CÓMIC PARA TODOS

Entrevista con Ethan Young sobre ‘Nankín. La ciudad en llamas’

2La masacre de Nankín es un episodio muy desconocido de la Segunda Guerra Mundial. Ethan Young ha realizado una muy potente novela gráfica sobre esa material, Nankín. La ciudad en llamas (aquí, su reseña), sobresaliente en sus personajes, brillante en su narrativa y muy esclarecedora sobre la crueldad de la guerra. Nos ha impresionado mucho este trabajo, así que hemos hablado con su autor para conseguir sus impresiones sobre esta novela gráfica que recomendamos con fuerza. Aquí las tenéis, esto es lo que nos ha contado Ethan Young sobre Nankín. La ciudad en llamas.

¿Por qué la masacre de Nankín? ¿Tienes alguna relación personal o familiar con ese episodio de la Segunda Guerra Mundial?

Era algo personal mi identidad cultural y por cómo la guerra dejó un efecto psicológico en la siguiente generación de chinos, que eran mis padres. Crecí en Nueva York, y ni siquiera he visitado China todavía. De cuando era niño recuerdo claramente a mi madre diciéndome “hicieron daño a China durante la guerra, ahora tenemos armas y nadie nos volverá a amenazar”. Cuando hice los veinte años, y para mi propio conocimiento, empecé a investigar más sobre la segunda guerra chino-japonesa, y sobre la propia masacre de Nankín. Al acabar los estudios, quise utilizar el tema de inmediato para mi primera novela gráfica. Parte de mí sentía que era mi ‘deber’ escribir esa historia. Cuando averiguas más sobre algo horrible que le ha ocurrido a tu gente, te entra una pesada dosis de nacionalismo, que es algo muy primitivo y tribal, pero también algo natural. Después de varios borradores, creo que fue algo inteligente posponer el proyecto en cuanto me di cuenta de que mis habilidades no estaban a la altura de mis expectactivas. Retomé el proyecto cuando ya cumplí los 30, cuando ya estaba finalmente preparado.

En el libro hablas de la negación de esta masacre. Es bastante sorprendente que, incluso en nuestros días, algunos hechos históricos puedan enterrarse de esa manera. ¿Fue eso una razón para hacer esta novela gráfica?

Puede haber tenido un pequeño papel, pero también soy muy consciente de que, por bueno que sea el cómic, nunca voy a ser capaz de convencer a alguien que niega que la masacre ocurrió de verdad. Esa gente ya ha tomado una decisión y la mantienen a toda costa para seguir atrincherados en su propia versión de la verdad.

Siendo la masacre de Nankín un conflicto muy desconocido, por supuesto en España pero supongo que también en Estados Unidos, ¿tuviste libertad por parte de Dark Horse para contar la historia como deseabas o te dieron alguna guía para hacerlo de alguna manera más comercial?

Tuve mucha suerte de que el fundador y editor de Dark Horse, Mike Richardson, conocía los hechos y además estaba entusiasmado con la posibilidad de publicar una novela gráfica que tocara esa materia. Además, el jefe directo de mi editor, Sierra Hahn, que ahora está en BOOM! Studios, estaba muy versado en la material, e incluso había viajado a Nankín. Ellos me permitieron contar la historia que yo quería contar, ofreciéndome sobre todo apoyo y guía narrativa cuando lo necesitaba. El éxito comercial sólo lo determinaba la calidad en ese punto.

No puedo más que imaginarme el nivel de investigación que habrás hecho para esta novela gráfica… ¿Es La ciudad en llamas que se publicó lo que te habías imaginado en un primer lugar?

Diría que sí y que no. Cuando me imaginé por primera vez la historia, con veintipocos años, tenía tan poca experiencia como narrador que cualquier imagen que tuviera en la cabeza era basta. La historia no se solidificó de verdad hasta muchos años después, cuando tenía una sensación más clara de qué tono usar y de cómo asentar la historia adecuadamente. Pero mucho más importante, desde el comienzo supe lo que no quería, que era una aproximación a la historia académica, propia de un libro de texto, la clase de historia en la que simplemente vas por los puntos clave de las atrocidades con ilustraciones corelativas. No tengo nada en contra de ese tipo de novelas gráficas, desde luego cumplen con su función de ser informativas. Pero no logras una conexión real con esa forma de contar historias, porque le falta una auténtica narrativa. Incluso los documentales tienen que montar su material para crear una ilusión de narrativa para que la audiencia pueda conectar. Eso es lo principal que tuve claro desde el principio.

Tengo la sensación de que en La ciudad en llamas no hay buenos ni malos, y creo que eso es algo muy difícil de conseguir. Como creador, ¿te es muy difícil mantenerte neutral? ¿Cómo consigues hacerlo teniendo en cuenta el elevado nivel de violencia que hay en la historia?

No voy a mentirte, fue duro en algunos momentos. Incluso cuando estaba cerca de los 30, todavía tenía tengo algún sentimiento antijaponés con el que tenía que trabajar, incluso si dijera que no lo tenía. Te dices a ti mismo que puedes hacer la distinción entre la gente y los soldados que cometieron las atrocidades, pero a veces esas líneas se vuelven borrosas, especialmente si tú ves ese incidente a través del prisma del nacionalismo. Pero maduré un poco según cumplía años. También tienes que darte tiempo después de toda la investigación y las brutales fotos que has conseguido reunir para digerir todo eso. Al llegar a un punto, leí Showa, de Shigeru Mizuki. Aunque sólo era un libro, leer a un veterano japonés condenar lo que se hizo en Nankín me permitió tener una perspectiva más amplia.

Según has dicho en otras entrevistas, los dos personajes protagonistas, los dos soldados chinos, son inventados y no históricos. ¿Cuál fue tu inspiración para crearlos?

Cuando concebí la historia, mi idea para los protagonistas principales todavía eran flexibles. Al llegar a un punto quiso seguir tres historias diferentes: la de un estudiante chinos, la de un grupo de soldados chinos abandonados y la de una familia intentando escapar. Al final, los soldados eran los más adecuados para el tono del cómic. Utilicé la estructura narrativa de un Western para construir la historia, por lo que los personajes principales son de alguna manera arquetípicos, y hay algunos prototipos muy reconocibles cuando lo lees. Tienes al capitán, que es fuerte, estoico, seguro de sí mismo y tranquilo. Tú, como lector, ya tienes una relación preexistente con este personaje porque ya has visto ese prototipo repetido en incontables ocasiones tanto en la literatura como en el cine. Tener esta relación inmediata entre el lector y el personaje es capital para avanzar, porque el lector ya está atrapado.

Nankín. La ciudad en llamas arranca con seis páginas en las que sólo hay una palabra. Y además hay muchas secuencias casi mudas, en un silencio que sólo rompen sonidos desagradables pero no palabras. ¿Por qué escogiste contar la historia de esta forma

Por dos razones. Primero, quería mostrar mis habilidades de narrativa visual y fijar el tono para el cómic desde el principio. Esas escenas mudas te dicen que el libro no va a tener demasiado texto. Fuerzan al lector a prestar atención inmediata al dibujo con mucho más detalle. Y segundo, las escenas mudas dejan que la historia respire y avance por sí misma. En silencio, el lector puede ser mucho más un testigo que un actor.

¿Te imaginaste siempre la historia en tu cabeza en blanco y negro o valoraste la posibilidad de hacerla en color?

Siempre en blanco y negro, o al menos monocromática. Hice un borrador muy inicial de la historia en lápiz con sombras marrones, pero lo descarté después de dos páginas porque no tenía el aspecto correcto.

De alguna manera, La ciudad en llamas se asemeja a una película en cuanto a su narrativa visual. ¿Tuviste ese presente? ¿Y te has planteado de transformar la novela gráfica en un guión cinematográfico?

Ha habido algún interés por parte de varios productores, pero no se ha desarrollado nada concreto desde ahí. Si hubiera un director o un producto que haga justicia a la historia y que se ajuste a la visión del cómic sin distorsionarla para sus propios propósitos, estaría dispuesto a hacerlo. Por supuesto, y en cualquier caso, dudo que pudiera tener mucho control después de vender los derechos. En cuanto a la narrativa visual del libro, la influencia del cine es deliberada. Cuando la gente me pide consejos sobre narrativa, les digo que presten atención al montaje cinematográfico y a cómo una escena bien dirigida facilita al espectador el seguimiento de lo que está suciendo, incluso sin poder escuchar los diálogos. Muchos autores de cómic se apoyan en diálogos expositivos, lo que no es bueno para muchos lectores.

Y para finalizar la entrevista, ¿en qué estás trabajando ahora mismo? ¿Qué podemos esperar de Ethan Young en un futuro cercano?

Mi próximo cómic, The Battles of Bridget Lee: Invasion of Farfall, lo publica Dark Horse en Estados Unidos en octubre. Es la historia de un médico veterano de guerra que tiene que defender un puesto de una fuerza alienígena de ocupación. Es una alegoría de ciencia ficción basada libremente en Mulón. Este cómic es corto, 72 páginas, y a todo color, por lo que completarlo ha sido para mí todo un reto personal. Espero que este próximo libro tenga mucho respaldo entre el público para poder continuar la historia en múltiples volúmenes.

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The Nanjing massacre it’s a very unknown episode of World War II. Ethan Young has done a very powerful graphic novel about the subject, Nanjing: The Burning City (here‘s the review in Spanish), outstanding in its characterization, brilliant in its narrative and very enlightening about war cruelty. We were very impressed by its work, so we talked with its creator to get his impressions about this graphic novel which we strongly recommend, and here they are. This is what Ethan Yopung has told us about Nanjing: The Burning City.

Why the Nanjing massacre? Do you have any personal or familiar involvement with that episode of World War 2?

It was personal in terms of my cultural identity, and how the war left its psychological effect on the following generation of Chinese, which were my parents. I grew up in New York City, and I haven’t even visited China yet. When I was a kid, I distinctly remember my mother telling me, “China was hurt during the war. Now we have weapons and no one will ever threaten us again.”  In my early 20s, just for my own education, I started learning more about the 2nd Sino-Japanese War, and the Nanjing Massacre itself. After leaving college, I wanted to tackle the subject right away for my first graphic novel. Part of me felt that it was my ‘duty’ to write this story. When you learn about something horrific happening to your people, you get filled with a heavy dose of nationalism, which is very primitive and tribal, but also kinda natural.  After several early drafts, I wisely put the project aside when I realized that my skills were not meeting my expectations. I revisited the project in my 30s, when I was finally ready.

In the book you talk about the denial of this massacre. It’s kind of amazing that, even in our time, some historical facts can be buried like that. Was that a reason to do this graphic novel?

It might have played a small part, but I’m also very aware that no matter how good my book is, I would never be able to convince a denier that the massacre actually occurred. Those people have already made up their mind, and go to great lengths to entrench themselves in their version of the truth.

Being the Nanjing massacre a very unknown conflict in Spain of course, but I suppose also in USA, did you have the freedom from Dark Horse to tell the story as you wished to or did they give you any give at all to make the graphic novel more commercial?

I was lucky in that Dark Horse founder/publisher, Mike Richardson, was both aware about the event and very enthused about the possibility of publishing a graphic novel tackling the subject. Also, my editor’s direct boss, Sierra Hahn (who is now at BOOM! Studios) was very well versed in the subject, having traveled to Nanjing herself. They allowed me to tell the story I wanted to tell, offering mostly support and narrative guidance when necessary. The commercial success would only be determined by quality, at that point.

I can only imagine the level of research you’ve done to do this graphic novel… Was The Burning City as it was published the way you imagined it in the first place?

I would say, yes and no. When I first imagined the story in my early 20s, I was so inexperienced as a storyteller that whatever image I had in my mind was crude. The story didn’t really solidify until many years later, when I had a better sense of what tone to use, and how to pace the story properly. But more importantly, from the very beginning, I knew what I didn’t want, which was an academic, textbook approach to story. The kind where you simply go through the bullet-points of the atrocity with correlating illustrations. I have nothing against such graphic novels, they certainly do their job in being informative. But you get no real connection with that kind of storytelling, because it lacks a true narrative. Even documentaries have to edit their footage to create the illusion of a narrative, so the audience can resonate with it. That’s the main thing I’ve envisioned from the start.

I have the feeling that there’s no good guys and bad guys in ‘The Burning City’, and I think that’s quite difficult to achieve. As a creator, is it very difficult to you to keep yourself neutral? How did you manage to do it given the high level of violence you have in the story?

I won’t lie, it was hard at times. Even in my late 20s, I still had some leftover anti-Japanese sentiment that I had to work through, even if I claimed to know better. You tell yourself you can make the distinction between the people and the soldiers who committed the atrocities, but sometimes those lines become blurred, especially if you view an incident through the lens of nationalism. I got a little more mature as I got older. You also have to take time away from all the research and brutal photos to gather yourself, and let everything digest. At some point, I read Shigeru Mizuki’s Showa. Though it was just one book, hearing a Japanese veteran condemn the actions in Nanjing painted a broader picture for me.

As you have said in other interviews, the two main characters, the two Chinese soldiers, are fictional, not historical. What was your inspiration to create them?

When initially conceiving the story, my idea for the main protagonist was still fluid. At one point, I wanted to follow 3 separate narratives: a Chinese student, a group of abandoned Chinese soldiers, and a family making their escape. Eventually, the soldiers were the most suitable for the tone of the book. I used the structural narrative of a Western to build the story, so the main characters are somewhat archetypal, and there are some very recognizable tropes when you read it. You have the Captain, who is strong, stoic, confident, and quiet. You, as a reader, already have a preexisting relationship with this character because you’ve seen this trope repeated countless times through literature and film. Having this instant relationship between reader and character is paramount moving forward, because the reader is hooked.

Nanjing: The Burning City starts with six pages and just one word in them. And there are also lots of almost silent sequences, a silence just broken with nasty sound but not words. Why did you choose to tell the story in that way?

Two reasons. First, I wanted to display my visual storytelling skills and set the tone for the book from the very beginning. These initial silent scenes tell you that the book won’t be very text-heavy. It forces the reader to immediately pay attention to the art more closely. Second, the silent scenes let the story breathe and unfold on its own. In silence, the reader can just be more of a witness than a participant.

Did you always picture the story in your imagination in black and white or did you weighed the possibility of doing it in full color?

Always in black and white, or at least monochromatic. I did one very, very early draft of the story in pencil with brown shading, but that one was scrapped after 2 pages, because it just didn’t look right.

In some ways, The Burning City feels like a movie in terms of visual narrative. Did you had that in mind? And have you imagine the possibility of transforming the graphic novel into a motion picture screenplay?

There has been some interest from some producers, but nothing concrete has developed from that. If there is a filmmaker or producer out there who can do the story justice, and hold onto the vision of this book without distorting it for their own purposes, I would be very open to that. Of course, I doubt I would have very much control after selling the film rights anyway. As for the book’s visual narrative, the movie influence is fairly deliberate. Whenever people ask me for advice on storytelling, I tell them to pay attention to film editing, and how well directed scenes make it easy for the audience to follow what’s going on, even if you can’t hear the dialogue. A lot of comic storytellers fall back on expository dialogue, which doesn’t cut it for a lot of readers.

And to finish the interview, what are you working on these days? What can we expect from Ethan Young in the near future?

My next book, The Battles of Bridget Lee: Invasion of Farfall, will be coming out from Dark Horse in October here in the US. It’s the story of an ex-combat medic who has to defend an outpost from an occupying alien force. It’s a loose sci-fi allegory of Mulan. This one is short, 72 pages, and in full color, which was a personal challenge for me to complete. I’m hoping this next book will find a strong audience so that I can continue to story through multiple volumes.

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Un comentario el “Entrevista con Ethan Young sobre ‘Nankín. La ciudad en llamas’

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Esta entrada fue publicada en 31 mayo, 2016 por en ECC, Entrevista, Ethan Young, Inglés y etiquetada con , , .

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