CÓMIC PARA TODOS

‘Balas perdidas 2. En algún lugar del oeste’, de David Lapham

Editorial: La Cúpula.

Guion: David Lapham.

Dibujo: David Lapham.

Páginas: 268.

Precio: 19,90 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Diciembre 2018.

No debe de ser nada fácil adentrarse en las simas en las que lo hace David Lapham para dar vida a Balas perdidas. Lo vimos en su primer volumen (aquí, su reseña) y lo vemos en este segundo. Aquí la historia está más contenida, tiene menos personajes y resulta algo más lineal que la que sirvió para inaugurar la serie, pero es, si cabe, aún más turbia. No hay un alma pura en el muestrario de personajes que se inventa Lapham, ni tampoco la necesidad de regodearse en unas explicaciones que lo los van a llevar a ningún lado. El autor tiene la brutal capacidad de meternos en el centro de una historia sin tener que contarnos nada de lo anterior, porque lo que necesite añadir ya llegará cuando encaje en la historia. Y en ese proceso no hay nada al azar. Cada palabra, cada diálogo, cada gesto y cada situación sirve para pintar un cuadro que estalla, además, en un número final tan salvaje y brutal como patético. Así es su violencia. No tiene la sofisticación que puedan tener otras series, sino que surge de la manera más absurda y, por qué lo decirlo, encajando en lo que uno espera de la sociedad americana, en la que se empuñan armas con una facilidad que desconocemos en Europa para resolver hasta la más pequeña de las trifulcas. Lapham es un maestro de una violencia tan absurda en su forma como verosímil en su fondo.

Y no, no es fácil llegar ahí, porque eso implica descender mucho en la psicología de personajes muy diversos. Una adicta a la cocina, viejos salidos, un estúpido pueblerino que se cree por encima de todos y que pasa su tiempo tratando de conseguir sexo y pensando en que puede convertirse en sheriff. Son personajes rotos, algunos en realidad nunca estuvieron enteros, y se mueven más allá de la legalidad en una historia cuyas bases son bastante clásicas, tal y como descubrimos al final. La parte intermedia de este segundo libro, con ese culto a las ferias y al ganado tan eminentemente americano, es quizá la parte más difusa, pero resulta entendible su inclusión y, además, la relación entre las dos protagonistas femeninas y el hombre que está con ellas, huyendo de alguien que al principio no conocemos por algo que tampoco sabemos que han hecho es la razón para seguir enganchados a la historia. Ellas, sobre todo. El prodigio psicológico que hay en el primer capítulo como también en el cuarto es razón más que suficiente como para pasar páginas de forma compulsiva para llegar al final. Y si a eso sumamos un memorable y complejo clímax que seguramente será fácil conectar con el cine de Quentin Tarantino pero que en realidad entronca más fácilmente con Amor a quemarropa, de Tony Scott, el espectáculo vuelve a estar servido.

Lapham es un narrador apasionante y apasionado también en lo visual. La mirada se dirige fácilmente al caótico y descontrolado episodio final de este libro, por la cantidad de elementos que es capaz de introducir de una manera imposiblemente armónica. Es, sin duda, el gran prodigio técnico que encontramos en esta segunda entrega, pero su genialidad se asoma desde el principio. Ese esquema machacón de ocho viñetas por página, roto de vez en cuando pero sin alterar la cuadrícula, es impresionante. Es cinematográfico y a la vez no lo es, porque también es propio e intransferible del cómic. Es un blanco y negro formidable y eficaz, que sabe cuándo ser más claro y cuándo volverse oscuro, y tiene un uso apabullante de la violencia, tanto la más psicológica como la más explícita. No importa el escenario, ni tampoco la luz, porque Lapham parece no tener un único escenario de confort. En algún lugar del oeste es un tebeo brutal por sí solo, pero al que se valora todavía más por ser parte del universo de Balas perdidas, uno en el que no hay imposibles y sí un brutal descenso a los infiernos que se enmarca en un mundo realista. Hoy en día la violencia narrativa es algo muy popular, pero otro gallo cantaría si más autores tuvieran el dominio que tiene sobre ella Lapham. Nunca es tarde para adentrarse en su salvaje y muy americano imaginario.

El volumen incluye los números 8 a 14 de Stray Bullets, publicados originalmente por Image Comics entre febrero de 1996 y agosto de 1997. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 24 enero, 2019 por en David Lapham, Image, La Cúpula y etiquetada con , .

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