CÓMIC PARA TODOS

‘Son’, de Ramiro Fernández Borrallo

Portada_SONEditorial: Dibbuks.

Guión: Ramiro Fernández Borrallo.

Dibujo: Ramiro Fernández Borrallo.

Páginas: 56.

Precio: 14 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Marzo 2016.

Hay una frontera compleja pero a la vez muy apetecible de explorar en el mundo del cómic, y es el sonido. O, como en este caso de Son, el silencio. Hay muchas maneras de mostrar qué se oye y qué no en un cómic, pero prescindir por completo del ruido y de la palabra es algo que dificulta enormemente la narrativa. Por eso tiene mérito el trabajo de Ramiro Fernández Borrallo, que se autoimpone el desafío de contar una historia muy atractiva sin ese apoyo sensorial que, en realidad, en el cómic es casi siempre visual. Son acontece en un mundo postapocalíptico, pero es al mismo tiempo una historia modesta y familiar. Es un relato de supervivencia, la de un padre y su hijo que lo único que buscan es reunirse con su esposa y madre en un lugar seguro y de difícil acceso, donde las monstruosidades que habían ahora el mundo no puedan llegar. Es una historia sencilla porque no hay mucho más que eso ya apuntado. A Fernández Borrallo no le interesa cómo se ha llegado a esa situación en el planeta, ni siquiera cómo se ha separado la familia protagonista, ni mucho menos cómo se han creado esos oasis tecnológicos a los que se accede a través de portales o cómo se puedan enviar mensajes al viejo mundo. Lo que cuenta Son es breve y conciso, pero de una manera imaginativa y con una velocidad endiablada, casi con un ritmo cinematográfico.

Su brevedad, incluso su limitación en lo que se refiere al relato, probablemente tenga mucho que ver con las características de la obra y de la razón por la que se ha editado, puesto que estamos hablando de la obra ganadora del Premio Desencaja 2015, que otorga el Instituto Andaluz de la Juventud. Pero en cualquier caso, Fernández Borrallo encuentra un desarrollo más que satisfactorio en un escenario algo manido. Lo mejor, en ese sentido, está en el contexto familiar y en cómo se fragua la búsqueda de ese lugar seguro, en esos mensajes, prácticamente alucinaciones adaptadas a ese mundo futuro, que va recibiendo el padre para conseguir la reunión de la familia, una reunión de la que el lector por fuerza acaba participando con su anhelo de que la aventura obtenga un final feliz. Por supuesto, y para honrar el trabajo de Fernández Borrallo, no se adelantará aquí cómo finaliza este viaje, pero sí se puede destacar el acierto del autor no sólo en el qué sino también en el cómo. El final completa una obra valiente y arriesgada, que no siempre consigue una narración tan clara como le gustaría pero que deja suficientes elementos de interés por el camino como para que la historia sea más que suficiente para entender las pretensiones de Fernández Borrallo, que van más allá que las de una simple y entretenida historia de género.

En ese sentido, el del género, el autor crea un mundo atractivo visualmente. Hay influencias que se notan, las mismas que puede tener cualquier autor que haya crecido con la ciencia ficción de las últimas décadas, desde Star Wars a Terminator pasando por Mad Max, pero en realidad hay suficiente habilidad a la hora de crear este mundo como para que ninguna de ellas resulte excesiva. Como narrador visual, Fernández Borrallo destaca más en el ritmo lento, en aquellas escenas que no son especialmente trepidantes, las que le piden un poco de pausa y sobre todo las que aprovechan esa quietud para ganar en significado emocional. Por eso, las pistas que recibe el padre o incluso algún momento del clímax destacan por encima del resto, porque transmiten sensaciones que superan incluso el buen trabajo de diseño que tiene la obra, algo esencial para cualquier tebeo de ciencia ficción que se precie de serlo. Fernández Borrallo firma de esta manera una obra sugerente y entretenida, que deja en manos del lector el tiempo de lectura precisamente porque la única información que le da es la visual pero que incita a que Son sea repasada en más de una ocasión para captar pequeños matices, tanto en su imagen como en su significado, que pueden pasar desapercibidos por la velocidad que se presupone en un tebeo mudo.

El contenido de extra del volumen es un portafolio de bocetos preliminares de Ramiro Fernández Borrallo.

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Esta entrada fue publicada en 25 abril, 2016 por en Cómic, Dibbuks, Ramiro Fernández Borrallo y etiquetada con , .

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