CÓMIC PARA TODOS

Horacio Altuna: “No me molesta que me encasillen en lo erótico, pero se pierden lo mejor mío”. Entrevista sobre ‘Voyeur’

Horacio Altuna no es un autor especializado en el género erótico. Hay mucha gente que lo piensa, pero no lo es. Al contrario, es una parte pequeña de su producción. Pero es una llamativa, hermosa y divertida, una que, además, se ha publicado mucho. Dibbuks acaba de reeditarla en Voyeur (aquí y aquí, reseñas de los dos volúmenes), con lo que tenemos una nueva oportunidad de disfrutar de estas páginas. Y, por qué no, de hablar de ellas, de hablar con su autor de cómo llegó a hacerlas, de sexo, de cómo sus historietas para Playboy trasladaban el sentir de la sociedad hacia algo que tanta polémica genera muchas veces sin quererlo. Y, de paso, también hablamos con él sobre la situación del mercado editorial y de los autores, un tema del que siempre ha hablado mucho en las entrevistas que este sensacional autor argentina ha concedido.

Para que los lectores se sitúen, ¿cómo llegas a trabajar para Playboy?

Fue una anécdota, porque me había quedado sin trabajo, me había peleado con los editores franceses. Estaba con 49 años, había ido a París a que me pague Humanoides, no me pagó, me peleé con ellos y me quedé literalmente en la calle. Yo pensaba que Casterman o alguna otra editorial francesa me iba a poder contratar, darme trabajo, pero nadie me dio trabajo y me encontré una noche de invierno en París con mi carpetita pensando “ahora llamo a mi mujer y le digo que estoy en la calle, se acabó, no tengo más dinero”. Con tres hijos adolescentes, que comían mucho… Me acordé que tenía un amigo, Alvaro Cervoni, italiano, vivía allí y trabajaba en Playboy, era el director. Lo llamé. Él ya me había dicho de trabajar para Playboy, yo le había dicho que no, pero ahí sí. Le dije, “Alvaro, auxilio”. Me propuso cuatro páginas mensuales, no firmé, era de palabra, y empecé a trabajar para Playboy de Italia, y al mes había vendido lo que hacía para Italia a Playboy de España. Y de ahí empecé a tirar de la cuerda y empecé a vender en doce países diferentes. De estar en la calle pasé a un muy buen resultado económico, porque pagaban mucho estas editoriales. Trabajé ahí durante nueve años más o menos.

Es curioso lo que dices… Igual para la crítica el erótico es uno de los géneros menos considerados pero después es de los que más dinero mueve…

Bueno, ahora no lo sé, ¿eh?, pero en aquel momento sí. Eso lo vendí, ya te digo, en doce ediciones de Playboy de distintos países. Por ejemplo, en Estados Unidos lo vendí a Playboy y a Penthouse. Es como venderle a Coca-Cola y a Pepsi (risas). Y además allí se publicó en Metal Hurlant y hay otra edición dando vueltas que quieren que publique. Después de años, se vuelve a publicar aquí… Siempre hay alguien que quiere publicar eso, y es un material que a mí, personalmente, aunque no reniego de nada de lo que he hecho, pero desde un punto de vista autoral es el que menos me interesa.

Justo eso te iba a preguntar… ¿Qué importancia le das a estas historias dentro de tu trayectoria?

No reniego de nada, pero es en lo que menos involucrado me he sentido al hacerlo. Te miran de reojo con este material, se piensan que eres un maniático sexual, no sé lo que piensan… (risas). Pero además, imagínate, yo debo de haber hecho 10.000 páginas o más, con distintas temáticas, y he hecho 400 o 500 para Playboy, y he pasado a ser un autor de género erótico…

¿Eso te llega a molestar, que haya gente que te encasille ahí?

No, no me molesta, pero yo pienso que se pierden lo mejor mío. Ese material me ha divertido hacerlo, lo que sucede es que no es lo que más me ha gustado hacer.

Como decías, la gente tiende a pensar mal de quien maneja este tipo de cómic, pero siguiendo el título de la obra, ¿quién es más voyeur, el autor o el lector?

El lector siempre. El lector es un tipo hipócrita, hablando políticamente incorrecto, porque muchas veces no admite cosas. Voy a un ejemplo. Yo aquí estos libros los firmó prácticamente solo para hombres. En cambio, en Bruselas, en Lausana, ves muchas mujeres. Aquí, para empezar, hay un prejuicio. Por otro lado, es verdad que formamos parte de una civilización y una cultura judeocristianas y todo lo que tiene que ver con el sexo parece algo pecaminoso, hasta marginal, y siendo tan lindo, tan divertido, y gratis además… Es lo mejor que nos da la vida y se vive mal, se vive con culpa, me parece ridículo.

Dentro del erótico, muchas veces se tiende a esa visión más masculina que mencionas, pero creo que Voyeur es casi lo contrario, presentas mujeres fuertes y en muchos casos mandas ellas…

Es verdad, porque además hay muchas historietas mías que son muy explícitas en esa posición, pero en general las historias mías son del cazador cazado, del tipo que gana todo, que es el triunfador, y que le va mal; el tipo que es muy tramposo, muy cuentero, y que le va mal, eso me gusta.

Siempre has tenido mucha inquietud social, incluso en estas historias, aunque sea con lo que menos te identifiques, siempre deslizas algún detalle de este tipo… ¿Eso es fácil de conseguir en este género?

Sí, sí. No sé siquiera si el lector lo registra de esa manera, van al erotismo y a que dibujo chicas lindas. Yo no sé si registran ese contenido que yo alguna vez le he querido dar. Ojalá.

Este es un material pensado para revista, para consumo rápido. ¿Crees que ediciones como la de Dibbuks, en libro, tapa dura, dignifican un poco el género?

No, no sé qué es dignificar… No te digo Playboy de España que era bastante malo, pero por Playboy en Estados Unidos han pasado todos los grandes escritores, los grandes fotógrafos, los grandes autores, los grandes dibujantes. El pretexto, decían, era que querías ver un reportaje a fulano o a mengano, pero realmente era una revista muy buena. Yo hace mucho que no la veo, pero aún ahora es una revista muy interesante como lectura. Ahora, si te vas a quedar únicamente con las chicas, sí, pero aquí, por ejemplo, en Playboy de España, testeaban continuamente el contenido. Al público de aquí no le interesaba tres pitos la parte literaria, iban a las chicas, no les interesaban los reportajes, les interesaban las fotos y mi historieta, pero sobre todo las fotos de chicas, ese era el target del lector de Playboy de acá.

¿Y crees que, en ese sentido, la sociedad ha cambiado mucho? En Voyeur hay historietas bastante explícitas y de comportamientos que incluso pueden escandalizar más que entonces…

Yo creo que lo más claro de este material es que ahora es casi ingenuo, porque con el acceso a la pornografía que hay a través de las redes esto se queda como desfasado. El que quiera leer historias que le puedan divertir y que tengan algún contenido diferentes además de las chicas y de las escenas de sexo va a encontrar otra cosa.

Hay una constante en las historias, que es la infidelidad, ¿eso es reflejo de la sociedad?

Sí, sí, absolutamente, es el reflejo de la sociedad. Si Tinder es un bombazo, tengo amigos que mujeres los citan de dos a cuatro de la tarde, hora que dejan la oficina y el trabajo, son mujeres casadas. La infidelidad forma parte de la naturaleza humana. En ese sentido, la infidelidad es una carga, por la culpa. Nuestra cultura mezcla el sexo con el amor, la fidelidad, el matrimonio, la religión… No tendría que ser así.

¿Cómo acaba tu aventura con el cómic erótico? ¿Te cansaste de hacer estas historias?

Sí, me cansé. Tenía ganas de hacer otras cosas. Yo veía que era un punto de no retorno. Es como que estaba rizando el rizo, me parecía que podía llegar a repetirme. Si hay algo que me gustaría es trabajar sobre ilustración erótica, no historieta pero sí ilustración, hacer un libro de sketches o de ilustraciones de chicas, de parejas, de todo esto, eso sí me gustaría.

Dejando un poco de lado el género erótico, hay otra cosa por la que me gustaría preguntarte. Lo que te he leído en otras entrevistas me lleva a pensar que eres uno de los autores más beligerantes en la defensa de los autores. ¿Qué podemos hacer entre todos para que realmente se pueda vivir del cómic?

Mandar sicarios a algunos editores (risas). Porque hay algunos que lo merecen… Por lo menos que los asusten, no los que maten… (risas). “Tú no le has pagado a Fulano, bueno, ahora vas a ver” (risas). No, realmente la situación es jorobada. Siempre, cuando hablo, se toma como una generalización mía con respecto al mundo editorial. Y es como todo, hay editores buenos, malos y regulares. Yo he tenido buena relación con pocos editores, y he tenido pésima relación con muchos. Y además, a mí me han estafado, me han vendido mal, han saldado mis libros sin permiso y yo cada vez que voy a firmar a algún sitio me encuentro con saldos, y estoy firmando saldos que se han vendido desde el año 85, no te miento, todavía andan dando vueltas. Yo tenía buena relación con Toutain, pero pagó su deuda vendiendo su fondo editorial a Cadena, Cadena lo desparramó, era una distribuidora que no sé si existe todavía, y todavía, todos los autores que trabajamos para Toutain el dinero de los derechos por esos libros no lo vimos nunca. Por eso, cuando voy a Getxo y me vienen con libros a firmar que son libros editados en el 90, en el ochenta y pico, pero muchos. Desde aquella época yo estoy firmando esos libros. El tiraje que han hecho de esos libros no me lo quiero imaginar, porque yo todavía los estoy firmando. El tema del mundo editorial es como todo, hay bueno, malo y regular, lo que pasa con los autores es que no estamos en condiciones muchas veces de negociar nuestros contratos. A la hora de hacerlo, aceptas cláusulas. Unos por necesidad, otros por ignorancia, porque no les gusta leer los contratos, y quedan agarrados. Se están firmando contratos para Francia en donde tú firmas los derechos de venta del material que hagas para toda tu vida y 70 años después de tu muerte. Habla con los autores, que muchas veces no lo saben. En los contratos te dicen “de acuerdo al artículo tal, los derechos de venta quedan en poder de la editorial”. Tú piensas que es los derechos de venta de la edición… Es para toda la vida. Te mueres tú, y tu mujer y tus hijos no heredan nada. Heredan los hijos del editor. Y de esa manera, el autor pierde los derechos de autor, porque si tienen los derechos de venta… Con Humanoides, que no me pagaba, finalmente conseguí rescindir el contrato y recuperé los derechos, ¿pero qué pasa si yo estoy con una editorial francesa que tiene este tipo de contrato y el día de mañana o dentro de tres, cinco o diez años no edita más? ¿Cómo hago yo para que me vuelvan esos derechos? ¿Con quién tengo que negociar en Francia? Yo no entiendo cómo los autores no se dan cuenta de este tipo de burradas que firman habitualmente. Hay muchas de esas cosas, ¿eh? Además, el tema de los derechos de autores, no jodamos, es un derecho humano, está dentro de la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas del 48, forma parte como el derecho a la vivienda o ejercer la libertad. El derecho de autor, ser el dueño de su obra, es un derecho humano. Parece mentira que se banalice todo esto.

Y tú que has trabajado para tantos editores, y de tantos países, ¿hay matices y diferencias o es un fenómeno generalizado al mercado literario en general y al del cómic en particular?

Yo pienso que son malos tiempos para la lírica, cada vez peor. Con el tema de las concentraciones editoriales y todo eso… Imagínate que un alemán de Bertelsmann está diciendo los derechos de autor de un autor de Argentina, que vive en Argentina, y a la hora de gestionar sus derechos para que le paguen más o menos se tiene que regir por normativas o directivas que vienen de Alemania. Claro, Bertelsmann es dueño de gran parte del mundo editorial, y lo mismo Random House Mondadori. El mundo editorial español tiene cadáveres en el armario. Si tú vas a la feria del libro de Guadalajara los grandes stands son de las concentraciones, son de Bertelsmann, Random House… No de editoriales españolas, que están en poder de ellos. Y si uno se pone a pensar que España tiene 450 millones de posibles lectores en su lengua, que gran parte del mundo editorial esté en manos extranjeras, ni siquiera hispanas… Dejémoslo ahí… No quiero ya quemarme más con el mundo editorial (risas).

Bueno, pues lo dejamos ahí… Ya para acabar, ¿qué estás haciendo ahora mismo?

Ahora estoy trabajando, desde hace mucho, para Argentina. Desde hace 40 años trabajo para un periódico de allá y sigo haciéndolo. Hago una historieta para los italianos, para Bonelli, es una historieta de cowboys. Hace como dos años que la estoy haciendo. Y después tengo muchos proyectos, voy a ver si empiezo a trabajar algo con Jorge González, y siempre hago cosas. Lo que pasa es que también estoy en la dirección de arte de una revista argentina que se llama Orsai, colaboro con ellos y con la Asociación de Ilustradores de Cataluña, la Asociación de Dibujantes de Argentina… Mi vida, a mi edad, es bastante divertida…

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Esta entrada fue publicada en 20 julio, 2017 por en Dibbuks, Entrevista, Horacio Altuna y etiquetada con , , .

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