CÓMIC PARA TODOS

‘Quiero comerme tu páncreas’, de Yoru Sumino y Idumi Kirihara

Editorial: ECC.

Guión: Yoru Sumino.

Dibujo: Idumi Kirihara.

Páginas: 440.

Precio: 14,95 euros.

Presentación: Rústica con sobrecubierta.

Publicación: Octubre 2018.

Detrás de un título tan enigmático como Quiero comerme tu páncreas no está un manga de terror, sino una historia deliciosa y cotidiana que sorprende por la naturalidad con la que hablan los dos chavales protagonistas. Lo que tenemos entre manos es la adaptación a las viñetas de la novela de Yoru Simino, trasladada al manga por él mismo y con dibujo de Idumi Kirihara. Y lo que funciona en ella es que lo que se nos cuenta es una relación maravillosa entre un chico introvertido, asocial incluso, alguien incapaz de mantener una relación digamos normal con sus compañeros y sin amigo alguno, y una chica jovial y divertida que tiene una enfermedad terminal en su páncreas. De ahí el título, que coge una creencia popular de la antigüedad para convertirla en la raíz de una historia de esas que resultan tan bonitas cuando están tan bien contadas como aquí. No es necesario engañar a nadie, Quiero comerme tu páncreas es un manga sensiblero, hasta ñoño. Pero es muy emocional y muy bonito. Sus dos personajes, el juego que se entabla entre ellos que ni siquiera tiene que suponer una historia de amor en muchos sentidos, los diálogos que mantienen, el choque de sus personalidades y la vitalidad que hay en cada escena, incluso aunque sepamos parte del desenlace desde el principio, son elementos muy poderosos para contar una historia que enamora.

No se puede decir que la gran sorpresa que se guarda Sumino adaptando la novela original sea algo que nos pille totalmente de improviso, pero en el fondo da igual. No es eso lo que quiere provocar este relato. Lo que importa de Quiero comerme tu páncreas es que triunfa con una sencillez apabullante a la hora de sumergirnos en una historia en la que la curiosidad, el afecto y la humanidad están presentes en cada escena. Da igual que no conozcamos el nombre del muchacho, ese al que Sakura se refiere al principio como “Chico discreto” y a quien cambia el nombre en función de lo que les sucede, o que él sea incapaz de pronunciar el nombre de ella como si así mostrara afecto, o que toda la historia esté presidida por la dificultad personal que supone conocer el secreto de una persona que sabe que va a morir en poco tiempo. Todo eso da sentido a la relación entre estos dos muchachos y al torrente de emociones que hay en cada secuencia. Sería un error pensar que, por tratarse de dos adolescentes, la historia está pensada solo para estos lectores, ya que la sensibilidad que tiene la historia, también su madurez, invita a verla como lo que realmente es, un maravilloso canto a la idea que protagoniza la pareja más imposible, un chaval que no sabe vivir y tiene que aprender a hacerlo, y una muchacha que es consciente de que me queda poco tiempo para disfrutarla.

Dicho todo esto, resulta inevitable que la historia se sustente en sus dos personajes principales. De ahí que sea tan importante que ambos muchachos luzcan de la manera adecuada. El dibujo de Kirihara responde a ese reto de una manera tan brillante como sencilla, con las mismas armas que tiene la propia historia. Los dos tienen un carisma arrollador que no oculta una tremenda verosimilitud. No hay trampa en sus reacciones, y el dibujo sabe hacerles hablar visualmente como los dos jóvenes que son. Sobresalen sus expresiones, las elecciones de Kirihara para potenciar emociones y la magia que se produce cuando coinciden en la viñeta, porque esa química no es algo exclusivo de actores de carne y hueso en una pantalla o en un escenario, también es algo que un dibujante puede poner en una viñeta aunque no sea algo que valoremos habitualmente o al menos lo hagamos en su justa medida. Kirihara triunfa ahí y consigue así que su labor en Quiero comerme tu páncreas complemente la historia de una manera brillante. Es una historia pequeña en apariencia, aunque su extensión supere las 400 páginas, pero es precisamente por eso, por ser tan pequeña, personal y humana por lo que se convierte en uno de esos relatos que emocionan con sinceridad, que saben poner la piel de gallina y sacarnos una sonrisa cómplice.

Futabasha publicó originalmente Kimi no suizou wo tabetai en la revista Monthly Action entre agosto de 2016 y mayo de2017. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 8 febrero, 2019 por en ECC, Futabasha, Idumi Kirihara, Manga, Yoru Sumino y etiquetada con , , .

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