CÓMIC PARA TODOS

‘Señor alcalde’, de Ozeluí

publicaciones-F399-142-240-720Editorial: Amaníaco.

Guión: Ozeluí.

Dibujo: Ozeluí.

Páginas: 56.

Precio: 8 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Junio 2015.

Cuando se busca la biografía de Ozeluí por los inabarcables océanos de Internet, hay tres nombres recurrentes: el de José Luis Prats, que no es otro que el nombre real de esta artista granadino, y los de Curro Córner y La tita Virginia, sus dos series más famosas de entre todas las que creaciones que aportó a El Jueves, la que durante muchos años ha sido una publicación de referencia en el cómic de humor español. Señor alcalde no tiene la misma fama, pero sí un nivel parecido. Más, si cabe, si tenemos en cuenta la forma en que la política se ha ido asomando a los rincones de debate más insospechados de la sociedad española. Por eso, leer Señor alcalde tenía el mismo sentido a comienzos de la presente década, cuando comenzó a aparecer en El Jueves, que ahora mismo. La política que nos muestra Ozeluí es, además, la más zafia y ruin, la que está llena de chanchullos, la que se aprovecha de los pocos focos que se ponen en la política municipal de los más pequeños pueblos para que la corrupción campe a sus anchas. Y cuando se termina de leer, uno no sabe si reír, que lo hace y mucho durante la propuesta de Ozeluí, o llorar, porque en el fondo queda claro que el autor ha sabido dar en el clavo. Tan exagerado como se quiera, pero retratando las bajezas de la clase política y, por qué no añadirlo, la estupidez de los votantes que tropiezan una y otra vez con la misma piedra.

Sabiendo que la procedencia del material de Señor alcalde es El Jueves es más fácil entender la estructura por la que opta Ozeluí: páginas con pequeños gags autoconclusivos que lo que hacen es ir retratando a la figura de un primer edil de un indeterminado y pequeño pueblo tan caradura que casi parece imposible de creer. Casi, porque en realidad lo que hace Ozeluí es ser altavoz de la realidad, retorciéndola hasta la caricatura más divertida. De hecho, esa fusión de realidad y humor desbocado hace que Señor alcalde se pueda leer más o menos en serio pero siempre con el mismo resultado: la carcajada. Comidas oficiales, contratos otorgados a dedo, unas cuentas difíciles de cuadrar, tráfico de influencias, formas un tanto dudosas de conseguir dinero y no precisamente para las arcas municipales, un machismo galopante… No se le escapa nada a Ozeluí de todo lo que emponzoña la política en nuestro país. Y, sí, puede ser una divertida tergiversación. Pero es justo eso, una tergiversación, no una invención. Aquello sobre si la realidad supera a la ficción está siempre en tela de juicio leyendo las tronchantes tiras de Señor alcalde, que no pierde fuerza ni siquiera cuando se van acumulando las pequeñas historietas de este político caradura, con el mérito añadido de divertir con la figura de un protagonista que genera una antipatía más que merecida.

El dibujo de Ozeluí, como lo ha definido él mismo, es sencillo y directo. Por el tipo de tebeo que propone, es claramente la mejor solución, y lo que destaca especialmente en su trazo es el éxito que tiene a la hora de transmitir el chiste de forma eficaz. Casi se puede prescindir del texto y comprender perfectamente cada una de las situaciones que propone el autor. Sin eso, Señor alcalde no podría ser un tebeo tan gracioso como efectivamente es. Y dentro de esa sencillez en el estilo de su autor, es notable el carisma que tiene sobre todo el protagonista, el alcalde, pero también el resto de los actores de esta comedia bufa, otro elemento sin el cual sería difícil reírse tanto. Los lectores más clásicos de El Jueves verán en el trazo de Ozeluí muchas de las características que hicieron que la revista se convirtiera en lo que llegó a ser, y quienes no se hayan asomado con frecuencia a las páginas de la publicación en los mejores años tienen con este volumen una oportunidad de recordar porque tanta gente llegó a leerla. Y es que con el ingenio de Ozeluí es más bien fácil conseguir lo que se proponían sus historietas, sonrisas y carcajadas con las que afrontar una situación que todos calificaríamos de cómica si no fuera tan terriblemente real. Porque este Señor alcalde no es más que un brillante reflejo humorístico de lo que tenemos en las instituciones. Así de triste y divertido.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 30 junio, 2016 por en Amaníaco, Ozeluí y etiquetada con , .

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