CÓMIC PARA TODOS

‘Una mujer de la era Shôwa’, de Kazuo Kamimura e Ikki Kajiwara

Editorial: ECC.

Guion: Kazuo Kamimura, Ikki Kajiwara.

Dibujo: Kazuo Kamimura.

Páginas: 272.

Precio: 18,95 euros.

Presentación: Rústica con sobrecubierta.

Publicación: Agosto 2018.

No es fácil encontrar historias de ficción que realmente emocionen y conmuevan de la forma en la que lo hace Una mujer de la era Shôwa. Sobre todo en su primer tercio es una obra desgarradora sin medida, pensada para que se nos abran las carnes y suframos como lo están haciendo sus protagonistas. Protagonistas en femenino además. Kazuo Kamimura, apoyado en el guion por Ikki Kajiwara, hace una disección salvaje de lo que le podía suceder a una mujer tras la guerra y maneja como protagonista a una niña que escoge dejar de ser víctima para convertirse en una persona capaz de controlar su destino incluso en las circunstancias más complejas, las de vivir en la calle o en un correccional en el que la violencia, incluso con saña y gratuita, es la herramienta para conseguir y mantener el poder. El mal cuerpo que deja la historia en su arranque es de los que hacen época. Resulta imposible salir indemne de esas primeras páginas, del castigo físico y psicológico que nos muestra. Y después impresiona la forja de carácter que Kamimura va explicando, hasta un punto en el que, por desgracia, su obra queda inconclusa por su prematura muerte. Se pueden imaginar muchos caminos por los que podría haber continuado la historia, pero si lo que importa es lo que nos provoca lo que hemos leído ni hace falta nada más que el demoledor viaje que vemos.

Kamimura fue un preciso retratista de la mujer, con obras de enorme belleza no solo visual, que ahora entraremos en eso, sino también psicológica y social, como evidencia títulos como Historia de una geisha (aquí, su reseña) o El club del divorcio (aquí, su reseña). En Una mujer de la era Shôwa da un paso más, uno que habla de un mundo más violento y descarnado que el que nos había enseñado hasta ese punto, y eso que nunca quiso dulcificar una realidad que para él tenía muchos puntos negros. Desposeer de emociones a una niña que podría haber sido el personaje más emocional de su bibliografía es un movimiento audaz. Hacer de ella es una niña letal y fría sin haber alcanzado siquiera la adolescencia es algo que resulta impresionante. Y el marco, aunque por momentos pueda resultar inverosímil si lo pensamos con frialdad, tiene toda la lógica para ser el escenario en el que desarrolla el dolor de la pequeña Shôko. Lo que arranca como una historia traumática, aparentemente pensada para conmover, por ejemplo, como lo hacía la antológica Pies descalzos (aquí, aquí, aquí y aquí, sus reseñas) se convierte en algo completamente diferente. Los cambios de escenario, los que provoca el crecimiento de la niña, no solo no merman el resultado de la obra sino que la acaban confirmado como un brillante viaje vital del que, tristemente, no tenemos final.

Ese es el mayor inconveniente que tiene una lectura brutal. Kamimura, un dibujante que entendía la belleza como pocos, se muestra aquí como un ejecutor de la violencia asombroso. No le hace falta recrearse en partes íntimas, que obvia, para hacer de la desnudez algo humillante y descorazonador. Y no le hace falta coronar con detalles realistas castigos y sufrimientos que se sienten como si los estuviéramos viviendo en primera persona, aunque sea como espectadores. El autor, eso sí, no se olvida de la belleza, la que tiene su protagonista sin necesidad de atender a los diálogos en los que se nos recuerda lo hermosa que es. Pero la suya no es una belleza solo física, sino también de movimiento. La manera en la que Kamimura le da un grácil estilo a la hora de manejar los cuchillos es indescriptible y complementa muy bien esa perfección casi porcelánica de su rostro. Y los secundarios, todos brillantes y cada uno de ellos perfecto para llenar de maneras diversas las emociones que la propia Shôko despliega en los diferentes estadios de su aprendizaje vital. Una mujer de la era Shôwa tiene tantos detalles en los que detenerse que la pena es su abrupto final, que sin duda descoloca. La pequeña Shôko, la peligrosa Shôko, la adulta Shôko, todas ellas la misma mujer, merecían que la historia tuviera una conclusión. Eso se queda ya para la mente de cada uno de nosotros.

Showa Ichidai Onna se publicó entre julio de 1977 y enero de 1978. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 30 octubre, 2018 por en ECC, Ikki Kajiwara, Kazuo Kamimura, Manga y etiquetada con , , .

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