CÓMIC PARA TODOS

‘Homónimos’, de Antonio Navarro

Editorial: Norma.

Guion: Antonio Navarro.

Dibujo: Antonio Navarro.

Páginas: 212.

Precio: 26 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Mayo 2018.

Siempre es una gozada disfrutar con las inquietudes narrativas de un autor que no se conforma y que quiere darnos algo diferente cada vez que se sienta frente a una página en blanco. Guste más o menos el resultado final, y no hay razón para que no guste mucho, Homónimos tiene esa pretensión de ser diferente. No necesariamente de innovar, porque hemos visto ya casi de todo, pero sí de marcar distancias. Antonio Navarro imagina un universo lleno de Antonios Navarro, con diferentes vidas, para contar un muy sugerente collage narrativo en ocho piezas, ocho pequeñas historias interconectadas de una manera sutil e inteligente con pequeños elementos, con frases coincidentes y con sensaciones, además de por contar con un protagonista cambiante llamado Antonio Navarro y por tener unos narradores singulares. Homónimos es, así, un juguetón puzle identitario y un autohomenaje a la historia y obsesiones personales del autor, que se deslizan en cada fragmento de la obra con mucha naturalidad. Esa es, probablemente, la clave de este tebeo, la naturalidad con la que podemos leer cada parte de manera individual y a la vez sentir, de forma más o menos consciente, que estamos ante algo sensiblemente más grande y universal, algo que funciona por y más allá del experimento narrativo que supone.

Para lograr todos sus objetivos, Navarro necesita trazar una doble complicidad. Con el lector, por supuesto, que disfrutará más del tebeo cuanto más, mejor y más pronto sepa encontrar las razones que motivan am autor en el cuadro amplio que traza (porque en el relato corto también convence, sin problemas y sin exigencias previas o condicionantes a posteriori). Pero sobre todo hay una complicidad consigo mismo, no solo como historietista y narrador, sino también como persona. Antonio Navarro, el autor, no es el protagonista de Homónimos, pero a la vez sí lo parece. Hay muchos elementos que invitan a pensar en que lo es. Y ese lenguaje metatextual también suma para conseguir que el libro tenga un efecto, al menos, original e inusual. Hay elementos reales que Navarro convierte en ficción de una forma muy agradable. Hay una aleatoriedad peculiar en los elementos que sirven como base a sus relatos, a veces sucesos graves y en otras ocasiones noticias de fondo triste que los medios de comunicación convierten en un circo. Hay personajes que se repiten aunque no parezcan los mismos, y probablemente más del Antonio Navarro firmante de lo que nos podamos imaginar leyendo su obra. Por eso la lectura funciona tan bien, por cómo nos ofrece muchas cosas en el momento y nos deja también unas cuantas para que pensemos sobre ellas.

Homónimos, en todo caso, tiene otro claro elemento definitorio, que es su estilo visual. O, mejor dicho, la suma de estilos. Cada fragmento tiene el suyo, Navarro busca una experimentación formal notable que le permite mostrar un dominio más que elogiable de técnicas muy diferentes entre sí. La seguridad de estar dibujando lo que él mismo ha escrito le sirve para que haya una fusión limpia y elegante entre fondo y forma. Da igual que sea un dibujo más claro o más sucio, o incluso que apueste por la fotografía como base narrativa. Todo vale porque Homónimos trata de mostrarnos el parecido entre diferentes, de enseñarnos cuánto hay de este Antonio Navarro en las historias de cada Antonio Navarro que vemos. No es un tebeo fácil, y el escenario que dibujan los dos misteriosos personajes que hay al comienzo y al final de cada segmento añaden algo más de intriga a la propuesta, pero deja muchas satisfacciones puntuales (empezando por Chambergo, el primero y quizá, individualmente, el mejor de los ocho relatos que se nos presentan) y también generales. Una obra de esta ambición narrativa, aunque parta de elementos tan personales en muchos sentidos, merece que la valoremos desde la casilla de salida. Lo que después nos ofrece no hace más que confirmar que la lectura merece la pena.

El contenido extra lo forman un prólogo de Juan Díaz Canales y un post scriptum de Antonio Navarro.

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Esta entrada fue publicada en 11 octubre, 2018 por en Antonio Navarro, Norma y etiquetada con , .

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