CÓMIC PARA TODOS

‘Lucifer’ 3, de Mike Carey, Peter Gross y Ryan Kelly

Editorial: ECC.

Guión: Mike Carey.

Dibujo: Peter Gross, Ryan Kelly, P. Craig Russell, Marc Hempel, Ronald Wimberly, Colleen Doran, Michael Wm. Kaluta, Zander Cannon, Dean Ormston, Jon J. Muth, Aaron Alexovich.

Páginas: 696.

Precio: 54,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Julio 2018.

Como Sandman (aquí, reseña de su primer volumen). Mike Carey desarrolló su Lucifer en 75 números. Y como Neil Gaiman, Carey construyó su historia sobre una mitología rica e inmensa, plagada de personajes que bien merecen una mayor atención de la que pueden conseguir en una serie que no protagonizan, como le pasada al propio Lucifer en Sandman. Pero la diferencia, y se ve de modo palpable en este tercer volumen, el último de Lucifer, es que Gaiman hizo de Sueño el eje de su historia mientras que Carey no le da ese mismo papel a Lucifer. ¿Cuál es el último número real de esta serie, el 75, el que cierra la historia de Lucifer, o el 74, que es el que se ocupa de todos los demás personajes? La respuesta que demos cada uno de nosotros es también un juicio claro sobre la serie. Porque este no es del todo la historia de Lucifer. Nunca lo ha sido realmente, lo que Carey tuvo en mente era algo mucho más grande, después de una primera etapa en la que lógicamente el carisma arrollador del personaje y su misma leyenda fuera del cómic bastaban para convencer de que estábamos ante una lectura trascendente. Y eso es lo que llega a su fin en este volumen. Con Lucifer, claro está, pero trascendiendo su figura. Y eso añade una complejidad en la que Carey, con sus interludios y sus historias paralelas, se ha movido como pez en el agua hasta el final.

Es tentador trazar analogías entre Lucifer y Sandman. También, por qué no, es su nivel. Casi todos estaremos de acuerdo en que la serie de Gaiman, leyenda del cómic contemporáneo, está por encima, pero precisamente por eso conviene que nos olvidemos de comparaciones que no nos llevan a ningún lado y que, desde luego, no hacen justicia a lo que tenemos entre manos. Lucifer tiene muchos elementos brillantes, pero tiene la característica de que muchos de ellos no surgen ya en este punto de la serie de su teórica figura central. Asistimos a la lucha por la Ciudad de Plata, vemos el camino de Elaine hasta convertirse en una figura capital de este viaje, y somos testigos de muchas cosas más que dependen de Lucifer solo de manera colateral. Eso, que podría parecer un problema, es al final el elemento de mayor riqueza de una serie que encuentra buenas salidas a sus planteamientos, aunque quizá en estos se sienta un poco más eficaz. Hay algo de caos en su tercio final, inevitable si somos conscientes del gran número de piezas que tiene este delicado ajedrez que conforma Carey, y quizá sea por ahí por donde se le pueden ver al escritor costuras que Gaiman no mostró, pero esta serie es digna heredera de aquella, hasta el punto de que su recuerdo en el número final supone una preciosa manera de cerrar el círculo.

Con sus interludios, Carey fue dando entrada a diferentes ilustradores, y resulta inevitable considerar como la joya que es a la aparición de P. Craig Russell en el número que abre este volumen, la historia de Lilith. Es el invitado más sobresaliente dentro de una larga lista en la que hay mucha brillantez. Pero Lucifer, en cualquier caso, siempre fue la serie de Peter Gross y Ryan Kelly. Ellos son quienes marcaron la guía de estilo, los que crearon las versiones más definitivas de todos los personajes y, desde luego, quienes se encargaron de dar vida a los episodios más decisivos de la serie. Su trabajo es muy importante, eficaz y carismático en muchos momentos. La escala que tiene Lucifer es una clara ayuda en su trabajo, porque en estas páginas asistimos a la creación de un universo, a una gran batalla por los reinos celestiales y al desfile de un sinfín de criaturas y demonios que se mueven en estilos diferentes, incluso en la comedia, y eso da a un ilustrador armas más que suficientes como para dejar huella. Gross y Kelly lo hicieron y hay que reconocérselo. Carey, también. Y Lucifer en su conjunto, incluso con su irregularidad, porque es una serie que siempre parecía estar escondiendo más de lo que se veía a simple vista. Y lo sigue haciendo tantos años después, lo que demuestra que nunca es tarde para empezar una nueva relectura.

El volumen incluye los números 50 a 75 de Lucifer y Lucifer: Nirvana, publicados originalmente por Vertigo entre abril de 2004 y junio de 2006. El contenido extra lo forman las portadas originales de Christopher Moeller, Michael Wm. Kaluta y Jon J. Muth,, y unas notas finales de Mike Carey.

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