Cómic para todos

‘La muerte de Stalin’, de Fabien Nury y Thierry Robin

01203456501_gEditorial: Norma.

Guión: Fabien Nury.

Dibujo: Thierry Robin.

Páginas: 144.

Precio: 24,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Mayo 2016.

Es fascinante comprobar cómo el arte de abre camino. Fabien Nury estuvo un tiempo bastante prolongado reuniendo información sobre Stalin con el fin de escribir una ambiciosa biografía sobre el líder soviético, pero abandono precisamente por la ingente tarea que le iba a suponer. Pero de ahí, y en conversaciones con Thierry Robin, surgió La muerte de Stalin. Ya no estamos ante una biografía, sino ante un retrato. Y no precisamente el de Stalin, sino el de su cúpula, el de quienes tenían que lidiar con el proceso de transición que siguiera a su defunción. De esta manera, lo que Nury y Robin nos ofrecen es una formidable intriga política que, desde un envoltorio de ficción, trata de no alejarse demasiado de la realidad. Al final, y por mucha documentación que se haya manejado, no importa demasiado si hay una precisión histórica de cirujano, porque Nury traza una historia impecable, que es lo que realmente cuenta para juzgar el cómic, un magnífico díptico reunido en este volumen integral y que Robin dibujo con enorme acierto, con una indudable tendencia a la caricatura que sirve precisamente para que los personajes, sobre todo los de alma más oscura, queden inmediatamente retratados. Detrás de su muy explícito título, La muerte de Stalin esconde uno de esos cómics imprescindibles para quienes gusten de la ficción histórica.

Uno de los grandes aciertos de Nury está en dejar muy claro cómo era Stalin sin apenas incluirle en la historia. La primera escena le sirve para mostrar su carácter y su poder. Desde ahí, ya nunca desaparece su figura, esté todavía vivo o muerto, y por eso la historia es tan potente, por eso las motivaciones de los demás personajes, sus ambiciones de poder, están tan bien calibradas, porque todo se hace en base a Stalin. Y Stalin es una de esas figuras que bien podría haberse convertido en uno de los grandes villanos del cómic. Nury, en todo caso, opta por una historia en la que él no es el protagonista, sólo una presencia casi todopoderosa que se siente hasta el final. A partir de ahí traza una intrincada pero muy fácilmente comprensible de red de subalternos con quienes evidencia la podredumbre política y humana de quienes ansiaban o temían la muerte de Stalin. Y para ser un relato que está plagado de momentos irracionales, que por desgracia sucedieron así o de una forma muy parecida, el anclaje con la realidad nunca se pierde. Nury acierta en la historia, en el tiempo, en las elipsis, en el retrato de los personajes y también en unos diálogos espléndidos, que coronan un trabajo fantástico que no deja de explorar ninguno de los círculos en los que se movía Stalin, empezando por su amor por la música, que es lo que fundamenta la excepcional escena inicial.

Con su dibujo Thierry Robin consigue captar la atmósfera que pretendía mostrar Nury, con lo que el acierto es total. El dibujo se mueve a medio camino entre un cierto toque caricaturesco y lo sombrío que necesita una intriga palaciega de este calibre. Si hay algo que realmente entusiasma de su trabajo para La muerte de Stalin está en las expresiones faciales y en los silencios. Es muy fácil introducirse en la mente de cada personaje, desde el pánico que siente el director de la Casa de la Radio en la primera secuencia al descubrir que su interlocutor es Stalin hasta la indisimulada ambición de Beria, que en realidad es quien se acaba erigiendo en el principal protagonista de esta magnífica obra coral. Robin saca partido de todos los personajes, encuentra la épica en las dos dobles páginas en las que muestra los preparativos del cuerpo de Stalin y el funeral de estado, y sobre todo logra que en cada secuencia la tensión se pueda sentir. Porque La muerte de Stalin es, sobre todo, una obra tensa, un estudio tan histórico como psicológico de lo que sucede cuando cae un dictador, cuando los buitres despliegan sus alas en busca de los mejores trozos de carroña y además mostrando todo eso en un marco excepcional, el de la Unión Soviética comunista que, a mediados del siglo XX, todavía tenía un largo recorrido por delante.

El volumen incluye los dos álbumes de La mort de Staline, Agonie y Funérailles, publicados originalmente por Dargaud en octubre de 2010 y mayo de 2012. El contenido extra lo forman un postfacio del historiador Jean-Jacques Marie, un texto de Thierry Robin y un portafolio de bocetos y diseños comentados por Fabien Nury y el propio Robin.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 25 agosto, 2016 por en Cómic, Dargaud, Fabien Nury, Norma, Thierry Robin y etiquetada con , , , .

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 231 seguidores

Archivos

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: