Cómic para todos

Entrevista con María Llovet sobre ‘Insecto’

maria llovet salon comicNo se podrá decir que María Llovet no es una de las autoras más atrevidas del actual panorama comiquero español, porque no se pone ningún tipo de límite a la hora de contar las historias que le salen de la cabeza y del corazón. Insecto (aquí, su reseña) es así, atrevida, emocional y muy sensorial, una de esas obras de las que da gusto hablar y debatir. ¿Y qué mejor que hacerlo con su autora para que nos cuente cómo ha sido el proceso de creación de este fascinante cómic? Esto es lo que nos ha contado, y si el propio volumen ya es una incitación a conocer a la autora, lo que nos cuenta se convierta en una obligación a marcar su nombre en rojo para disfrutar de sus próximos trabajos.

Menudo tema has escogido para este tebeo, nada menos que el incesto… ¿Cómo surge la idea? ¿Qué te atrae de ese concepto para construir la historia?

Bueno, digamos que Insecto habla de amor y de deseo, y lo que tenía más ganas de retratar era ese impulso irrefrenable que sentimos los humanos entre nosotros, buscar un contexto que me permitiera focalizar en ello de forma concisa. Añadir el incesto en la ecuación propicia que la situación se radicalice, de repente hay más transcendencia en cada gesto o hasta en cada pensamiento. Los tabúes en general me resultan muy interesantes, nos llevan por terrenos movedizos y enraízan con emociones instintivas o primitivas que ni siquiera hoy día sabemos racionalizar. También me resultaba interesante tratar el tema de cómo la sociedad nos dicta lo que está bien hacer y lo que no, en este caso decidir que el amor entre esos dos personajes es imposible o intolerable.

Me parece admirable la forma tan sensible en que has abordado una trama tan complicada, ¿pero no te asusta que el mismo rechazo que genera el incesto en nuestra sociedad pueda volcarse sobre el tebeo y que este haga sentir incomodidad a algunos lectores? 

Pues la verdad es que cuando me documenté para Insecto me sorprendió bastante el rechazo que todavía tiene este tema en la sociedad. En muchos países está penado con cárcel. Entiendo que sea controvertido, pero me sorprende que haya tolerancia cero al respecto, no estamos hablando de abusos sino de casos completamente consentidos por las dos partes. Pero dejando la realidad a un lado, esto es una obra de ficción. Me resulta curioso que alguien se sienta molesto con una historia así, en el fondo es bastante inofensiva. Insecto es una historia de amor. Amor no convencional, pero amor al fin y al cabo. La clave está en que se acerca mucho a una fantasía sexual. Poder llegar a excitarse leyendo algo así es lo que hace que ciertas personas se sientan incómodas. Es interesante.

Y en ese sentido, ¿tuviste algún miedo como autora a la hora de abordar la historia? ¿Te has puesto límites a la hora de darle forma o lo que vemos en Insecto es lo que te imaginabas desde el principio?

Nunca nada de lo que hago se parece a lo que imaginaba desde el principio. En parte es porque la idea inicial tiende a ser vaga, y al concretar siempre se pierde cierta magia. Pero quitando eso, no, no me he puesto límites, intento no hacerlo nunca. Simplemente dejo fluir la historia de la forma que creo que es más coherente con sigo misma. Creo que hay que ser valiente y contar lo que de verdad se quiere contar sin tener miedo a las reacciones. El miedo sólo lleva a la autocensura, que es muy peligrosa. Actualmente hay mucha presión social en las redes, nadie quiere ser linchado en Twitter. Pero eso sólo lleva a represión y a que el mundo que percibimos no sea representativo de los pensamientos de sus individuos. Eso lleva a problemas peores, como el auge de extremismos en todos los sentidos. ¿Cómo explicamos que tanta gente apoye a alguien con ideas tan retrógradas como las de Trump? Pues porque está diciendo en voz alta cosas que sus seguidores no se atreven a decir. No poder hablar o no atreverse nunca es bueno. Aunque se tengan que escuchar barbaridades, hay que poder opinar. En ficción es imperativo que no haya censura de ningún tipo.

¿Cómo definirías a Lucas y Lea? ¿Y cómo fueron evolucionando, psíquica y físicamente desde los personajes que tenías en la cabeza cuando se te ocurrió Insecto hasta lo que finalmente hemos visto publicado?

Lucas es para mi el más interesante. Inicialmente quería que la trama de la dislexia tuviera más peso en la historia, las técnicas para mejorar que usaba y cómo había ido cambiando su situación a pesar de que su madre le obligaba a mantenerlo en semisecreto. Pero fue quedando en segundo plano y decidí bajarla al mínimo para poder concentrarme sobretodo en su relación, que era lo que de verdad quería contar. Lucas tiene una apariencia muy seria pero es más sensible de lo que Lea cree. A su vez, Lea está atormentada por todo y por nada. Es una niña caprichosa, que se parece más a su madre de lo que le gustaría. En el fondo está esperando a que Lucas dé primero los pasos que ella quiere dar, pero pierde la paciencia y propicia situaciones que luego son duras para todos, como la relación de Lucas con Clara. Lo que me parecía interesante de explorar es que los dos son sensibles y los dos están desconcertados, pero tienen formas muy distintas de enfrentarse a ello. Hasta que no hablan no se entienden el uno al otro, el gran y eterno problema de la humanidad.

No es la primera vez que has retratado en tus cómics una relación afectiva, emocional o sexual prohibida y complicada, al contrario, es casi una constante en tu obra… ¿Por qué te fascinan tanto esos sentimientos que traspasan los límites de lo convencional?

Supongo que se trata de buscar contrastes. Algo convencional es más interesante si tiene un punto sórdido. Y eso lo hace más realista, al igual que el surrealismo roza el hiperrealismo. Creo que el enfoque de cualquier artista interesante es una mezcla entre esa realidad y parte de fantasía, lo que has experimentado tú, lo que has visto y lo que has imaginado, pasado por el filtro del inconsciente. Creo que es importante buscar entre las filias y las fobias, que a veces convergen de forma extraña, ahí hay mucho material interesante que se puede trasladar en parte a la obra. Supongo que se trata de atreverse a ponerle una parte de sinceridad, que a veces resulta chocante por lo mucho que nos mentimos a nosotros mismos como individuos y como sociedad. No hablar de algo no lo hace desaparecer, pero si nadie habla de ello, entonces sí se crea la sensación de que no existe. Y luego aparece de repente y te asusta. Es tan simple que da hasta risa.

Y otra cuestión que se repite en tu obra, das voz a la adolescencia con mucha naturalidad. ¿Significa eso que te sientes más cómoda con protagonistas jóvenes o, de momento, es casualidad?

Sí, la adolescencia es una época de grandes cambios y de convulsión a todos los niveles. Eso siempre es un buen punto de partida, porque el personaje existe en un conflicto interior constante y eso es bueno para la trama. Lo más interesante en esta época es el despertar de la individualidad, tanto sexual como a todos los  niveles. Por eso me gusta acompañarlos de adultos que o están ausentes o que no cumplen su papel de tutores de la forma adecuada. Eso hace que los adolescente no tengan un anclaje seguro y refuerza su sensación de soledad e incomprensión, con lo cual se tienen que valer por si mismos durante el conflicto que surja en la historia. Todos nos hemos sentido así alguna vez, de forma más o menos justificada. Me gusta explorar ese terreno.

Insecto me parece una obra increíblemente sensorial, de esas que hace sentir, sudar y que el corazón lata con velocidad. Y lo consigues, además, con técnicas narrativas y tempos muy diferentes. ¿Esa sensación crees que la logras mientras escribes, cuando comienzas a dibujar o a caballo entre los dos procesos?

Sin duda, a caballo entre los dos procesos. El punto de inflexión entre el guión y el dibujo es el story board, la narrativa visual, que es el proceso que consiste en trasladar el texto en imagen. En ese momento se deciden la composición de página, el número de viñetas y también el tipo de planos, etc. Mucha gente, incluso gente del medio, no es consciente de que ese proceso es el alma de un cómic, es el más importante de todos. Determina cómo y a qué ritmo se lee la escena, determina también el tono y el enfoque emocional que le damos a lo que está ocurriendo. Es donde se consigue la voz del autor. Obviamente, si uno escribe sus propios guiones, el proceso de trasladar el texto a imagen puede estar ahí desde el principio. Yo escribo pensando ya en imágenes y, en algunos casos, sabiendo exactamente cómo voy a querer contar esa escena en cuanto a viñetas y tempo se refiere. Si hay guionista y dibujante es distinto, claro. Depende de cada equipo saber gestionarlo, y el problema viene si nadie lo hace. Muchos guionistas no piensan en imágenes, es lógico puesto que no es su medio y no lo dominan de la misma forma. Aún así hay una tendencia en la que el guionista escribe la narrativa visual para el dibujante, eligiendo los planos o describiendo según qué aspectos visuales. El dibujante debe implicarse en ese aspecto y corregir lo que no funcione, y no simplemente seguir las instrucciones a rajatabla. Yo personalmente intento conservar mi forma de narrar aún cuando trabajo con un guionista, pero a veces es muy difícil por cuestiones de espacio. Es un proceso bastante agotador, tienes que leer el texto quitando parte de la información que te dan y volver a reformularla.

En el libro indicas que la banda sonora con la que hiciste el libro es California Dreamin’ de The Mamas And The Papas, y me parece una elección espléndida para ilustrar, como dices, el prólogo y el epílogo. ¿Pero qué me dices de las escenas en la que apenas hay sonidos que hay en el interior, algunas oníricas y otras realistas? ¿Qué música les ponemos?

Bueno, la verdad es que a mi me gusta hacer escenas muy sensoriales, muchísimas veces cuando narro lo hago pensando en plasmar el silencio o el sonido del viento. Creo que si tuviera banda sonora real habría mucho de eso. Pero aparte de eso y de California Dreamin’, cuando lo escribía también me puse en bucle una canción de tan solo 35 segundos de la banda sonora de Only Lovers Left Alive, que se llama Streets of Detroit.

En tus anteriores trabajos se ha hablado mucho de la influencia que tienes del manga, pero tengo la sensación de que ya te has escapado por completo de ella y ahora tienes un estilo muy definido y personal. ¿Lo sientes tú así o crees que todavía es fácil encontrar esa influencia en tu dibujo?

Sí, es algo que ha pasado de forma natural, a mí me sigue gustando el manga, y muchas de mis influencias vienen de Japón, pero nunca han sido mis únicas influencias. Simplemente puede que en un momento dado tuvieran más peso y ahora se hayan compensado de forma distinta con todo lo demás.

Por mi parte, lo que veo en tu forma de narrar y de dibujar es mucho cine. ¿Dónde habría que buscar en ese sentido las influencias que pueda haber en Insecto y en sus protagonistas?

Cierto. Si te digo la verdad, leo muy pocos cómics en comparación con la cantidad de películas que veo, una media de cuatro o cinco por semana, y cuando escribo o pienso en una escena suelo imaginarla en movimiento. Creo que eso propicia ciertas cosas interesantes en mi narrativa. En vez de verlo como un hándicap, que lo es, a veces me frustro, lo intento tomar como una forma de experimentar. Por ejemplo, la última página de Insecto es un supuesto plano giratorio del beso de ellos dos. Mis influencias en cine son muchísimas, intento ver muchas películas, tanto actuales como viejas, así que según la semana que diré unas influencias distintas. Ahora mismo podría nombrarte por ejemplo a Park Chan Wook, Terrence Malick, Stanley Kubrick, Lars von Trier, Andrzej Zulawski, Pier Paolo Pasolini o Wong Kar Wai, entre muchos otros.

Teniendo en cuenta que hay algunas secuencias oníricas y que estamos ante una obra muy carnal, me pregunto si te llegaste a plantear hacerla en color o si siempre tuviste claro que el cómic sería en blanco y negro…

Sí, totalmente. La idea inicial era hacerla en color. Cuando lo terminé incluso hice algunas pruebas y me gustaron, pero al final decidí dejarlo en blanco y negro. Como no había ningún elemento clave imprescindible en color, como la sangre en Heartbeat por ejemplo, pude prescindir de él. Aún así le añadí tramas para no perder ciertos juegos de composición de plano que había planteado en un principio, cuando pensaba que el color me iba a dar esa posibilidad.

Y ya para terminar, ¿en qué estás trabajando ahora mismo? ¿Qué es lo próximo que vamos a ver de Maria Llovet?

Pues ahora mismo estoy haciendo varias cosas a la vez, tengo varios proyectos propios, no solo de cómic, y otros colaborando con guionistas, pero no te puedo decir gran cosa ¡porque ya se sabe que de estas cosas cambian de un día para el otro!

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Esta entrada fue publicada en 18 julio, 2016 por en Entrevista, María Llovet, Norma y etiquetada con , , .

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