CÓMIC PARA TODOS

‘Horlemonde’, de Patrick Galiano, Cédric Peyravernay y Bazal

Editorial: Norma.

Guión: Patrick Galiano.

Dibujo: Cédric Peyravernay y Bazal.

Páginas: 120.

Precio: 19,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Agosto 2016.

La ciencia ficción tiene un gran problema de base al que tiene que hacer frente prácticamente cualquier obra que quiera adentrarse en las convenciones del género. Si es capaz de superar o al menos esquivar de una manera suficiente a sus referentes, será un título muy a tener en cuenta. Si no lo logra, es cuando ese problema cobra un protagonismo mayor del que debiera. Esto segundo le pasa a Horlemonde. No es un mal tebeo en absoluto. Al contrario, se disfruta de su lectura porque es una dinámica y entretenida aventura que sabe conjugar, como hacen buena parte de las historias de este género, retos de personajes concretos en un marco mucho más grande y ambicioso. Pero el mundo que plantea Patrick Galliano, en los seguramente escasos dos álbumes con los que adapta las novelas de Julia Verlanger, siempre va recordando a otra cosa. A ratos es Dune, en otros es Star Trek, guarda algunas semejanzas con John Carter y hasta algo de Star Wars se puede atisbar sin demasiada dificultad. Y eso, la verdad, sin profundizar demasiado en ese juego de influencias y ciñéndonos solo al cine. Por eso Horlemonde no termina de despegar más allá del correcto divertimento que supone y que en lo visual convence con más facilidad, como por otra parte suele ser norma en el cómic europeo de ciencia ficción, que rara vez no ofrece una factura hermosa y sugerente.

Quizá el principal defecto del guion de Galliano para Horlemonde es que acepta un ritmo más propio de una novela que de un cómic, muy expositivo al principio para dar a conocer todos los aspectos posibles del universo que nos muestra pero con poca acción al principio. Y esa misma acción va cogiendo ritmo según avanza la obra para ir comiéndose a la vez lo más profundo y político del mundo que se nos plantea. No llega a verse un equilibrio entre las dos caras de la moneda, siempre es una u otra, y por eso no es fácil llegar al final con una satisfacción completa. Pero el caso es que, con todo, la historia atrae. Y los personajes apuntan maneras, aunque no siempre se logra con ellos la cercanía necesaria para que el fondo se imponga a la forma. Lil, el único personaje femenino relevante de la obra, es quizá la mejor muestra de esa carencia en la obra. Podría haber sido un personaje capital, por su papel en el punto en el que se desencadenan los hechos pero también por su relación con otros personajes, puntos que tendrían que haber servido para dar una emotividad lógica a la escena final pero que no termina de sentirse. Eso pasa con mucha frecuencia en Horlemonde a pesar de ser una historia bastante corta, o probablemente a causa de esa brevedad, porque la ambición que hay en el planteamiento habría necesidad de una extensión mayor para hacer algo mejor.

En la parte gráfica también hay que lamentar un detalle que frena el despegue de la obra, el cambio de ilustrador en el segundo álbum. El dibujo de Cédric Peyravernay, que se encarga de dar vida al primero, es muy bueno, detallista y hermoso. Nada realmente nuevo o innovador, pero sí provisto de un respeto inmenso a todo aquello que hace de la ciencia ficción un género atractivo y con tantos seguidores. Pero en el segundo álbum es Bazal quien coge las riendas de la obra y se nota la diferencia. No es malo el dibujo de este segundo ilustrador, pero sí que se aprecia un paso atrás con respecto al primer álbum. Impone más el trazo grueso de Peyravernay que el fino de Bazal, y el color del primero, también obra de Peyravernay, es más atractivo e intenso que el del segundo acto, algo más convencional y probablemente el aspecto que más distinga una parte de la otra. También por esa diferencia entre las dos mitades de la obra cuesta considerar a Horlemonde como una obra más completa de lo que podría haber sido. Pero el deleite visual del primer álbum es, por sí solo, razón suficiente para disfrutar de la lectura de un relato de ciencia ficción que sabe aprovechar su diseño, tanto argumental como visual, para al menos hacer que nos sumemos al peligro constante en el que viven sus protagonistas.

El volumen incluye los dos álbumes de Horlemonde, publicados originalmente por Les Humanoïdes Associés en agosto de 2008 y el mismo mes de 2013. No tiene contenido extra.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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