CÓMIC PARA TODOS

‘Desaparecido’ 7, de Kei Sanbe

Editorial: Norma.

Guión: Kei Sanbe.

Dibujo: Kei Sanbe.

Páginas: 208.

Precio: 8 euros.

Presentación: Rústica con sobrecubierta.

Publicación: Febrero 2017.

El debate está servido. ¿Podría haber sido el final del quinto volumen de Desaparecido (aquí, su reseña) el final de la serie? La respuesta es sí. Ahí, eliminando su final abierto, se ponía fin a una suerte de primer ciclo que, con ligeros retoques, podría haber redondeado una historia sensacional. Kei Sanbe, no obstante, quiso continuar. Y lo que nos contó en el sexto volumen (aquí, su reseña), donde también se podría haber llegado a un final bastante más que aceptable, fue la mejor manera de continuar una vez que se adoptó esa decisión. El séptimo alumbra alguna duda más, porque no supera el shock emocional que deja el giro radical de la anterior entrega y al mismo tiempo produce algo más de confusión que emoción. Pero Sanbe sí parece tener claro a dónde quiere llegar. Eso se nota incluso sin saberlo el final del camino, y por eso es fácil comprender que todo lo que vemos en el séptimo libro va a tener una razón de ser. O, al menos, eso es lo que cabe esperar de lo bien que ha sabido mover al lector al son que ha querido. Es verdad que la acumulación de fechas y recuerdos de distintas líneas temporales desemboca en un cierto caos, pero por otro lado lo sembrado hasta ahora es tan contundente que parece difícil que se pierda esa emoción, esa tensión y esas ganas de saber qué es lo que va a venir a continuación. El séptimo volumen no colma, pero se entiende.

Y esto es porque el camino escogido es muy valiente. Habíamos visto el regreso de Satoru a su niñez, y ahora le vemos de nuevo como adulto, aunque no precisamente del mismo modo en el que arrancó la serie. Hay mucha audacia en ese movimiento, y no se puede decir que Sanbe no aproveche el escenario, pero en este séptimo volumen hay más recolocación de piezas que avances propiamente dichos. Eso queda, y parece tan lógico como claro, para la próxima entrega. No es algo nuevo en Desaparecido, que ya ha tenido algún que otro, y siempre entre comillas, tiempo muerto. Y por eso es fácil tener fe en Sanbe, porque hasta ahora ha respondido elevando la apuesta de una manera bestial. Estas páginas, no obstante, son las que invitan con más fuerza a releer antes de continuar, a tener clara la línea temporal original y la que Satoru ha modificado antes de aventurarnos a lo que pasa aquí y lo que puede pasar en adelante. Eso es producto del menor ritmo que tiene el relato. Eso no es necesariamente un defecto, pero sí que es verdad que se pueden devorar estas 200 páginas y tener cierta sensación de que no ha habido muchos cambios con respecto a lo que ya sabíamos, incluso aunque a Sanbe le divierte el hecho de ir cambiando de narrador, casi hasta de protagonista durante muchos momentos de esta fase de su fascinante thriller.

Desde el principio, Sanbe ha tenido claro que su dibujo debía aprovechar dos cuestiones fundamentales: por un lado, el carisma de sus personajes, y en este volumen termina de confirmar lo bien que ha sabido adaptarlos, porque se reconoce con mucha facilidad a quienes hemos visto de niños y ahora vemos como jóvenes; por otro, la narrativa visual de los momentos de impacto. En este volumen juega más con la narración que con el dibujo en ese sentido, pero sabe acomodarlo muy bien en sus viñetas para despertar las alertas del lector, para sentir que el ritmo crece, aunque a veces no sea así. Y es precisamente a través de los personajes, sobre todo por medio de la mirada de Satoru, como Sanbe experimenta. No se trata tanto de lo que vemos como de lo que piensa el protagonista, de lo que imagina, de lo que recuerda o cree recordar, y eso lo dibuja bastante bien el autor. Desaparecido sigue siendo, en ese sentido, una muy buena apuesta de intriga y misterio, con toques de ciencia ficción que elevan la historia a otro nivel. Sobra decir que la forman en la que Sanbe concluya este relato va a ser clave, primero para comprender el interludio que supone este séptimo capítulo, pero sobre todo para coronar un manga, hasta ahora, sobresaliente.

Boku Dake ga Inai Machi comenzó a serializarse en la revista Young Ace en 2012. El séptimo volumen recopilatorio lo publicó Kadokawa en diciembre de 2015. El único contenido extra es un epílogo en forma de cómic para explicar algunos detalles de la historia.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 29 septiembre, 2017 por en Kadokawa, Kei Sanbe, Manga, Norma y etiquetada con , .

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