CÓMIC PARA TODOS

‘Wonder Woman. Juegos mentales’, de George Pérez y Jill Thompson

Editorial: ECC.

Guión: George Pérez, Mindy Newell.

Dibujo: Jill Thompson, Colleen Doran, Cynthia Martin, Joe Phillips.

Páginas: 320.

Precio: 30,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Octubre 2018.

Hoy en día, que un autor llegue a escribir más de medio centenar de números en una serie de superhéroes es toda una proeza. En los años 80 podría ser algo más habitual de lo que lo es en la actualidad, pero seguía siendo algo digno de reconocimiento, incluso aunque recordemos que George Pérez se quedó durante un tiempo en Wonder Woman sólo con los argumentos y no con los números completos. Llegar al número 50 implica una especie de fiesta o celebración, y Pérez no la evita, al contrario, se suma a ella a lo largo de dos números que vienen a ser una continuación de su formidable glorificación del personaje, pero su Wonder Woman está aquí en un punto muy diferente. Su heroína brillante, la mujer a la que todos admiran, ese ideal que detalló durante tantos años con mucho acierto, pasa en estos números por pruebas muy duras que merman su propia autoconfianza. Y eso funciona muy bien con Diana. De hecho, es el motor de lo que sucede en este volumen, Juegos mentales, acontecimientos en los que Wonder Woman da la sensación de estar sobrepasada. Pérez nunca abandona el escenario mitológico que tanto le gusta y que marcó su etapa desde el principio (aquí, su reseña), pero si da la sensación de que asistimos a un momento bastante diferente en el que hay más lágrimas que otra cosa y en el que se maneja más drama que los elementos más tradicionales del cómic de superhéroes.

Sí hay algo que Pérez ha dominado muy bien durante toda su etapa es ese punto intermedio que hay entre dar reverencia a lo que funcionó antes y el vértigo ante lo que está por venir. En este volumen, y pasado un número en el que se realiza un ya más que necesario resumen de lo acontecido hasta aquí como si fuera un documental televisivo (y por tanto desde el punto de vista de Wonder Woman como personaje público), casi todo apunta en las dos direcciones. Todo bebe del pasado, afecta a personajes que ya hemos visto, pero a la vez nos deja con la miel en los labios, como preludio de un clímax que todavía no ha roto pero que siempre deja la sensación de que puede suceder en cualquier momento. Esa es la parte buena de este volumen de Wonder Woman. Y la mala, de alguna manera, viene a ser lo mismo, pero Pérez ha conseguido fundar las bases de Wonder Woman de una manera tan solvente que en este punto casi todo lo que proponga puede funcionar. Y lo hace, aunque a veces quede la sensación de que hay muchos personajes que, con un papel muy activo en la trama, quedan algo desdibujados. Nada que rompa la brillante e inspiradora revisión de Wonder Woman de la que forman parte, eso también resulta evidente, pero con sus fallos o elementos que han envejecido con menos brillantez que el conjunto.

Quizá en esa línea haya que incluir también el dibujo de Jill Thompson, aunque esa es una afirmación que hay que matizar mucho. Porque el dibujo es bueno, pero se nota que a Thompson le llegó la serie en un momento de su carrera en el que tomaba riesgos que no siempre dominaba con mano férrea. Y eso que sus imágenes estén en muchas ocasiones a punto de convertirse en algo sobresaliente y merecedor de muchos elogios, pero tan positivas sensaciones se frenen un tanto por alguna viñeta que no funciona tan bien. Es irregular, pero al mismo tiempo magnético. Su Wonder Woman no es tan maravillosamente perfecta como la de Pérez, pero mantiene los rasgos que hacen de ella una mujer que genera admiración allá por donde va. Ese porte se lo da, y con eso basta para sustentar todo su trabajo en la serie. No alcanza la brillantez que sí logró en trabajos posteriores y encuentra en el necesario realismo de la serie un pequeño freno para su fértil imaginación, pero en cada número se aprecian las buenas intenciones de ser un dibujo deudor del de Pérez pero adecuándose al momento en el que se encuentra la serie. De hecho, el dibujo de Thompson tiene la virtud de parecer mejor en un segundo vistazo. No es el punto más grandioso de la Wonder Woman de Pérez, pero si es uno necesario para entender el viaje completo.

El volumen incluye los números 46 a 57 de Wonder Woman, publicados originalmente por DC Comics entre julio de 1990 y junio de 1991. El contenido extra lo forman las portadas originales de George Pérez y un boceto de ilustraciones incluido en el número 50.

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