CÓMIC PARA TODOS

‘Abelardo’, de Renaud Dillies y Régis Hautière

096ab529-4a8d-46d4-8302-5c4775a5fb7dEditorial: La Cúpula.

Guión: Renaud Dillies.

Dibujo: Régis Hautière.

Páginas: 148.

Precio: 18,50 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Mayo 2016.

De todos es sabido, o debería de serlo, que en la fábula más infantil es donde se pueden encontrar algunas de las lecciones más adultas que puede aportar la ficción. Por eso, una buena historia infantil es una espléndida lectura para públicos de todas las edades, de las que encandilan a los más pequeños por razones que apelan a lo sensorial y a lo carismático y de la que los adultos pueden disfrutar porque compone unos personajes complejos en situaciones extraordinarias. Lo que no está tan claro es que Abelardo sea una historia infantil, por mucho que su aspecto quiera evocarla y aunque su personaje muestra una deliciosa ingenuidad que le emparenta con personajes arquetípicos del género. ¿Puede ser un cuento, una fábula, un relato infantil, por mucho que utilice animales parlantes, cuando en realidad está mostrando el mundo con una crudeza inmisericorde? Abelardo es un ser encantador, bondadoso, lleno de ilusiones y sueños. Y el mundo no hace más que golpearle de todas las formas posibles, enseñándole de todo, pero sobre todo lo más duro de la vida. Y es un camino descendente. La ilusión se va desvaneciendo poco a poco de una manera asombrosa y brillante en la obra de Renaud Dillis y Régis Hautière, antes de llegar a un final brillante y hermoso. Toda una sorpresa este Abelardo, que engancha casi sin querer y emociona de forma creciente.

La verdad es que Dillies hace una mezcla admirable. Por un lado, recoge todo lo que cabría esperar de una historia infantil. Mucha imaginación, un personaje simpático, una moral camuflada bajo una sensacional aventura que arranca como lo hacen todas las grandes aventuras, con el amor como excusa principal. No es una motivación tan nítida, porque en el fondo Abelardo se mueve por muchas razones y todas ellas altruistas y bondadosas, pero es una delicia verle como un personaje enamorado, por mucho que esa cuestión se diluya poco a poco, según la oscuridad del mundo que le rodea va ganándole terreno a sus ilusiones. Y ese es justo el otro lado de Abelardo. No es un relato fácil. Es muy, muy duro para lo que realmente cabía esperar desde su portada, desde los sueños iniciales de su protagonista e incluso desde la configuración del relato con animales. Incluso para la jovialidad que tienen sus primeros episodios. Pero Dillies va cambiando el fondo y la forma de Abelardo con una maestría espléndida, desde esa sensacional filosofía que el protagonista extrae de su sombrero, sin que nadie entienda cómo lo hace, hasta su infinita bondad que perdura hasta el final, incluso cuando casi todo lo que le rodea está ensombrecido por la tristeza. Y es fantástico comprobar, al final, como Dillies ha hecho un análisis admirable de la sociedad moderna.

La clave está en que ese análisis no es nada pretencioso. No puede serlo cuando el dibujo de Hautiére es tan hermoso, tan infantil si se quiere, tan maravilloso en definitiva. No hay personaje que desprenda un carisma espléndido, y eso tiene mucho mérito si tenemos en cuenta que el punto de partida es, precisamente, infantil. No hay más que ver a cada personaje para saber si es bueno, si es malo, si es traicionero o si realmente está intentando ayudar a Abelardo en su maravillosa búsqueda de una estrella para conquistar a una chica. En el fondo, Hautiére hace exactamente lo mismo, conquistarnos. No le hacen falta estrellas ni grandes cruzadas, porque sus argumentos están en cada viñeta, en cada manera que tiene de transmitir emociones, a veces positivas y a veces negativas, porque de todo hay en este Abelardo que no, definitivamente no es el cuento infantil por el que podría pasar en un primer vistazo. Dillies y Hautière firman un tebeo magnífico, audaz y sorprendente. Quizá no sea para todos los públicos, o al menos los más pequeños necesitarán una buena guía de sus mayores para entender todo lo que le sucede al adorable Abelardo. ¿Pero no es esa precisamente la base de una buena historia para niños? Compartámosla pues, y hablemos de ella, porque claramente se lo ha ganado con su altísimo nivel.

El volumen incluye los dos álbumes de Abélard, La danse des petits papiers y Une brève historie de poussière et de cendre, publicados originalmente por Dargaud en junio y agosto de 2011, y reunidos en un volumen integral en septiembre de 2013.

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Esta entrada fue publicada en 15 julio, 2016 por en Cómic, Dargaud, La Cúpula, Régis Hautiére, Renaud Dillies y etiquetada con , , .

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