CÓMIC PARA TODOS

‘Flash. Nacido para correr’, de Mark Waid

Editorial: ECC.

Guión: Mark Waid, Len Strazewski, Gerard Jones, William Messner-Loebs y Tenesse Peyer.

Dibujo: Mike Parobeck, Irv Novick, Carmine Infantino, Grant Miehm, Paris Cullins, Greg Larocque, Humberto Ramos, Jim Aparo, Pop Mahn, Michaell Collins, M. D. Bright, Sal Vellutto.

Páginas: 424.

Precio: 37,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Febrero 2017.

Flash tiene un problema. Dicho con todo el cariño del mundo, y sabiendo que es una frase que puede sonar mucho más dañina de lo que en realidad es, su poder es que corre. Sí, la habilidad de muchos guionistas ha dado a Flash historias memorables, de eso no hay ninguna duda. Y ha tenido un papel trascendente en grandes momentos del universo DC. Pero en una serie regular es francamente difícil conseguir que Flash sea algo más que un personaje que corre. Por eso, y aunque pueda sonar contradictorio, su impronta crece cuando esos relatos implican muchas más cosas que el simple uso de su poder. Tomemos, por ejemplo, esta etapa de Mark Waid, Nacido para correr. ¿Impresionan sus team-up con Aquaman o Green Lantern, incluso sus duelos con Abra Kadabra o el Alquimista, por entretenidos y correctos que puedan ser? No, porque en realidad ahí solo vemos a Flash usando los poderes de Flash para solventar el problema. ¿Pero Año uno? Sí, de nuevo esa etiqueta de la que tanto ha abusado DC. Pues ahí es donde se ve la magia. Ahí es donde aprendemos a amar a Wally West por muy admiradores que seamos de Barry Allen o incluso de Jay Garrick. Ahí le comprendemos, seguimos con él su pasión por un héroe e incluso la conexión generacional que hay entre los diferentes Flash. Ahí hay dos personajes que corren, sí. Pero también emociones tremendamente humanas.

Año uno es, en ese sentido, lo que da vida a esta etapa de Mark Waid de una manera sobresaliente, al mismo nivel que ese especial que conmemora el 50º aniversario del personaje con el que se abre el libro, incluida a pesar de que Waid no escribe ninguna de las historias que lo forman pero que se antoja esencial para entender la relación entre Garrick, Allen y West. Año uno nos enseña que el tiempo sí pasa por el cómic de superhéroes, que las relaciones entre los personajes son incluso más importantes que sus poderes fantasiosos. Waid, con el dibujo de Greg Laroque, y aunque no sea esta una de las historias que el común de los aficionados cite como esencial en el género, dignifica con ella el concepto del superhéroe. No se lee solo con el propósito de descubrir cómo llegó Wally West a vestir el traje del velocista escarlata, sino para vivir una auténtica aventura, en la que la se abordan temas como las relaciones emocionales dentro de la familia, el concepto del sacrificio a más de un nivel o la idealización de un héroe popular, Flash en este caso, por parte de un niño. Quizá esta historia hubiera merecido un volumen aparte para no quedar oculta e incluso confundida en el seno de este volumen, porque su nivel es muy superior al que ofrecen el resto de los números que lo componen.

Tan atractivo es el concepto, que se llegó a hacer una historia titulada Kid Flash, ¡día dos’, que se inserta con cierta amabilidad en el seno de esa miniserie. Tenesse Peyer y Humberto Ramos le dan vida. El resto de las páginas nos deja la oportunidad de ver al siempre atractivo Jim Aparo, aunque por aquel entonces no demasiado de moda, un Aquaman tremendamente extraño dibujado por Michael Collins y sobre todo el deseo de Mark Waid de ir explorando conceptos extraños (Flash en el espacio, Flash mutando con una cabeza enorme, Flash convertido en una estatua de oro) mientras iba deslizando pequeñas pinceladas para afianzar la relación de Wally con Linda, que es, al fin y al cabo, el principal elemento emocional que permite al lector conectar con estas historias en cuanto que el protagonista se nos muestra en edad adulta. La etapa es aparente, solvente, quizá algo más ensalzada de lo que realmente merece precisamente por el hecho de que es Waid quien la escribe. Pero hay que insistir en que Año uno sí merece esos elogios. Hay muchas razones para querer a Flash de las que se desprenden de la simplificación con la que comienzan estas líneas, y en ese relato se pueden encontrar muchas de esas. Relatos así justifican la siempre complicada decisión editorial de cambiar la identidad bajo la máscara de un superhéroe.

El voluen incluye el 50th Anniversary Flash Special, los números 62 a 72 de The Flash, el Annual número 8 de la misma serie, el primero de Speed Force, el Flash 80-Page Giant y los números 30 y 31 de Green Lantern, publicados originalmente por DC Comics entre junio de 1990 y enero de 1993. El único contenido extra son las portadas originales de Joe Kubert, Greg Laroque, Dave Brewer, Michael Collins y M. D. Bright.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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