Cómic para todos

‘Cages’, de Dave McKean

Editorial: ECC.

Guión: Dave McKean.

Dibujo: Dave McKean.

Páginas: 504.

Precio: 50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Enero 2017.

Bendito sea el debate si surge de una obra artística realizada con libertad y talento. Dave McKean es un artista peculiar. En eso estaremos todos de acuerdo. También en que Cages es su trabajo más complejo y personal. A partir de ahí es donde el debate está servido. ¿Es una obra maestra, única y singular, es un tebeo pretencioso y difícil de leer? Puede, y ahí es donde se producirá el debate, que opinar ambas cosas tenga razones igual de licitas. Es un cómic monumental, porque apuesta por una mezcla de estilos, por una oda a la creatividad y a la imaginación, pero es al mismo tiempo una historia aparentemente inconclusa, que se mueve entre diferente trampas narrativas y escenas de absoluta genialidad, que juega con una suerte de realismo mágico que se conjuga con la fantasía más pura y el costumbrismo más cercano. Teniendo en cuenta todo esto, ¿es posible emitir un juicio aséptico sobre Cages? Lo más probable es que no. Que haya detractores y defensores con el mismo entusiasmo en sus argumentos, que la lectura provoque sensaciones inenarrables tanto para bien como para mal. Talento hay, eso es difícil negarlo, pero siendo una obra tan extraña, que busca abarcar tanto, es también fácil encontrar vías por las que se puede discutir el resultado final de Cages. Pero el debate sobre el arte siempre va a ser bienvenido.

Parece haber más coincidencia en el elogio que en la crítica hacia este trabajo de McKean. Quizá por eso, porque la misma obra se basa en la comprensión de personajes no especialmente sencillos en el trato, haya que empezar diciendo lo que no parece funcionar. Cages es una historia incompleta. No porque tenga finales abiertos, sino porque algunas de sus historias no parecen tener una resolución clara, ni en el papel ni probablemente en la mente del autor. Y la verdad es que el libro necesita esas resoluciones, porque McKean juega con el lector, le lleva a plantearse dónde está el comienzo, el misterio y la razón de las historias, y cuando se acaba el libro hay muchos cabos sueltos. Eso y un ritmo complicado de seguir en algunos momentos hacen que Cages no sea para nada un libro fácil. Pero es ahí donde comienzan precisamente los elogios. Su dificultad es una bendición. Es un reto continuo al lector. La forma en la que juega con la creatividad del autor, sea escritor o pintor, con los aspectos más triviales de la imaginación artística y con la vida de quienes han consagrado su vida al arte consigue captar la atención en todo momento. Sus elementos mágicos, personificados desde el principio en un gato negro, también. Y la mezcla funciona casi siempre, pero sobre todo cuando se asoma a lo cotidiano.

La complejidad de Cages se asoma también a su faceta gráfica. McKean experimenta continuamente. Lo ha hecho en sus obras más cercanas al mainstream, si es que en algún momento se puede considerar así su trabajo para Batman en Asilo Arkham (aquí, su reseña) o sus portadas para Sandman (aquí, reseña de su primer volumen), ¿cómo no hacerlo aquí, cuando el límite está solo en su creatividad personal? Efectivamente, McKean va cambiando de estilo, juega magistralmente con los silencios, y eso le permite alterar el ritmo de lectura con respecto a las secuencias dialogadas. A veces con trazos, a veces con tintas, en otras ocasiones jugando con fotografías, otras con simples combinaciones de colores. No todo se asimilará con el mismo entusiasmo por parte del lector, porque no todo saca lo mejor de McKean, pero eso mismo habla de la riqueza de una obra que si está prologada por Terry Gilliam ya nos puede dar una idea de lo que busca ofrecernos. En lo visual deslumbra, en lo narrativo exige. Y Cages se convierte así en una obra que merece la pena leer para apreciar el talento de su autor, incluso aunque no sea uno del gusto de todo el mundo, o aunque no todos sus segmentos, a veces muy diferentes entre sí, convenzan de la misma manera. Una obra muy ambiciosa pero, a la vez, muy satisfactoria.

Cages se publicó originalmente entre diciembre de 1990 y mayo de 1996, los siete primeros números a cargo de Tundra y los tres últimos de Kitchen Sink Press. El contenido extra lo forman las portadas originales de Dave McKean y una introducción de Terry Gilliam.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 19 junio, 2017 por en Cómic, Dave McKean, ECC, Kitchen Sink Press, Tundra y etiquetada con , .

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