CÓMIC PARA TODOS

‘Spirou. La tumba de los Champignac’, de Fabrice Tarrin y Yann

Editorial: Dibbuks.

Guion: Fabrice Tarrin y Yann.

Dibujo: Fabrice Tarrin.

Páginas: 64.

Precio: 16 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Septiembre 2018.

De lo que se trata en Una historia de Spirou por… es de dejar libertad absoluta a los artistas escogidos para que den su visión personal e intransferible del botones más famoso del cómic francobelga. En La tumba de los Champignanc, Yann y Fabrice Tarrin, coautores del guion para que el segundo de ellos lo dibuje, apuestan por una fórmula bastante clásica, sin ánimo de romper la esencial de Spirou, pero dándole un toque de comedia alocada que no le es extraño al personaje y su mundo pero que aquí parece algo más acentuada. Con una historia de fondo clara, lo cierto es que este álbum disfruta todavía más con los tumbos que da, más calculados de lo que puede parecer en un principio, y con algunas de las tramas secundarias, como la relación entre Fantasio y Seccotine. A todo ello se le aplica una dosis considerable de enredo y el resultado es un álbum simpático y eficaz, que sabe controlar un ritmo a veces caótico para divertir desde lo más pequeño y fugaz, trazando un relato que Yann y Tarrin cierran con mucha eficacia al final. No suele fallar Una historia de Spirou por… porque quienes se acercan a esa serie son, para empezar, fans del personaje. Y cuando un fan cuenta la historia que le gustaría del personaje y a la vez tiene el talento para hacerlo es difícil errar el tiro. La tumba de los Champignanc no lo hace.

La clave está en que el tebeo quiere ser divertido y nunca pierde de vista ese objetivo. Sí, es también una historia de misterio y aventuras, se trata de una búsqueda del tesoro de lo más clásica, pero hay más diversión en los olvidos y repentinos momentos de lucidez del conde o los nada disimulados intentos de Seccotine de conseguir fotos para su exclusiva de lo que puede haber en la base de la aventura. Esto roba los planos, como si de un maravilloso actor secundario se tratase y se lleva lo mejor del álbum con relativa facilidad. Es ahí donde se consiguen las sonrisas y el buen humor con el que se lee esta entrega, más claramente que en su historia central, que por momentos parece algo más accesoria. Yann y Tarrin, en todo caso, cierran todo tan bien que al acabar la lectura da la sensación de que este es un álbum sin tacha y que sus irregularidades puntuales no son más que escenas preparatorias para el siguiente paso de la aventura. Ese es también el poder de la comedia, que bien administrada y ejecutada ayuda a mejorar las sensaciones generales de cualquier relato, porque cuando levantamos la cabeza nos damos cuenta de que nos estamos divirtiendo, aunque en la página veintitantos no sepamos explicar muy bien qué están buscando los protagonistas realmente y cuál va a ser el siguiente paso de su exótica travesía.

Las sensaciones clásicas las refuerza Tarrin con su sobresaliente dibujo. Spirou siempre ha tenido suerte en este sentido. O inteligencia por parte de sus editores, vaya. El caso es que hay un estilo Spirou al que se amoldan autores muy distintos entre sí y el lector, aún sabiendo diferenciarlos siempre se va a sentir en casa con cualquiera de ellos. Pasa con Tarrin, que aprovecha de una manera formidable cada elemento de comedia que ofrece el guion que coescribe, pero también todos los momentos aventureros que tiene el relato. Puestos a destacar un elemento adicional a lo bien que dibuja a Spirou, Fantasio y su mundo, bien podríamos alabar el hecho de que esta es una aventura de tonalidades algo más oscuras de lo habitual, y en ese marco también se mueve como pez en el agua, como también en la variedad de escenarios o en la forma en la que los utiliza para que tengan un significado en la historia. La tumba de los Champignanc se vuelca más en la diversión que en la ambición que el propio Yann había tenido, por ejemplo, en El botones de verde caqui (aquí, su reseña), pero demuestra que está línea es muy eficaz y variada, algo que se agradece para romper la rigidez de una continuidad inamovible. No es que el corsé de Spirou sea demasiado ceñido, pero se agradece igualmente la frescura que tiene esta propuesta.

Dupuis publicó originalmente Le Tombeau des Champignac en noviembre de 2007. El álbum no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 11 octubre, 2018 por en Dibbuks, Dupuis, Fabrice Tarrin, Spirou, Yann Le Peletier y etiquetada con , , .

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