CÓMIC PARA TODOS

‘El hombre cadáver’, de Hideshi Hino

Editorial: La Cúpula.

Guión: Hideshi Hino.

Dibujo: Hideshi Hino.

Páginas: 196.

Precio: 10,95 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Agosto 2017.

Hoy en día casi nadie se sumerge en una obra sin conocer, incluso sin analizar, a los autores que están detrás de ella. Pero si lo hiciéramos, sería muy fácil reconocer en El hombre cadáver al mismo autor de El niño gusano (aquí, su reseña). Son mangas diferentes pero que a la vez tienen elementos comunes. Parten de motivaciones diferentes, pero en el fondo ambas suponen una forma muy particular de interpretar a los monstruos, desde una perspectiva muy emocional y humana, sabiendo reflejando el terror que criaturas que no comprendemos pueden infundir a las personas llamémoslas normales, pero al mismo tiempo dejando claro que bajo esa apariencia terrorífica se esconde un corazón. La clave para comprender mejor El hombre cadáver la da el propio Hino en las breves líneas con las que cierra el volumen, explicando que la obsesión por la muerte y por despedirse de sus seres queridos parte de una experiencia personal. El género, de hecho, siempre ha merecido la pena no solo por la manifestación más o menos brillante de situaciones fantásticas sino también por la manera en que la realidad se vuelca en el contenido de ficción. En realidad, lo que Hino ofrece es una rareza más sencilla de lo que parece, que de hecho se lee a una velocidad muy alta porque conjuga viñetas bastante grandes y muy poco texto para dar vida a su relato.

Quizá lo más llamativo de El hombre cadáver sea el tibio pero decisivo componente religioso que tiene la historia. No estamos acostumbrados a que el terror se vuelque, al menos de la manera en la que lo hace Hino, en esta forma de entender la fe. Y eso le da un toque de originalidad que compensa la mencionada sencillez de la historia. Aunque se lea a gran velocidad, casi sorprende que estemos ante un manga de casi 200 páginas. Pero Hino lo extiende con la misma facilidad con la que lo escribe. Nada parece sobrar en esta extraña mezcla entre el género zombi y la tragedia del monstruo de Frankenstein. Puede que la gran facilidad con la que se pueden encontrar referentes, incluso la ya mencionada El niño gusano del propio Hino, sea lo que le reste algo de impacto a El hombre cadáver, pero aún así es una lectura fácil y satisfactoria dentro de las directrices del género y del autor. Su punto más fuerte, además de lo mencionado, está en su final, tremendamente poético y no necesariamente dentro de los códigos del terror que explora la obra de principio a fin. Es ahí donde se ve esa faceta autobiográfica que Hino quiere volcar en el manga y, por qué no decirlo, el anhelo de que haya algo más allá de la muerte, algo mucho mejor que el mundo que dejamos atrás, en el que lo diferente siempre nos perturba y asusta.

Con su dibujo, Hino potencia los aspectos más grotescos de este hombre cadáver que da título a la obra. Reconocible para quienes conozcan su trayectoria, pero también algo más sencillo en algunos momentos, por razones personales que el propio autor confiesa en esas líneas que cierran el libro. Eso nunca tiene que ser excusa, pero si entendemos El hombre cadáver como una experiencia cercana a la muerte sí que se puede considerar esta flaqueza como parte de su desarrollo. Hino no deslumbra en el dibujo, pero sí es tremendamente eficaz. Su manera de interpretar el horror desde su caricatura de rasgos claramente manga es elogiable. Y ahí se puede añadir una referencia más, la de El fantasma de la ópera, en especial de su versión más completa y compleja, la que inmortalizó Lon Chaney en el cine mudo de los años 20. No deja de ser curioso que una obra tan personal como El hombre cadáver tenga, a la postre, tantas referencias en las que bucear. ¿Pero acaso no es el miedo algo universal y atemporal? Lo es, desde luego, y por eso es tan fácil encontrar esos vínculos con terrores personales, tanto en lo que se refiere a la creación de un monstruo de este calibre como por lo que tiene que ver con el trasfondo que tiene el relato, que incluso aunque tenga ciertos elementos bastante previsibles llega a conmover.

Hibari Shobo publicó originalmente el relato en 1986. El único contenido extra es un epílogo de Hideshi Hino.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 13 noviembre, 2017 por en Hideshi Hino, La Cúpula, Manga y etiquetada con , .

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