CÓMIC PARA TODOS

‘La isla de las pesadillas’, de Hideshi Hino

Editorial: La Cúpula.

Guión: Hideshi Hino.

Dibujo: Hideshi Hino.

Páginas: 204.

Precio: 10,50 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Octubre 2018.

Alguna vez nos llega alguna antología de terror de mercados occidentales, del americano o incluso del español, pero en ese terreno sigue reinando el manga con mucha claridad. Así lo atestiguan títulos como La isla de las pesadillas, una recopilación de siete relatos cortos en los que Hideshi Hino da rienda suelta a todo tipo de truculencias y fantasías, todas ellas con un marcado lado siniestro que deja ese regusto sobrecogedor del buen terror. Sí se puede decir que su dibujo remite a épocas pasadas, tiene ese tono clásico que apreciarán los seguidores de manga no necesariamente actual, pero ahí acaban los detalles que pueden provocar debate, porque Hino construye muy bien todas sus historias, en las que rehúye los monstruos clásicos, en las que incluso se muestra comprensivo con figuras que en los estándares sociales más habituales provocarían una repulsión sin límite, buscando unas fronteras que solo se pueden traspasar de la mano del terror. Hino tiene una narración delicada que casi choca frontalmente con sus pretensiones, y esa aparente contradicción le funciona muy bien para provocar sensaciones de todo tipo en el lector, que es de lo que realmente se trata en toda historia que se precie, sea de terror o de cualquier otro género. Objetivo cumplido, y además de una manera bastante contundente en ocasiones.

Nuestro querido profesor, Hola, señor Siluro, La niña de los cuentos, La isla de las pesadillas, Sudor frío, El cazador y La sirena son los relatos que forman el libro, que coge su título de la cuarta de estas fantasías. Hino presenta tal variedad de temas y horrores que resulta hasta difícil trazar un punto de conexión entre ellas, más allá de una narrativa pausada y delicada, muy eficaz, casi como de fábula. No es de extrañar La niña de los cuentos o La sirena adopten precisamente ese envoltorio narrativo para introducirnos en su universo de terror. La variedad de la que hablamos, no obstante, alcanza también a la forma de abrirnos la puerta a estos relatos. A veces es en forma de carta como en La isla de las pesadillas, otras por medio de una conversación como en El cazador. Hay de todo. Y todo le funciona bien a Hino porque cada uno de sus relatos mantiene frescura y originalidad. Sin esquemas repetidos, sin personajes idénticos, con fórmulas diferentes y con muchos escenarios aterradores, algunos tremendamente cotidianos. La palma en ese sentido se la lleva el sobrecogedor final de Nuestro querido profesor, pero también el abuso escolar que hay en Hola, señor Siluro. A Hino la imaginación le lleva incluso a mostrar a un ronin desgraciado y perdido, incapaz de entender lo que es el honor.

La apuesta de Hino como dibujante es la de la exageración, a veces incluso algo grotesca. Sus figuras no quieren ser realistas, quizá como parte del juego con el que nos quiere llevar a otros mundos. El único atisbo de cercanía a la realidad que se permite es cuando hay alguna niña en sus historias, como se ve en los dos primeros relatos, o con la belleza femenina, la que se plasma en La sirena. Lo demás es caricatura evidente. Y siendo evidente que con ella busca cualquier cosa menos la comedia, hay que alabar el uso que hace de las sombras, de las tintas, del negro que se va comiendo la luz del blanco en cada página y especialmente en los momentos más aterradores. Pero también en el dibujo cabe hablar de variedad, porque siendo evidente un estilo reconocible se las arregla para que los personajes no sean iguales. Y eso da a cada pequeña porción del libro una identidad propia.  No tiene nada que ver, siendo del mismo autor, el dibujo de Sudor frío con el del resto de los relatos. La isla de las pesadillas es una de esas lecturas que se hacen a toda velocidad porque se conecta fácilmente con las sensaciones que busca Hino, y que además no entiende de bagaje o de épocas temporales. Con el dibujo puede que sí se note, pero el terror que encierra es tan vibrante ahora como hace treinta años.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 8 noviembre, 2018 por en Hideshi Hino, La Cúpula, Manga y etiquetada con , .

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