Cómic para todos

‘El Capitán Trueno’ (facsímil) 10, de Víctor Mora, Ángel Pardo y Juan Alejandro Martínez Osete

P-facsimil-CAP-TRUENO_10Editorial: Ediciones B.

Guión: Víctor Mora.

Dibujo: Ángel Pardo y Juan Alejandro Martínez Osete.

Páginas: 576.

Precio: 29 euros.

Presentación: Cartoné con sobrecubierta.

Publicación: Septiembre 2015.

Que El Capitán Trueno es una de las más clásicas y trascendentes historietas de la historia del cómic español es algo que todos sabíamos. Lo más curioso de todo es que ese es un conocimiento que se tiene incluso sin haber leído los cuadernillos originales, los que conforman esta reedición en formato facsímil. Pero leyéndolos es cuando la leyenda crece. Lo hace por dos razones. La primera, la esencial, es el enorme carisma de los personajes de Víctor Mora, que fueron capaces de subsistir con mucha categoría también después de que su cocreador, Ambrós, tuviera que dejar la serie. La segunda, quizá la más importante, es que esta supervivencia llega incluso a pesar de que la fórmula se agota poco a poco. Llegados a este punto, alcanzando prácticamente los 500 cuadernillos de diez páginas, es evidente que hay esquemas repetidos: los juveniles amoríos sin consumar de Crispín, las orondas y fuertes aspirantes a conquistar el corazón de Goliath, los exóticos escenarios, el uso casi reiterativo del globo o el eterno regreso de Sigrid de cuando en cuando para formar parte de las aventuras del Capitán. Pero incluso así, a pesar de ir viendo ese cíclico devenir de las historias, la diversión no decae nunca. Es, obviamente, uno de los problemas del brutal ritmo de publicación y se nota, pero el entretenimiento está siempre ahí.

Mora, de hecho, supo estar por encima de todo lo que se podía reprochar a El Capitán Trueno, quizá incluso tuvo la habilidad de saber cuál eran sus problemas y por eso fue capaz de poner los medios para que se notara lo menos posible o, al menos, fueran situaciones que no importaran tanto. La clave siempre estuvo, y se ve en este décimo volumen de esta edición, en el exotismo. Mora siempre supo encontrar historias que encajaran en la jovial diversión de esta historieta, e incluso abordando campos que parecían hasta extraños, como la formidable aventura en la que el Capitán y sus amigos se enfrentan a unas gigantescas piezas de ajedrez o la que acontece en un reino imaginario en el que todo es al revés, en el que los peces pescan hombres, las personas tiran de los carros en los que van montados los animales o los pobres lanzan monedas a los ricos. Por eso Mora siempre cambiaba de escenario y casi de género, de los piratas saltaba a los vikingos y de ahí a los magos, sin olvidar las princesas. Pero quizá la mejor de las historias de este volumen, la más elaborada y atractiva, es la que lleva al Capitán a las dunas del desierto para encontrarse con dos piratas enfrentados, Tagaar y La Enmascarada, porque es la que más sutilezas tiene, incluso a la hora de dotar de un antifaz a la mujer contendiente con motivos no sólo aventureros sino también narrativos.

En cuanto al aspecto gráfico, si bien en anteriores volúmenes se podía pensar en un agotamiento producto del frenético ritmo de publicación de los cuadernos, en este se nota menos. La introducción habitual de Juan Alejandro Martínez Osete para ayudar a Ángel Pardo permite un trabajo más detenido y eficaz, que además se beneficia del derroche de imaginación y del continuo cambio de escenario que va proponiendo Mora. Y si hay algo en lo que tanto Pardo como Martínez Osete destacan es en el ingente trabajo de mantener intacto el carisma de los personajes principales. Siendo indudable que la sombra de Ambrós siempre fue muy alargada, y aunque en su época el nombre del dibujante era algo de lo que el lector español no era del todo consciente al leer cualquier tipo de tebeos, lo cierto es que la llamada de los personajes se mantuvo viva gracias a su carismático dibujo. Hay diferentes, por supuesto, a pesar de que siempre se desplegaron trucos editoriales que hoy parecerían auténticas salvajadas, como repetir viñetas o recortar cabezas para mantener la unidad, pero los simpáticos añadidos de cada historia y sus fondos atractivos y de una enorme diversidad cultural hacían el resto. Diez volúmenes ya y El Capitán Trueno, lejos de cansar, sigue siendo una lectura de lo más eficaz.

El volumen incluye los cuadernillos 433 a 480, publicados originalmente por Brugera en 1965. El único contenido extra es una introducción de

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