CÓMIC PARA TODOS

‘La furgo’, de Ramón Pardina y Martín Tognola

Editorial: La Cúpula.

Guión: Ramón Pardina.

Dibujo: Martín Tognola.

Páginas: 180.

Precio: 16,50 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Marzo 2018.

La crisis en España, esa que no termina de irse por mucho que algunos se llenen la boca con grandes números que no tienen nada que ver con la realidad que hay a pie de calle, no ha encontrado mejor medio para verse reflejada que el cómic. La furgo es un ejemplo más. Uno que se mueve francamente bien en ese terreno realista, cargado a partes iguales por momentos tristes y divertidos, por otros dramáticos y por algunos tiernos. Hay de todo en el guion de Ramón Pardinha, en esta historia construida a base de episodios en los que vemos a Oso, un hombre de 40 años, padre separado de una niña de la que no tiene la custodia y que se ve obligado a vivir en una furgoneta porque no tienen ningún otro lugar donde hacerlo. No se lo dice a ex esposa. A los amigos se lo vende como algo temporal. Y a su hija se lo disfraza como un juego. Vive de hacer chapuzas y, prácticamente, de la caridad. Qué fácil resulta que una historia como esta, sin que haya en realidad ningún plan maestro por debajo ni tampoco algo excesivamente ambicioso. Con un dibujo cercano, el de Martín Tognola, y una historia acorde a esa idea, es bastante fácil caer en las redes de La furgo. Es una dosis de realidad cargada de emociones de esas que da gusto leer. Y de las que hacen pensar en nuestro día a día, en cómo nos comportamos con la gente a nuestro alrededor y la sociedad en que vivimos.

Lo que Pardina consigue con bastante facilidad es que nos metamos en la piel del protagonista. Oso es un hombre normal que se enfrenta a problemas que afectan a demasiadas personas en nuestros días. El escritor, además, nos lo muestra de una manera bastante inteligente. No es La furgo una obra sobre desahucios, sobre economía o sobre cómo los problemas de dinero afectan a una vida. Es una obra sobre esa vida. Las circunstancias vienen solas, no hace falta que las detalle porque las explica con una naturalidad increíble. Lo que más llama la atención, indudablemente, es la manera en la que esta situación afecta a la relación entre Oso y su hija. Lo imaginativo está en los juegos de Oso con su hija, en lo que imagina para que ella no vea la miseria de su vida, pero no se puede negar que buena parte del alma está en la relación con su ex mujer, en esas conversaciones en las que se confrontan la ilusión de Oso y las dosis de realismo de la madre de su hija. O en las demás relaciones personales, como la que traza con el policía que le desahució. La estructura en pequeños episodios que acaban conformando una historia más completa es, además, muy adecuada, porque permite ir viendo pequeños detalles que son los que acaban convenciendo precisamente por lo cercano que resulta todo lo que acontece en sus páginas.

Para tantas dosis de realidad, Tognola busca un dibujo con el que, por encima de todo, es muy fácil conectar. Con su trazo sencillo y un intenso color naranja que se va colando entre el blanco y negro que domina el relato, el ilustrador aprovecha todas las situaciones que le plantea Pardinha. Y no es fácil, porque la historia es sutil en todo. No es un guion pensado para que el dibujante se luzca en grandes viñetas, pero que sí permite lucirse en la puesta en escena, que es la que tiene que contar buena parte de lo que el escritor plantea. Y ahí Tognola sobresale. No necesita más que su trazo abocetado para todo cobre vida de una manera intensa. Y apenas le bastante unas pocas líneas para que sus personajes sean de carne y hueso. La furgo es un tebeo que, en ese sentido, acierta en prácticamente todo lo que propone, y se convierte en una manera extraordinaria de comprender cómo puede ser la vida de una persona que no para de recibir golpes económicos, sociales, familiares y afectivos. Sí, definitivamente se puede aprender mucho sobre la España en la que vivimos leyendo tebeos como La furgo. El problema está en que, probablemente, no lo leerán quienes lo tienen que leer. Nos contentaremos con alabar su denuncia y su emotividad y con apuntar los nombres de dos autores que demuestran un nivel notable.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 18 mayo, 2018 por en La Cúpula, Martín Tognola, Ramón Pardina y etiquetada con , , .

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