Cómic para todos

‘Crisálida’, de Carlos Giménez

RK09069Editorial: Penguin Random House / Reservoir Books.

Guión: Carlos Giménez.

Dibujo: Carlos Giménez.

Páginas: 80.

Precio: 17,90 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Mayo 2016.

A Carlos Giménez la historia le guardará un lugar de honor entre el cómic español. No entre el que nos hizo reír o en el que nos hizo coger espadas de madera para soñar con fantasías y aventuras. Su sitio está entre quienes llevaron la realidad al cómic en nuestro país. Dada su edad, y ojalá que no lo sea, el tiempo dirá si Crisálida es su última gran obra, pero lo que está claro es que funciona perfectamente como una reflexión final, como un colofón valiente y atrevida, como un grito desgarrado para soltar en las viñetas docenas de ideas, de pensamientos y de sensaciones sobre la muerte, sobre la vida, sobre qué es importante en cada momento, sobre la amistad y sobre el presente. Crisálida, título que Giménez explica francamente bien a lo largo de este diálogo (¿monólogo?) que supone la obra es, desde su decisivo aspecto clásico, un experimento formal y narrativo de enorme calado, un arranque de sinceridad que ha sufrido Giménez y que ha volcado en unas páginas espléndidas, de las que merece la pena leer para comprender al autor más que al narrador. A ese ya lo conocemos desde hace mucho, desde Paracuellos o Barrio (aquí, su reseña). ¿Pero quién está detrás de esas obras? Quien suscribe Crisálida, que se convierte así en un brillante ejercicio de estilo que da la impresión de que Giménez sentía deberse a sí mismo.

Tenemos dos personajes, el Tío Pablo y Raúl. Amigos. Personas que han compartido la vida y muchas de sus peripecias a lo largo del tiempo y que ahora reflexiones sobre dónde han ido a parar. Giménez aprovecha ese escenario y su total identificación con ambos, que reconoce en el prólogo de la obra, para hablar de prácticamente todo. Crisálida no deja de ser una tertulia de bar, confesiones que la gente se hace con una copa en la mano, y eso es precisamente lo que le da un toque de genialidad. Es algo que sucede todos los días, pero que nadie había plasmado en un cómic de una manera tan auténtica. La obra no necesita una historia, porque Crisálida no va de eso. No tenemos una aventura o una vivencia concreta que comience y acabe de una determinada manera, a pesar de que su final es contundente y definitivo. Crisálida es una reflexión viva y en movimiento que no para de introducir elementos, que no deja de lanzar dardos a todo lo que se mueve en nuestra sociedad actual, crítica con el poder y con quienes creen que lo tienen, durísima con la mediocridad y con la mentira y consecuente con la forma de ser un autor genial. Quizá no todo el mundo entre con facilidad en la estructura que plantea Giménez, con esa consciente duda que genera este juego de espejos, elipsis y personalidades mezcladas, pero es parte de su genialidad.

La misma que, por otra parte, hay en su dibujo. Puede que en un vistazo rápido dé la impresión de que Giménez no ha arriesgado demasiado, que ha mantenido su trazo de siempre, el que le permitía asomarse con cierta gracia cómica a una realidad mucho más negra de lo que ese dibujo dejaba ver. Pero Crisálida se gana un análisis más detallado casi desde el principio. Cierto que las figuras se mantienen en la caricatura habitual, pero ya desde la tristeza que emana de sus figuras en este caso cercanas a la vejez queda claro que estamos ante un tebeo diferente. Luego podemos comprobar que las elipsis se cuelan en su dibujo de una forma fascinante. O incluso que hay algún que otro experimento que Giménez no podía permitirse en la cerrada composición de página que requerían otras obras suyas. Y Crisálida no es una obra más. Necesita de un contexto, el que el autor desgrana en sus líneas iniciales. Quizá sin eso sea una obra que puede llegar a provocar algo de perplejidad. Pero sobre todo un relato humano, íntimo, duro y lleno de vida, por mucho que sus temas ronden siempre la muerte. Puede que Crisálida, como en realidad el propio Giménez, no tenga demasiado impacto en el público de nuestros días. Pero eso es una injusticia más de las muchas que siempre ha protagonizado el mercado de las viñetas en España, porque estamos ante un cómic trascendente.

El contenido extra lo forman una introducción y unas palabras finales de Carlos Giménez.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 29 agosto, 2016 por en Carlos Giménez, Cómic, Randon House Mondadori y etiquetada con , .

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