo con el que procede recibir lo que Raúl Allén y Patricia Martín hacen en el cuerpo central de la serie. El primero saca todo el salvajismo que le gusta poner en práctica, los segundos consiguen que su estructura metódica y pensada y que su narrativa teóricamente fría y aséptica vayan generado una espiral de expectativa que no llega a caer nunca. Es impresionante que tengan siempre una solución para cada escena, para cada momento y para cada sensación. Qué manera tienen Allén y Martín de jugar con viñetas grandes y pequeñas, con planos cortos y abiertos, con sombras y negros y con diseños detallados, con estructuras tecnológicas imposibles pobladas por personajes de carne y hueso. Podríamos contener los elogios, sin duda, pero no lo vamos a hacer, porque La ira de Eternal Warrior es una serie portentosa, de esas que se antojan imprescindibles para entender hasta dónde puede llegar Valiant en esta lucha editorial desigual contra las grandes pero en la que está dejando un puñado de títulos que merecen más reconocimiento del que están recibiendo. Este, desde luego, es uno de ellos. Tebeazo.

El volumen incluye los números 5 a 10 de Wrath of the Eternal Warrior, publicados originalmente por Valiant entre marzo y agosto de 2016. El contenido extra lo forman las portadas originales de Phil Jiménez, Raúl Allén, Ulises Arreola, Dave Bullock, Sean Chen, Tomás Giorello, Andrés Guinaldo, Clayton Henry, Steve Lieber, Pere Pérez, Brian Reber, Juan José Ryp y Stephen Segovia, además de un portafolio de páginas de Juan José Ryp.

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