CÓMIC PARA TODOS

‘El día de julio’, de Beto Hernández

p-dia-julioEditorial: La Cúpula.

Guión: Beto Hernández.

Dibujo: Beto Hernández.

Páginas: 116.

Precio: 12 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Marzo 2016.

El reto que se pone Beto Hernández en El día de Julio no es nada sencillo de acometer. Su idea es contar cien años de la vida de Julio, cien años que recorren el siglo XX en su integridad, a través de una intrincada saga familiar en un pequeño pueblo mexicano. La cercanía con la universal obra de Gabriel García Márquez, sólo que con el uso de las viñetas, es bastante evidente, y quizá la ambición sea el gran obstáculo de Hernández para su cómic dé un salto mayor. Es un tebeo espléndido, en el que el uso de las elipsis es tan maravilloso como la elección de las secuencias que escoge contar para explicar ese enorme lapso de tiempo en tan solo cien páginas. Precisamente lo que no se cuenta obliga a sentir cierta distancia con respecto a los protagonistas. A Hernández se le puede achacar el claro desequilibrio que hay en la novela gráfica, con momentos absolutamente deslumbrantes, muy dramáticos y con un efectismo que excede con mucho la sencillez de su trazo como ilustrador, una de sus señas de identidad como creador, pero también hay otros momentos que resultan algo menos intensos, incluso deslavazados, y se pierde la perspectiva que anuncia el título, el protagonismo de Julio, que no siempre es tan imprescindible como podría pensarse por la elección de Hernández para presentar su obra.

La genealogía que traza Hernández no es, ni mucho menos, tan compleja como la de Cien años de soledad, pero en todo caso se agradece que el autor haya colocado al comienzo de la obra el retrato de todos los personajes, también mostrando el paso del tiempo en sus rostros para que no haya forma de perderse en la narración. Narración que, en realidad, es bastante sencilla precisamente por el carácter episódico que le otorga el uso de las elipsis. Hernández reflexiona introduce temas realmente turbios, dejando algunos incluso a la imaginación del lector pero sin privarse de mostrar gráficamente en sus viñetas algunos otros. Y tocar de soslayo algunos puntos cruciales de la historia del siglo XX, como la Segunda Guerra Mundial, le da al relato un poso muy atractivo, que además no distrae del eje que interesa a Hernández. Julio es el hilo conductor, pero no es necesariamente el protagonista del relato. Eso, de alguna manera, confunde. Por un lado, es un personaje que marca a toda su familia, pero por otro a veces resulta ajeno a los puntos más dramáticos del relato, por ejemplo el papel del tío Juan y la animadversión que siente por él Sofía, la hermana de Julio. Todo ello contribuye al desequilibrio apuntado, que no oculta la genialidad que hay en bastantes pasajes de la historia o en la solidez de sus personajes, pero que sí resta algo de eficacia al cómic en su conjunto.

Puede que Beto no sea tan genial dibujante como su hermano Jaime, y que sus personajes sean algo más sencillos y menos realistas, pero en todo caso es un artista excepcional. Lo que pueda perder en los sentidos apuntados, lo gana con una puesta en escena admirable, algo que se ve perfectamente a la hora de mostrar las elipsis, centrándose en el escenario mexicano que le sirve de base al relato pero también en los momentos clave de los episodios, como la crudeza con la que muestra los efectos del veneno del gusano azul o el casi alucinógeno episodio que vive el padre de Julio con la pareja de ancianos para poner fin a ese trance. Todos los Hernández son maestros del uso del blanco y negro. Beto lo aprovecha admirablemente como elemento narrativo, usando siluetas, haciendo que esas dos tonalidades ayuden en las elipsis y en los sueños, e incluso dándole un papel muy activo en el cierre final del tebeo. El día de Julio no es la obra más perfecta de Beto Hernández, tiene algún defecto en su ritmo, pero el amplio abanico familiar que despliega para hablar de tantos temas diferentes y su extraordinaria habilidad para componer personajes con muy poco discurso, no hay que olvidar que no estamos ante una novela gráfica demasiado extensa, es más que suficiente para que esta obra se convierta en un título más que recomendable.

Julio’s Day apareció por primera vez serializado entre los números 1 a 20 de Love and Rockets entre 2001 y 2007, y después recogido en un volumen de Fantagraphics de febrero de 2013.

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Esta entrada fue publicada en 20 abril, 2016 por en Beto Hernández, Cómic, Fantagraphics, La Cúpula y etiquetada con , .

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