CÓMIC PARA TODOS

‘Kharmeg’, de Agus Vera y Mariano de la Torre

Editorial: Aleta.

Guión: Agus Vera y Mariano de la Torre.

Dibujo: Mariano de la Torre.

Páginas: 72.

Precio: 18,90 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Diciembre 2016.

Acostumbrados como estamos a que el tiburón sea un animal visto con ojos aterrados, como una criatura sanguinaria capaz de impulsar todos nuestros miedos cada vez que tocamos el agua (y, sí Steven Spielberg tiene toda la culpa por esa obra maestra que dirigió en 1975 y que tantos han tratado después de imitar sin éxito, sea con tornados o con bellas mujeres de por medio), Kharmeg supone un soplo de aire fresco a la hora de analizar a este animal en el mundo de ficción Agus Vera y Mariano de la Torre, de hecho, parten de un punto diametralmente opuesto al habitual. Su propósito es el de denuncia, y Kharmeg quiere ser una llamada de atención al daño que provocan los cazadores furtivos, aquellos que han convertido la aleta del tiburón en un bien preciado para la gastronomía oriental y que con su acción indiscriminada han puesto a muchas de las especies de este escualo en peligro de extinción. La labor social de este cómic está fuera de toda duda, y tanto Vera como De la Torre consiguen que la historia sea lo suficientemente funcional como para pasar un buen rato mientras aprendemos los detalles del asunto que denuncian. Puede verse como un tebeo algo ingenuo en algunos momentos, sobre todo a la hora de construir sus personajes, pero funciona razonablemente bien para pasar un buen rato.

Vera y De la Torre no esconden en ningún momento sus propósitos, y de hecho los colocan en la primera página del libro, dar a conocer el aleteo, la práctica salvaje de cortar la aleta del tiburón y devolver al animal mutilado al mar, donde irremediablemente muere dejando además importantes consecuencias sobre los ecosistemas. Eso llega antes de comenzar la lectura. Pero una vez iniciada, no tardan mucho en dejarnos claro que hay algo más, hay tres historias cruzadas, la de una bióloga empeñada en mostrar al tiburón como un animal diferente del ser sediento de sangre, la de dos aventureros que luchan contra los cazadores furtivos y la de un periodista que investiga tramas de aleteo. Todos ellos se acaban uniendo de una manera bastante fluida, aunque al principio el guion no consiga una conexión instantánea con estas tres historias y, a ratos, parecen incluso algo desconectadas. Ese problema hace que haya, como se ha mencionado, algo de ingenuidad a la hora de construir la historia y a los personajes. No afecta a la lectura, porque al final es un buen entretenimiento que aprovecha su parte didáctica y su parte de ficción bastante bien, pero sí que limita el alcance del relato, que, incluso con la buena evolución de sus personajes hacia terrenos más dramáticos, acaba destacando más cuando los aspectos más fantásticos se apoderan de la narración.

El dibujo de De la Torre cumple bastante bien con los objetivos de la obra. Se trata de crear un tebeo que nos reconcilie con el mar y con el tiburón, y eso se consigue ya desde la primera secuencia. De hecho, se agradece que el ilustrador no abuse de efectos visuales exagerados para crear el agua, porque de esa manera da fluidez a las secuencias que transcurren en el mar, incluso desde puntos de vista subacuáticos. Kharmeg no pide grandes artificios sino una claridad narrativa que sí consigue. Dado que hay menos secuencias marinas de lo que en realidad podría parecer sabiendo que estamos ante un tebeo que va de tiburones, el gran pero que se le puede poner al tebeo en su faceta gráfica está en la poca espectacularidad que tienen algunos de los fondos. Con los personajes De la Torre realiza una labor bastante apreciable, todos ellos son reconocibles y se mueven bastante bien en las viñetas, ayudados por el buen trabajo del colorista, Fran Vázquez. Kharmeg, obra que destina el 10 por ciento de los beneficios de la venta a la protección del tiburón, consigue superar el estigma de la obra propagandística porque encuentra un buen escenario en el que los personajes tengan un poso y un pasado apreciables, mucho más evidente en Elise, John y Max que en el periodista Wei, pero suficiente en cualquier caso para disfrutar de un tebeo cercano y reivindicativo.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 27 junio, 2017 por en Aleta, Cómic, Mariano de la Torre y etiquetada con , , .

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