Cómic para todos

‘Pablo Arkada. Sexo, drogas y Mastercard’, de Oriol Jardí y Raúl Ariño

p-pablo-arkadaEditorial: La Cúpula.

Guión: Oriol Jardí y Raúl Ariño.

Dibujo: Oriol Jardí y Raúl Ariño.

Páginas: 132.

Precio: 15,90 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Abril 2016.

Retrocedamos hasta el año 2007. Fue entonces cuando Oriol Jardí y Raúl Ariño crearon Pablo Arkada en las páginas de El Jueves. Con esa carta de presentación ya se puede tener claro que la irreverencia es el punto de partida de este volumen, una recopilación de historias autoconclusivas de una página coronadas con una asombrosa historia de origen, que da comienzo al libro. Y si hace falta algo más para que quede claro de qué va un libro que tiene como título el ya muy gráfico nombre de su protagonista y como subtítulo el lema Sexo, drogas & Mastercard, no hay más que leer las fichas policiales, sí, policiales, de los principales protagonistas que sirven de puerta de entrada al contenido de la obra de Jardí y Ariño. Irreverencia pura, sexo desbocado y peligroso, conductas violentas, antisociales y cercanas a lo sencillamente asqueroso, consumo de drogas a mansalva y personajes absolutamente extremos con los que no va a ser nada fácil identificarse. Y desde ese punto de vista, con un grado de diversión más que notable. Pero, ojo, la misma descripción del contenido es una advertencia en sí misma, puesto que no estamos ante un tebeo apto para todos los públicos. Y no por una cuestión de censura, sino de gusto, porque el humor de Jardí y Ariño no está pensado para todos los paladares.

Pako Arkada es una invención que cobra forma a cuatro manos. Entre Jardí y Ariño escriben todas las alocadas historietas que componen este libro. El formato es muy propio de la revista, con historia de una única página. Todo el volumen es así salvo la historia que le da inicio, que nuevamente arranca con un tremendamente gráfico título, La mierdamorfosis (de casta a rasta). Y al final, lo que se obtiene de ellos es un singular batiburrillo de tribus urbanas, movimientos antisistema, infamias personales y sociales a granel y situaciones que, de puro absurdo, alcanzan lo desternillante. Jardí y Ariño han reunido en torno a Pablo Arkada un microcosmos de personajes marginales que, ocultos tras una fachada surrealista, acaban dejando una suerte de sátira social bastante más compleja de lo que puede parecer en un principio, pero siempre sin perder de vista dos elementos. En primer lugar, que el objetivo de Pablo Arkada es el humor. No es un tebeo social. Es uno que quiere ser divertido. Y en segundo lugar, hilado de forma indisoluble con el anterior, que tiene unas normas que hay que acatar. Porque Pablo Arkada es un tebeo muy, muy extremo en su humor. Algunas historias son más extremas que otras, pero desde luego tiene muchas páginas con contenido de alto voltaje, siendo lo sexual lo más llamativo pero no lo más radical.

Si las historias las escriben al alimón Jardí y Ariño, en la parte gráfica se turnan. Uno dibujo y el otro colorea. Y así se mezclan de tal manera que las cuatro manos parecen dos y los dos cerebros parecen sólo uno. La fusión entre el fondo y la forma es absoluta y sería difícil entender Pablo Arkada sin el tono humorístico desatado que hay en su dibujo. Porque, en realidad y sin desmerecer el trabajo de escritura, ahí está la esencia de la serie, en su aspecto, en el diseño de los personajes, en la forma en la que percibimos sus locuras, su vida sexual, sus devaneos con las drogas y en cómo canalizan sus protestas sociales o el trato de con los demás. Pablo Arkada es un tebeo loco e insensato y su dibujo es la plasmación perfecta de esa locura insensata, que se ve desde luego en los episodios más alucinógenos (los Pitufos se llevan claramente la palma) pero también en las conversaciones y monólogos casi metafísicos que pronuncian estos locos personajes que llenan el microcosmos de Pablo Arkada. Y sí, estamos ante un tebeo para públicos probablemente muy concretos, unos desinhibidos, con un sentido del humor desbocado y sin límites, rozando en lo soez e incluso en lo socialmente inaceptable. ¿Eso es divertido? Para los autores sí. Si lo es también para los lectores, la comunión es perfecta.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 2 junio, 2016 por en Cómic, La Cúpula, Oriol Jardí, Raúl Ariño y etiquetada con , , .

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