Cómic para todos

‘Poncho fue’, de Sole Otero

Editorial: La Cúpula.

Guión: Sole Otero.

Dibujo: Sole Otero.

Páginas: 220.

Precio: 19,90 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Marzo 2017.

Aunque La pelusa de los días (aquí, su reseña) fue una sorpresa tremendamente agradable, sus aciertos no nos preparan en absoluto para el brutal puñetazo emocional que es Poncho fue. Sole Otero se nos presentó como una humorista. Apegada a la realidad y a las emociones más personales, sin duda, pero humorista. Y Poncho fue es una obra incómoda de leer, de esas que nos hacen pasarlo mal, porque lo que retrata es algo de lo que no es fácil despagarse. Lu y Santi viven una historia de amor. Pero no es una historia feliz. Al contrario. Eso no impide que haya momentos llenos de luz, pero estamos hablando de una relación tóxica, dañiña, que aleja a los dos protagonistas de sus sueños y de sus aspiraciones, que fomenta y genera discusiones por las cuestiones más triviales y en la que la palabra culpa es la más repetida. ¿Hasta qué punto puede una relación anular a una de sus partes? Eso es lo que explica Otero. Y lo hace con una naturalidad tan bestial que da miedo pensar que cualquier de nosotros pueda llegar a actuar así con su pareja, aunque sea en un momento puntual o de forma inconsciente. Esa es la incomodidad que logra Otero, con una capacidad empática portentosa, haciendo que nos sintamos siempre en la piel de los protagonistas, sobre todo en la de ella, con la que reímos, si, pero con la que sobre todo lloramos y sufrimos.

Puede que no siempre funcionen igual de bien los saltos temporales que da la obra, hacia adelante y hacia atrás, pero eso puede ser el único aspecto debatible de Poncho fue, que en todo lo demás se convierte en un cómic desgarrador, sincero y realista en grado sumo. Otero sabe recopilar incontables instantes en la vida de una pareja, pero dándoles una estructura. Nunca es una mera suma de escenas pegadas de cualquier manera. El momento y sus necesidades de impacto emocional nunca se superponen a la necesidad de ir trazando los puntos culminantes de una relación, que va progresando pero siempre a peor. No importa cuántas veces se reconcilien Lu y Santi, cada paso que dan en su particular descenso a los infiernos es un momento más para que el lector sufra cada vez más con ellos. Y, sí, de nuevo hay que destacar que más con ella que con él. Pero eso, lejos de parecer una visión partidista o feminista, es una necesidad narrativa. Más que pontificar, Otero muestra, da herramientas al lector para que sufra y sentencie por su cuenta, sabiendo que esta no es una historia de buenos y malos pero en la que hay un personaje que sufre más que otro. Mantener el español argentino esta edición no hace sino profundizar en el realismo de la obra, lo que curiosamente contrasta con las formidables secuencias oníricas que completan las emociones de Lu.

El estilo de Otero como dibujante ya lo habíamos podido ver en la mencionada La pelusa de los días, y Poncho fue, aún con matices, sigue esa misma línea. Quizá en algunos momentos un dibujo más realista podría haber funcionado mejor, pero es indudable que las decisiones que toma Otero son las adecuadas. Para empezar, dos. La primera, el uso del color para expresar emociones, algo que parece básico pero que no todo el mundo hace, y que probablemente con un dibujo más realista no habría tenido tanta profundidad. Impresiona, además, cómo usa ese elemento para dar vida a esas escenas de sueño, o más bien de pesadilla, y que de hecho ya anticipa la brillante e intrigante portada del libro. La segunda, la forma en la que construye los diálogos en la página, cortando palabras cuando es necesario, superponiendo bocadillos para provocar una violenta sensación de discusión, de que Lu y Santi hablan por encima del otro, o incluso la manera en la que las emociones de Lu salen de su cabeza, como pensamientos que nadie más puede ver pero que afectan a todo el cuadro. Poncho fue es, con estos mimbres, uno de esos tebeos que hay que leer para comprender el lado más emocional y psicológico de este tipo de relaciones. Estremece pensar que esta manera de tratar a los seres queridos es más frecuente de lo que podamos creer. Y verlo así, impacta. Mucho.

El volumen no tiene contenido extra.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 31 mayo, 2017 por en Cómic, La Cúpula, Sole Otero y etiquetada con , .

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 231 seguidores

Archivos

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: