CÓMIC PARA TODOS

‘Injustice. Gods Among Us: Año dos’ 2, de Tom Taylor, Bruno Redondo y Mike S. Miller

Editorial: ECC.

Guión: Tom Taylor y Marguerite Bennett.

Dibujo: Bruno Redondo, Tom Derenick, Mike S. Miller, Julien Hugonnard-Bert, Vicente Cifuentes, Daniel HDR, David Yardin, Jheremy Raapack, Xermánico y Juan Albarrán.

Páginas: 176.

Precio: 15,95 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Noviembre 2016.

Si en algún momento se pudo entender que Injustice. Gods Among Us era un enfrentamiento entre Batman y Superman, y lo fue con claridad al principio y en realidad lo sigue siendo en este punto, disfrutar de esta segunda mitad de su Año dos y darse cuenta de que ninguno de los dos personajes aparecen hasta mediado el tercer número es un motivo más de elogio hacia esta serie. La clave de Injustice está en que Tom Taylor ha sabido aprovechar lo que muchas veces es un problema cuando la continuidad no está en juego, la ausencia de límites. En Injustice, los acontecimientos más provocativos, que los hay en forma de muertes y transformaciones, no se producen únicamente para conseguir un impacto en el lector que, de todos modos, es inevitable. Se producen porque es exactamente lo que pide la historia. Así, estamos ante un blockbuster de los grandes, de los espectaculares, pero de los narrados con una enorme inteligencia, haciendo que los personajes cuentan y mucho. ¿O acaso el final de este segundo año no es un momento increíblemente emocional que satisfará por igual a los lectores más veteranos y a los más actuales? Taylor sigue dando con la tecla adecuada al final de este segundo año, ampliando más que correctamente el protagonismo a otros personajes y aunque necesite de alguna elipsis que rompe un poco el ritmo.

Para que funcione un universo alternativo con personajes de toda la vida, es evidente que lo esencial es el respeto a esos mismos personajes. Si llegamos a Injustice al final de este segundo año podemos preguntarnos cómo es posible que Superman, el héroe por excelencia, haya podido convertirse en ese personaje siniestro que vemos. Pero la serie tiene una lógica aplastante. Riesgo y valentía se juntan para que la historia siga sorprendiendo con mucha facilidad. Es cierto que se acerca a límites complicados de manejar, pero por el momento no se aprecian síntomas de flaqueza, y eso es un logro magnífico viendo la escala del proyecto, tanto por el número de personajes que cobran protagonismo como por los eventos que van modificando sus vidas. Sobra decir a estas alturas que en Injustice no hay vacas sagradas o personajes protegidos contra viento y marea. Esa es la bondad de no tener que ceñirse a la continuidad y Taylor, al igual que Marguerite Bennett, lo aprovecha con enorme soltura. Impagables los papeles en este segmento de la historia de Canario Negro o el comisario Gordon, personajes que aportan unas dosis de humanidad bestial a este macroespectáculo que nunca deja de ser este proyecto, que encuentra su clímax en una guerra muy adecuada entre los Green Lantern Corps y los Sinestro Corps.

Espectáculo es la palabra clave, porque, al final, eso atrae a muchos lectores. No hay que olvidar que el videojuego en el que se basa es, precisamente, uno de lucha. Eso, obviamente, hay que llevarlo a las viñetas. Y se hace con bastante nivel. Bruno Redondo, Tom Derenick y Mike S. Miller siguen siendo los principales artífices de la serie, más destacados los dos primeros, y eso sin desdeñar las apariciones de otros ilustradores como Jheremy Raapack o Xermánico.  La idea es mantener un aspecto bastante uniforme y eso se consigue sin apagar las cualidades individuales de cada uno de los artistas que prestan sus talentos, que al final es lo que hace que funcionen a las mil maravillas estas versiones alternativas de los personajes y los cambios en sus uniformes (algunos de base, otros en función de lo que va sucediendo en la historia; ojo al que le toca dibujar a Derenick para la viñeta final del penúltimo número de esta entrega). Llegados a este punto, Injustice sigue cumpliendo perfectamente con lo que promete y con lo puede ofrecer, esto es, una historia que siga fiel a lo que sabemos pero que tenga la capacidad de desafiar eso mismo. Y todo ello aderezado con combates brutales y situaciones límite casi en cada escena. Al fin y al cabo, estamos ante una guerra imposible que nos tenemos que creer, y que de hecho nos creemos por el talento de sus artífices.

El volumen incluye los números 7 a 12 y el Annual 1 de Injustice: Year Two, publicados originalmente por DC Comics entre julio y septiembre de 2014. El único contenido extra son las portadas de Stéphane Roux y Jheremy Raapack.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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