CÓMIC PARA TODOS

Entrevista con Belén Ortega

belen-ortegaDesde que Himawari formara parte del inicio de la línea Gaijin de la desaparecida Glénat, el de Belén Ortega se convirtió en un nombre a seguir. Y en sólo cinco años, después de ver la espléndida Pájaro Indiano (aquí, su reseña), el impacto que siempre genera el cómic de un personaje tan popular como Marc Márquez (aquí, su reseña) y ahora el trabajo de la ilustradora en Millenium Saga han confirmado todas las esperanzas que había puestas en ella. Aprovechando la presencia de Belén Ortega en la reciente edición de Expocómic, por supuesto que quisimos hablar con ella de todo su trayectoria, y esto fue lo que nos contó.

Siempre es un auténtico placer hablar con alguien que sale de la línea Gaijín de Glénat, que fue un experimento muy bonito pero que por desgracia se quedó un poco a mitad de camino…

Bueno, sí, fue el germen. Lo bueno es que la mayoría de los autores después hemos seguido currando, es una cantera que no se ha quedado ahí.

¿Qué recuerdas de aquella época?

Se lo decía antes a Kenny (Ruiz), que estaba en un rollo nostálgico estos meses porque precisamente con el Salón del Manga, que me encumbran un poco, y yo ahora que actualmente no hago mucho porque ya ves lo que estoy haciendo, pues volví a esta época en la que empecé. Ahora valoro mucho más aquellos años. Ya había otras editoriales que habían publicado cosas españolas, pero un grupo tan majo en el que nos vimos tanta gente, luego es verdad que nos llevábamos muy bien, hacíamos esa piña, íbamos a tantos sitios y vendimos tan bien… Porque para la expectativa que se tenía en aquella época, todo el mundo nos abocaba al fracaso y qué va, vendimos bastante bien. Lo recuerdo, la verdad, con muchísimo cariño. Y muchas horas firmando. Ahora que lo recuerdo, la verdad es que firmábamos mogollón para no ser nadie prácticamente y haciendo manga además. Lo que se ve es que tiene mucha afición entre los jóvenes, lo era casi todo el mundo que me compraba Himawari, se ve que despertaba entusiasmo sobre todo en la gente más jovencita. Con lo que hago ahora es otro mundo.

Has trabajado un montón aunque básicamente tu trayectoria la componen Himawari, Pájaro Indiano y Marc Márquez.

Bueno, hay un salto creo yo, hay un trabajo que hice después de Himawari que no salió, que es lo que recopilo en mi artbook. Trabajé en una película que había de imagen real que se llamaba Bitch Slap y con el productor de esa película quisimos hacer una secuela en cómic que era en rollo americano. Es algo que recopilo en este artbook. Cambié de registro totalmente, quise evolucionar. Hay algunas cositas que sí son manga, pero era en color, un formato más grande, otro tipo de narración, pasé del manga a hacer un estilo algo quizás más americano sin llegar a serlo cien por cien, no salió y de ahí pasé a Pájaro Indiano, porque me quise un poco abrir al mercado francés. Ellos me dijeron que si seguía haciendo manga lo iba a tener un poco complicado. De hecho, con todas las pruebas que hice durante esa época después de Himawari y de que esto no funcionara no tuve suerte, y en el momento en el que me abrí y empecé a hacer el formato BD después de Pájaro Indiano es cuando todo empezó ya otra vez a funcionar. Y gracias a Pájaro Indiano conseguí el trabajo de Marc Márquez, porque fue lo que le gustó a Óscar Valiente, esas muestras de Pájaro Indiano que luego ellos me publicarían más tarde.

Es lo que dices, son cambios de registro muy grandes de una obra a otra…

Sí, es que no me gusta repetirme y es verdad que hay veces que a la gente le funciona algo y lo explota, lo crea como su marca, y yo tengo la obsesión de que si eres bueno tienes que ser bueno en todos los ámbitos, no puedes ponerte límites. Creo que la versatilidad es donde reside el auténtico talento, que me puedan plantar mañana para hacer un cómic de lo que sea, por ejemplo que me plantearan hacer Millenium y tuviera la capacidad de hacerlo, o que mañana me planteen trabajar para el mercado americano y pueda hacerlo también. Mi obsesión como artista es ser capaz de dibujar todo lo que me proponga y no tener límites ni el techo para no ceñirme únicamente al manga. Casi todo el mundo que empieza dibujando manga, y tengo muchas compañeras que evolucionan, hacen cosas ahora muy buenas, pero siguen siendo manga, tienen unos límites. De la gente que me conoce y que sabe lo que he ido haciendo, a casi todo el mundo le gusta más lo que hago ahora. Hacer cómic a color creo que abarca un público bastante más amplio que en blanco y negro, suele gustar bastante más. No era por eso el cambio, era simplemente porque necesitaba evolucionar de esa manera.

Echemos la mirada atrás, hacia Himawari. Es una historia de venganza, de temas profundos pero también tiene mucho de diseño, que son dos campos muy diferentes. ¿Dónde te sientes más cómoda, en el momento de escribir historias de este tipo o cuando te centras en definir la imagen de tu tebeo? ¿Le das más importancia a una cosa o a otra o se van mezclando de forma natural?

Bueno, cuando yo hice Himawari sí que la premisa era porque me encantaba el Japón feudal, toda la historia ocurre con esa estética, pero luego es atemporal, es una historia de venganza que puede ocurrir en Japón y puede ocurrir actualmente aquí, en Madrid, o en Barcelona. No es algo que tenga que ceñirse exclusivamente a Japón. Luego ya con el tiempo, cuando hice Pájaro Indiano sí me doy cuenta de que me gusta tratar temas que tienen que ver con vivencias personales, que es de lo que más cómoda me siento hablando. Como me dice mucha gente, soy muy para adentro, planteo a lo mejor cuestiones o cosas que son como lecciones de vida o historias que tienen que ver mucho con las pasiones, con las relaciones humanas entre los personajes. Y sí, Himawari era una historia de venganza de samuráis, pero realmente hablaba de la relación entre dos hermanos y cómo una posición u otra puede llevar a la redención o a la autodestrucción. En Pájaro Indiano igual, yo en esa época no tenía ningún tipo de salida, veía que todo me iba mal, no salió el proyecto de Estados Unidos… Y entonces hice una historia que no era casual que fuera sobre la persecución de tus sueños, de una persona que lo retoma, que conoce a la chica, que le hace un poco ver que si tú no tienes fuerza y no vas a por ello nadie lo va a hacer por ti. No es casual ninguno de estos temas.

Y lo curioso es que la casualidad aquí es que encima el proyecto tú lo presentas al Premio Internacional Costa Brava, organizado por Panini, que lo deja desierto por falta de calidad de los candidatos, y tú sin embargo insististe y lo acabaste sacando, la segunda oportunidad también te llegó a ti…

Es que Pájaro Indiano me vino en la época esta en la que estaba haciendo pruebas, e incluso hubo un proyecto que me aprobaron pero ya estaba con Pájaro Indiano y me dije que iba a seguir con ella por si acaso. Y menos mal que lo hice porque luego aquel proyecto cayó y gracias a que hice Pájaro Indiano enganché con Marc Márquez. Hice el cómic con la idea de que si no ganaba el concurso, que tuve que hacer el cómic entero en tres semanas, como a las dos semanas era el Salón del Cómic así ya tenía un cómic para mover. Era diferente, tenía Himawari por un lado, tenía otras muestras y tenía Pájaro Indiano. Me estaba abriendo bastantes puertas a mí misma con tanto repertorio y al final es lo que me llevó a terminar trabajando con esto, y gracias a que publiqué este artbook con Ominiky Ediciones el editor de Dupuis se fijó en mí. La historia de Pájaro Indiano, si te lo curras, mira, te salen cosas…

Por lo que me estás contando, y además se ve leyendo las obras, hay muchos nexos emocionales entre Himawari y Pájaro indiano. Lo que no sé es si hay algo de ti, personalmente, en algún personaje concreto o si es algo que afecte a toda la obra…

Pájaro Indiano es muy íntima, y yo no veo reconocida en ningún personaje concreto, pero sí que aúnan situaciones, formas de ver las cosas o de sentir, que tienen que ver con mi entorno y conmigo. Pero yo no soy ninguno en concreto, todos tienen un poquito de mí, esa parte en Bernat del miedo y quizá lo contrario, la locura de Gala, que es la que le dice que la locura es no hacerlo, la metáfora del pájaro mágico. Ahí está también la cosa, da igual lo que pienses, si tú crees puede ser posible, por muy locura que parezca. Hay cosas también de personas de mi entorno. Himawari sí que tiene mucho de una persona que ya no está en mi vida y que representaba muy bien Himawari, ese tipo de persona, pero no fue preparado, son cosas que al final tú reflexionas y te das cuenta. Por eso somos así, la gente fluye a través de lo que hacemos, y los artistas, o llámanos como quieras, pintores, escultores, al fin y al cabo canalizamos lo que tenemos en lo que hacemos. Y son cosas de las que luego te das cuenta con el tiempo, en el momento te piensas que estás haciendo una historia de samuráis y luego te das cuenta de que no, de que hay una lectura muy interior y muy íntima que quizá no llega a todo el mundo pero tú la sabes, tú sabes que eso está ahí metido.

Dentro de esa parte tan íntima de tu obra, a mí sí que hay un escena de Pájaro Indiano de la que me gustaría que me hablaras, que es cuando Gala se desnuda para que Bernat la dibuje, es una escena con muchísima emoción…

El sexo, como arma, es muy potente para las mujeres. Ella lo que utiliza es eso, que puede parecer quizá el recurso tópico de la chica, aparte de que visualmente la desnudez femenina es algo que me gusta mucho dibujar, pero yo creo que lo demostraba más bien por el uso tan potente, que todos lo sabemos, de la sexualización de la mujer y el poder que tiene una mujer desnuda. Es un arma muy potente y lo sabemos todos. El desnudo femenino se está criminalizando desde hace siglos y siglos. En Instagram o en Facebook podemos poner imágenes de perros matándose o de gente descuartizada pero como pongas el pezón de una tía la lías. Y eso sigue siendo así. Esa escena era un poco por eso, por el poder que tienen los desnudos femeninos y cómo la gente, incluso las mujeres, somos conscientes de que utilizamos el sexo como un arma. Esa puede ser una explicación, si a ti te sugiere otra cosa, también vale, las cosas no tienen una sola lectura, tienen varias.

Una curiosidad técnica… En los extras de Pájaro Indiano hablas de los actores que tienes como referente para tus personajes. No sé si eso lo utilizas sólo al principio, para diseñarlos, o si te va marcando después en todo el proceso…

Lo tomo como referencia y lo que evito hacer es calcar las caras, para nada, porque si no me va a cambiar mucho de un dibujo a otro. Lo que tengo son varias imágenes de referencia y me hago mi visión del personaje, lo adapto para que sea siempre igual. Tú puedes hacer un diseño que es clavado al actor y en la siguiente página, si no tienes una foto exactamente igual, se va a ver la diferencia. Así que yo me hago una galería con los perfiles, con las fotos que yo creo que me van a ayudar a tener la visión en 3D de esa cara, y luego lo que hago es tomar unas líneas generales que me ayudan a darle más carácter, más humanidad y más personalidad, porque precisamente yo creo que de lo que peca el manga es que todas las caras son muy prototipo. Cuando sales del manga te das cuenta de que tienes que añadirle mucho detalle a las caras, cuando ves BD te das cuenta de que los diseños están muy bien, el mercado francobelga trabaja con unos diseños muy personales. Todos los personajes, incluso los secundarios, los que van andando por una calle, a mí me lo repetían mucho, tienen que ser personas y personajes que sean muy creíbles, que todo tenga vida y que no sean todos como clones.

Esa experiencia de fijarte en personas reales luego, por fuerza, te ha venido bien para el tebeo de Marc Márquez

Y aparte, este proyecto de Estados Unidos también se basaba en las actrices reales, así que, sin quererlo, ha sido un poco así. Lo de Marc Márquez es verdad que no tuve otra opción, eran personas sí o sí, todo lo que contamos es real. Y el más difícil fue Marc, porque Marc empezaba desde pequeñito y es el que más evoluciona, lo que cojo desde que tenía tres años hasta que cumple 21 años. Los demás más o menos se mantienen, el padre, la madre, todos los mecánicos, la gente que curraba con él, tienen más o menos el mismo dibujo, y sin embargo él era el reto. Tenía que verse la evolución, tenía que verse a Marc con tres años, a Marc con quince y a Marc con veinte.

Cuando te encargan un proyecto como este, que lleva la etiqueta de “cómic oficial”, ¿eso limita mucho a la hora de dibujar o al final no deja de ser otro proyecto con sus características propias?

Bueno, con Marc Márquez tenemos la limitación porque la moto tiene que ser exactamente como era, el circuito… Cuando trabajas con personas tan famosas y con un entorno tan hermético, todo está muy calculado, todo está muy cerrado, la verdad es que no había mucho margen de maniobra. Es un cómic oficial, y todo era muy políticamente correcto. Otra cosa es que eso a ti te corte las alas. A mí en concreto no, me resultó muy fácil trabajar con Óscar Valiente, tuve muchísima libertad artística dentro de todas las guías que yo tenía que tener. Y luego fue un mix en el que yo me encontraba capaz de hacer Pájaro Indiano, que era como medio manga y medio BD y creo que funcionó muy bien porque, será que me vieron precisamente por eso apta, tuve que hacer un estilo con el que me sintiera a gusto, no tuve que inventarme nada raro, el color también muy bien aunque al principio nos costó encontrar a alguien, pero cuando lo encontramos dimos con el color adecuado para mi dibujo. En ese sentido, en mi caso no. Quizá si me planteas un proyecto dentro de x años que me pueda pasar, ya te contaré, pero de momento la verdad es que no.

En este caso, además, trabajas con el guion de otra persona, de Isidro Sánchez. ¿Trabajas de la misma manera ante un guión tuyo y ante un guión de otro?

No, qué va. Cuando te dan el guion, tienes que ir un poco al ritmo que te marque la editorial con el guion. Cuando es tu historia, como me pasó a mí por ejemplo con Himawari, yo no tenía propiamente un guion escrito como necesitas cuando trabajas con alguien para entender exactamente que es lo que quiere, sino que yo trabajaba la sinopsis al mismo tiempo que iba haciendo el storyboard. El método es totalmente diferentes, porque yo me estrené así, por decirlo de esa manera. Y con Pájaro Indiano igual, yo desarrollaba un poco lo que era la sinopsis de cada capítulo o de x páginas para que me entrara en las páginas que tenían que ser, porque en el concurso pedían un mínimo de 62 y yo hice 68. Trabajo haciendo una sinopsis de los capítulos y luego voy desarrollando conforme voy dibujando, y cambio muchas cosas, eso también te da libertad para improvisar. Cuando trabajas con un guionista puede estar abierto a que le sugieras algo o no. Por un lado es más fácil, porque te quitas de embrollos y tú haces lo que te mandan, y por otro, si no estás haciendo algo que te gusta, pues quizá lo haces con menos ganas. En mi caso, con Millenium, genial. Y con Marc Márquez, lo bueno que me ha pasado es que, aún siendo una historia sobre un mundo que no entendía ni prácticamente seguía, ahora me ha enganchado, porque creí tantísimo en la historia… Detrás de toda la parafernalia de MotoGP y quitando que el chaval sea famoso, hay una buenísima historia de superación de un crío que nace en una familia superhumilde y llega a lo más alto porque se lo curra. Y eso es verdad. Eso no es nada inventado. Me motiva porque es una historia auténtica, un shonen que flipas sobre un chaval que curra y llega a lo más alto porque lo ha luchado. Cuando estás contando una historia tan auténtica y te llega.

Hemos hablado ya de tus muchos cambios de estilo, y en muy poco tiempo en realidad porque tampoco ha pasado tanto desde que salió Himawari. ¿Qué queda de esa Belén Ortega que dibujaba manga? ¿Cómo te ves ahora?

Me veo igual. Cuando tú empiezas, como que no tienes perspectiva, es como si entraras a una habitación que no ves límite ni puerta alguna, tú entras a ver qué pasa. Y cuando ya tienes un poco de recorrido te acaba aclarando sobre dónde quieres ir, qué quieres hacer, cómo funcionan las cosas, ya te has pegado un par de traspiés buenos que te hacen ver claramente. Las experiencias tan malas que he tenido por otro lado también las agradezco, porque me han enseñado mucho. Hoy en día valoro mucho más lo que tengo y el trabajo. Millenium, por ejemplo, ha sido para mí todo un regalo por esos años que yo he estado tan mal. Llegué a un punto en el que no me salía nada y me pregunté si a lo mejor lo tenía que dejar, si a lo mejor el cómic no era lo mío. Y mira, al final soy la misma pero con más experiencia. También, obviamente, evolucionas, en cinco años no eres la misma persona. Pero podría volver por ejemplo a dibujar manga. No lo veo como una etapa que haya dejado atrás, si en el día de mañana me presentan un cómic manga que me interesa a lo mejor vuelvo al estilo, no sería para mí un retroceso.

Háblame un poco de Millenium… No sé hasta qué poco es fácil entrar en un mundo que ya se ha adaptado en varias ocasiones, en el cine y en el cómic… ¿Cómo se afronta un proyecto así?

El tema es que Millenium, en Francia, en Europa, está superconsolidado como un best seller, es una novela de culto, sobre todo en Estocolmo, donde transcurre la historia. La editorial tiene los derechos en exclusiva para seguir haciendo algo sobre esta serie, que es lo bueno, porque lo que estamos haciendo es algo de una manera oficial y seria, no estamos explotando la gallina de los huevos de oro así porque sí. Lo que se está haciendo es que, como las adaptaciones de las novelas tuvieron tantísimo éxito, han cogido al mismo guionista que las adaptó para seguir la historia. Entonces creo que dentro del universo están haciendo algo muy coherente, están manteniendo realmente vivo lo que es el espíritu de los personajes, no lo pervierten, no se están yendo por las ramas, sino que sigue con un contexto político muy actual, trata el tema de Wikileaks, los papeles de Panamá… A mí me motiva muchísimo. Aparte soy muy fan de la novelas, me leí los libros del tirón, me quedaba hasta las cuatro de la mañana leyéndolas. Tengo la historia muy interiorizada, para mí no es nada nuevo. Cuando a mí me dieron el guion y vi cómo iba, fue un alivio saber que estaban afrontándolo de esta manera. El editor quiere hacer un universo, por eso es Millenium Saga, para diferenciarlo un poco, quieren hacer algo superauténtico y superbueno, quieren seguir con la historia de culto y tienen muchos planes para esta serie. Cuando me meten algo tan serio y ves que lo hacen con tan buena intención, para mí es genial. Para mí también es una presión extra, que la he tenido y mucho, mucho más que con Marc Márquez. Con esto fue más tranquilo y con esto fue muchísima presión, lo he pasado un poco mal, pero poco a poco nos iremos adaptando un poco mejor. Yo también lo tengo que ver, porque es mi primera incursión en el mercado francobelga, yo creo que con el tiempo me iré adaptando un poco mejor. Pero sí está siendo un gran reto para mí, el mayor hasta ahora.

Y al margen de Millenium, para acabar, ¿hay algo más que tengas en cartera o en la cabeza?

Ahora mismo, como es una trilogía, de momento queremos sacar dos libros más, el siguiente el año que viene y el tercer libro lo terminaremos para dentro de un año o así. Vamos a intentar que esté todo terminado para 2018. Y ya veré. Ya sabes cómo va esto, ahora tengo trabajo, y cuando termine esto ya veremos. Tengo otras ofertas pero, claro, yo ahora mismo tengo mucho trabajo con Millenium y prefiero hacerlo bien y si puedo compaginarlo con otros proyectos, bien, pero de momento no tengo nada. Millenium, que es lo seguro, y ya veremos.

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Esta entrada fue publicada en 27 diciembre, 2016 por en Belén Ortega, Entrevista, Norma y etiquetada con , , , , , .

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