CÓMIC PARA TODOS

‘Animal Man 2. El origen de las especies’, de Grant Morrison y Chaz Truog

Animal_Man_2Editorial: ECC.

Guión: Grant Morrison.

Dibujo: Chaz Truog y Tom Grummett.

Páginas: 240.

Precio: 23 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Mayo 2016.

Es evidente que Animal Man, en la etapa escrita por Grant Morrison, es una serie irregular. Las grandes ideas del escocés a medio plazo, las que tuvo en realidad que improvisar casi sobre la marcha, y la necesidad de ir introduciendo tramas casi autoconclusivas invitan a ver la serie de esa manera. A veces manda el origen del personaje, a veces su vertiente ecologista, a veces su encaje en el universo DC, a veces la conciencia social que Morrison siempre gusta de volcar en sus trabajos (en este caso, por ejemplo, hablando sin complejos del apartheid de Sudáfrica). Casi parece difícil encajar este Animal Man en el género de superhéroes, puesto que sus poderes propiamente dichos ya no tienen mucho encaje. Lo tuvieron en el primer volumen (aquí, su reseña), pero a Morrison le van interesando paulatinamente otros asuntos más humanos. Y así, Animal Man es un héroe en continuo conflicto interno, que no sabe cómo usar sus poderes, que intenta que conviven su vida como activista y su vida familiar, que quiere ser útil pero no es capaz de discernir si lo es más luchando al lado de ecologistas y de la Liga de la Justicia. Y es ahí, junto con los misterios que va planteando Morrison de una forma más típica de una serie regular de superhéroes, donde la historia va convenciendo sin problemas aunque, efectivamente, de manera irregular.

Esa irregularidad hace que Animal Man se presente como una serie complicada de juzgar en su totalidad. Morrison lo sabe, porque apela a lectores de muy diferentes gustos. Mezcla episodios de ciencia ficción pura y dura con otros en los que apenas hay elementos fantásticos y en los que mandan los dilemas más humanos e incluso cercanos. Da la misma importancia a las decisiones de Buddy Baker vistiendo el traje de Animal Man que a las conversaciones que mantiene con su hijo sobre el hecho de convertirse en vegetariano. Y es ahí donde se manifiestan esos altibajos que no son especialmente beneficiosos para la serie como conjunto pero que, por obra y gracia de un Morrison siempre concentrado, no afectan al desarrollo de cada episodio. En todo caso, y como el escritor demostró en años posteriores y en proyectos hoy más reconocidos, Animal Man ya apuntaba una de sus características esenciales en este tipo de trabajos, y es que sin conocer el final es muy complicado juzgarle. Engancha, y eso siempre es bueno, pero pone sobre la mesa muchos elementos que necesitan un desarrollo. Lo bueno de Morrison, y en esta serie también sucede, es que cada paso, incluso sin aclarar demasiado, es atractivo mientras sucede y no sólo al final. Por eso Morrison engancha, aunque muchas veces no sea nada fácil seguirle en cada uno de los pasos que da.

De la misma manera, la irregularidad se nota en el dibujo. Chaz Truog se mantiene como el ilustrador principal de la serie, y hay situaciones en las que destaca y otras en las que su dibujo parece haber envejecido bastante mal (no olvidemos que estos números se publicaron a finales de los 80), y sobre todo cuenta con el inconveniente de verse siempre superado por las apariciones en la serie de un Tom Grummett mucho más acertado y completo. Que el número en el que se cuenta el origen lo dibuje Grummett es, de hecho, la mejor noticia de este volumen. Lo que hace este dibujante en el número 14 de la serie sin apenas presencia de Animal Man (sólo aparece con su traje en dos viñetas en total), con la pequeña Maxime o con Ellen, su esposa, evidencia que está varios peldaños por encima de Truog. Esto ya se había sentido en el primer volumen de la serie, pero en este segundo se acentúa un poco más. Pero incluso admitiendo que el dibujo no está generalmente entre lo mejor de Animal Man, es complicado no disfrutar con esta etapa. Morrison era ya entonces mucho Morrison y sus ansias de dar un contexto notable a un personaje que no estaba ni mucho menos cerca de la primera fila en DC desembocan en un tebeo que merece la pena rescatar y releer con calma, porque debajo de sus irregularidades hay muchos elementos de gran interés.

El volumen incluye los números 10 a 17 de Animal Man y el número 39 de Secret Origins, publicados originalmente por DC Comics entre abril y noviembre de 1989. El único contenido extra son las portadas originales de Brian Bolland y Michael W. Kaluta.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 31 agosto, 2016 por en Cómic, Chaz Truog, DC, ECC, Grant Morrison, Tom Grummett y etiquetada con , , , .

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