CÓMIC PARA TODOS

‘Aventuras en la calle Estación’, de Willem Vleeschouwer

Portada_AventurasEnLaCalleEstacionEditorial: Dibbuks.

Guión: Willem Vleeschouwer.

Dibujo: Willem Vleeschouwer.

Páginas: 112.

Precio: 16 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Junio 2016

Si tenemos en cuenta que Andre Franquin es la gran inspiración de Willem Vleeschouwer, puede que no sea tan descabellado entender Aventuras en la Calle Estación como una versión extrema y urbana de lo que puede ofrecer el cómic francobelga del estilo de un Spirou. Hay una distancia que salvar en esa comparación desde luego, la misma que hay entre la industria francesa y belga con la Holanda natal de Wévé, como también se conoce al autor, pero no resulta tan descabellado trazar ese paralelismo. Aventuras en la Calle Estación es, en todo caso, un tebeo raro. Peculiar, si se quiere. Intrigante en sus historias pero en realidad universal en sus temas de fondo, un curiosísimo divertimento que sigue a una pandilla de chavales que pasan su tiempo pensando en fútbol, en chicas y en trapicheos varios, no sólo como forma de pasar el tiempo sino casi como un modo de vida. Vleeschouwer, en las tres aventuras que se ofrecen en este volumen, no pierde el tiempo en presentaciones innecesarias y en dar vueltas alrededor de un tema. Las cosas suceden y punto. Es un trozo de vida lo que rescata y la vida no espera a nadie. Sucede. Y se vive. O se sobrevive. Y en un microcosmos tan peculiar como este, la diversión está más que asegurada, también con un dibujo atrevido e imaginativo que engancha ya desde la portada del libro.

Se armó la gorda, La maldición del Gordo Wong y La raja secreta son las tres historias que contiene este volumen de Aventuras en la Calle Estación. En la primera, Vleeschouwer coloca a nuestros protagonistas en una especie de liga de fútbol callejero en la que no dan ni una… hasta que recurren a una anciana que hace unos extraños conjuros. En la segunda, la receta de la salsa Hwa-Hwa es la moneda de cambio para solucionar un secuestro. Y en la tercera, el negocio de desnudos femeninos se convierta en la vía que todos los integrantes de la pandilla exploran para poder acostarse con la señorita Soesa. Premisas ya de por sí alocadas para un tebeo que se asoma a una especie de surrealismo urbano y callejero, pero enmarcado en barriadas pobres y donde la imaginación es la mejor vía para conseguir lo que se necesita. Imaginación, la misma arma que despliega Vleeschouwer para que esta lectura no se le vaya de madre en ningún momento, por rocambolesca que parezca la propuesta, acertando en un tipo de humor, eso sí, muy particular y que es probable que no todo tipo de lectores reciban con la misma facilidad. En cualquier caso, es un tebeo tan sincero que esa balanza se inclina ya desde las primeras páginas, con lo que en ese sentido no caben sorpresas ni decepciones. Y, además, el delicioso y divertido caos que propone va in crescendo.

En lo narrativo, porque como se decía más arriba en lo visual hay un impacto claro y evidente ya desde la cubierta. Sobre decir que la caricatura de Vleeschouwer funciona francamente bien y se convierte en parte esencial de su propuesta. Probablemente, con otro tipo de dibujo Aventuras de la Calle Estación no habría tenido el mismo impacto ni sería tan divertida. La exageración de su trazo es lo más significativo, pero tampoco hay que desdeñar el buen uso que hace de onomatopeyas  y otros recursos gráficos que le ayudan a dar movimientos a sus figuras y objetos. Quizá lo menos logrado del tebeo en su aspecto visual esté en su color. No siempre, porque hay escenas brillantemente coloreadas, pero en ocasiones es algo recargado y una pequeña dificultad en la lectura que hace pensar en que quizá habría quedado mejor en un blanco y negro que dejara respirar mejor a las escenas. Pero es un pequeño matiz, un detalle menor, porque Aventuras en la Calle Estación rezuma personalidad por sus cuatros costados. Y personalidad, además, con bastantes gotas de talento. Es un tebeo raro, eso está claro, y a pesar de la comparación inicial con la línea francobelga marcada por Spirou se trata de un mundo que tiene vida propia. Ahí está su gracia. Aceptar sus normas implica pasar un rato muy, muy divertido.

El volumen no tiene contenido extra.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 2 agosto, 2016 por en Cómic, Dibbuks, Willem Vleeschouwer y etiquetada con , .

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