CÓMIC PARA TODOS

‘Infinity 8. Amor y cadáveres’, Lewis Trondheim, Zep y Dominique Bertail

Editorial: Dibbuks.

Guión: Lewis Trondheim y Zep.

Dibujo: Dominique Bertail.

Páginas: 96.

Precio: 20 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Marzo 2018.

Más allá de la deliciosa paradoja que hay en el título de Infinity 8 (que apunta al infinito con un número finito, que es símbolo de dicha palabra y, además, el número de volúmenes que tendrá la obra), la referencia evidente de esta odisea espacial pulp y pop ideada por Lewis Trondheim, que coescribe cada número con un guionista invitado, y Olivier Vatine, que se ocupa de la dirección artística de la serie para dejar el dibujo final en manos de otro artista, no es otra que Barbarella. Lo es por estilo, por escenario y por protagonista. Pero a la vez es algo diferente y juguetón, que cambia los roles de género habituales de la ciencia ficción de una manera divertida y socarrona. Puede que eso mismo minimice el alcance de su odisea espacial, pero por seguir con esa misma terminología no se pretende emular los conceptos metafísicos de 2001. No, esta ciencia ficción es cómica y aventurera, divertida en su intrascendencia, y que, al menos en su presentación, parece buscar ese entretenimiento pasajero como la mejor manera de satisfacer al lector. Puede que eso haga que el punto de vista del lector sea un tanto demasiado determinante a la hora de juzgar la obra, pero Trondheim, acompañado por Zep en el guion, y Dominique Bertail, plasma muy bien en la página la grandiosidad del espacio y el carisma de todos los personajes, sobre todo de nuestra protagonista.

Amor y cadáveres, que así se titula este libro inaugural de Infinity 8, es un tebeo desenfadado, ligero a pesar de tener cierta ambición en su planteamiento, y del que se recuerda más el chiste concreto, el personaje divertido o la heroína exuberante, que el fondo de la historia. Lo curioso es que nunca da la sensación de que eso sea un fallo, sino algo buscado conscientemente por Trondheim y Zep, de una manera que, aún por caminos diametralmente opuestos, nos recuerda a otra serie de ciencia ficción a la española, el probablemente bastante incomprendido Procyon de Ricardo Machuca (aquí, reseña de su primer volumen). Es decir, que estamos ante un episodio aparentemente cerrado pero que se debe convertir en la primera parte de un todo mucho más completo. Saber que esto va a tener ocho volúmenes es la pista definitiva para tener esa sensación, pero también se tiene con lo que estamos viendo, un pedazo muy pequeño del universo, la travesía de una nave, una misión muy concreta e incontables posibilidades para seguir adelante. En este punto, Trondheim corre el peligro de dejarse en el camino a los lectores que no vean más allá de lo que hay en estas primeras páginas. Lo sabe y lo asume. Pero se lo pasa francamente bien para sentar las bases de lo que está por venir.

Dado que el diseño es una parte fundamental de esta obra, como buen título de ciencia ficción que es, no resulta fácil discernir en qué grado hay que atribuir el mérito a Vatine o a Bertail. En cualquier caso, da gusto ver cómo funcionan a la perfección escenarios y personajes que se acercan mucho más a la mencionada Barbarella, Buck Rogers y Flash Gordon (aquí, reseña de su primer libro) que a la iconografía más impuesta en el imaginario colectivo, que no es otra que la de Star Wars. Con alguna que otra concesión sexista facilona, algo que tiene un punto de inevitable cuando se trata de manejar a una heroína, lo cierto es que todo se desarrolla con bastante elegancia visual, incluso dentro del caos que se apodera de algunas escenas. Bertial se lo pasa en grande con las escenas en gravedad cero, con la morfología de las criaturas y con la imaginería de ciencia ficción que le plantea Trondheim. Y sí, disfruta también, igual que el lector, con el homenaje que se marcan los autores con el aspecto de la protagonista, muy cercano al de Wilma Deering en Buck Rogers en el siglo XXV. Una de las muchas referencias que tiene Infinity 8 en su primer libro, y que se deslizan sin que provoque pérdida de personalidad. El arranque es atractivo, a partir de aquí ya tocará exigir un paso más. Hay buena base para ello.

Ruè de Sevres publicó originalmente el primer volumen de Infinity 8, Romance et machabée, en enero de 2017. El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 10 mayo, 2018 por en Dibbuks, Dominique Bertail, Lewis Trondheim, Rue de Sèvres, Zep y etiquetada con , , , .

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