CÓMIC PARA TODOS

‘Sarah’, de Cristophe Bec y Stefano Raffaele

Editorial: Yermo.

Guión: Christophe Bec.

Dibujo: Stefano Raffaele.

Páginas: 192.

Precio: 38 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Diciembre 2017.

Un pequeño pueblo americano siempre es un escenario agradecido para el terror, y eso lo saben hasta los creadores del otro lado del Atlántico. Christophe Bec lleva tiempo sumergiéndose en la cultura norteamericana para encontrar argumentos para sus historias, lo hizo en Prometeo (aquí y aquí, reseñas de sus dos primeros volúmenes) o en Deepwater Prison (aquí, su reseña), obras en las que también contó con el dibujo de Stefano Raffaele, y Sarah es un ejemplo más. Uno que sabe que se mueve, en muchos sentidos, en el terreno del tópico, pero que va funcionando bastante bien hasta su final. Es ahí donde surgen las dudas, porque el final está tan volcado en sorprender, y a fe que lo hace, que deja una cierta sensación de perplejidad. No es justo evaluar una historia de casi 200 páginas por las cuatro o cinco últimas, pero es igualmente cierto que el terror es muy sensible al efecto que genera la guinda. Y la guinda no termina de funcionar con la misma facilidad, es una salida demasiado fácil a una de las subtramas que Bec va utilizando para generar tensión y lastra el resultado final, que hasta ese punto es una lectura válida, agradable para los lectores del género y que, como en otras obras de su autor, sabe encontrar anclajes humanos y sensibles para una historia de corte fantástico.

En el arranque de Sarah, Bec sigue el manual de género con bastante fidelidad. Un pueblo en el que hay sucesos extraños al que llega una joven pareja con problemas. No, no es el Muderville de Vicente Cifuentes (aquí, su reseña) aunque comparta algunos elementos. La apuesta de Bec es distinta, su fantasía oscura no tiene nada que ver con la de Cifuentes. Sarah depende de un misterio resoluble, y quizá por eso el final es una decepción, porque supone el camino más fácil para una narración que sí que parecía estar apostando por cosas algo diferentes que mejoraran la sensación de estar leyendo algo ya visto. Bec, en todo caso, es un escritor hábil que basa la fuerza de la historia en los personajes. Sarah, aunque quizá parezca excesivo darle su nombre a la obra viendo el gran mosaico que plantea, es una protagonista notable. El escritor construye un buen pasado que va resolviendo bien, insistiendo, hasta el final, porque le da sentido a la historia de terror que tiene que afrontar esta joven en Salamanca, un pequeño pueblo de Pensilvania. El escenario, los miedos, el silencio y los personajes extraños ayudan a que la tensión se palpe en la mayoría de los momentos. Es lo que funciona cuando se opta por este entorno y Bec no quiere traicionarlo en ningún momento, optando por el realismo incluso cuando parece difícil.

Y ahí es donde entra en juego el estupendo dibujo de Raffaele, que es la verdadera razón por la que Sarah se sostiene tan bien. Su realismo engancha porque por un lado consigue que los personajes sean accesibles, lo que consigue también con una amplia colección de primeros planos, y por otro que el escenario de terror genere mucho más desasosiego del que habría provocado desde un enfoque algo más fantástico. Es una muy buena manera de enfocar este relato, incluso aunque el color parezca nacer de una paleta algo demasiado colorista como para encajar bien en el género. Eso queda como un detalle que quizá noten más quienes hayan visto otras obras de Raffaele, pero que aquí, en el fondo, no es tan decisivo como sus aciertos, que son muchos. Sarah es una obra más entretenida que trascendente, pero de igual manera proporciona un muy buen rato para los amantes de género. Se agradece la lectura de esta historia en un volumen integral, porque así se entiende mejor el golpe de efecto que quiere suponer el final, aunque sea algo fallido, y sobre todo el crescendo que hay en la tensión se asimila mucho mejor. Puede que no hiciera falta un relato tan largo para potenciar lo bueno que tiene el trabajo de Bec, pero al menos sirve para deleitarnos con las ilustraciones de Raffaele. No hay mal que por bien no venga.

El volumen incluye los tres álbumes de Sarah, Les enfants de Salamanca – première partie y Les enfants de Salamanca – deuxième partie y Les démons de Little Valley, publicados originalmente los dos primeros por Dupuis en mayo de 2008 y junio de 2010, y el tercero por Les Humanoïdes Associés en octubre de 2013. El contenido extra lo forman las portadas originales y un portafolio de bocetos de Chris Sprouse.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 8 febrero, 2018 por en Christophe Beck, Dupuis, Stefano Raffaele, Yermo y etiquetada con , , .

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