Cómic para todos

’15 historietas de casas encantadas’

cubierta-CASA-ENCANTADAS_v2-670x950Editorial: Diábolo.

Guión: Alfonso Bueno, Fátima Fernández, David Braña, Damián Campanario, Álex Ogalla, Carlos Bouadí, Vicente Navarro, César Herce, CABHUR, Josep Busquet, Manuel Mota, Diego Ridao, Ángel Rodríguez y Jaume Negre.

Dibujo: Diego Simone, Rafa Vargas, José Torres Brocal, Miguel Hernández, Ernest Sala, Benito Olea, Samuel Guerrero, Juanma Hinojosa, Mauro Vargas, Taco Silveira, Rose Triguero, Manuel Mota, Javier Hernández, Diego Ridao, Ángel Rodríguez y Sergi Llorens.

Páginas: 120.

Precio: 11,95 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Diciembre 2015.

Además de ser el formato que mejor permite evaluar a autores conocidos o menos conocidos con pequeñas muestras de su trabajo, el encanto de la antología como tal, sin necesidad de evaluarla desde el punto de vista editorial, es inagotable. La serie de libros temáticos de Diábolo, que pasa de trece a quince relatos, en realidad dieciséis, es un referente en ese sentido. No sólo por ser una variadísima serie de género, que es capaz de ofrecer enfoques diferentes para un mismo objetivo editorial, sino también por la completísima muestra de autores que es capaz de reunir. 15 historietas de casas encantadas es, en ese sentido, una de las más completas, porque la colección de escritores y dibujantes que se reúnen en estas páginas saben encontrar las variaciones más atractivas de la propuesta. Casas encantadas, sí, que en ocasiones responden a la versión más clásicas de ese arquetipo del terror, esa vieja mansión abandonada y decrépita, pero en la mayoría de las historias se presentan aspectos muy diferentes a lo previsible, incluso explorando otro tipo de terrores que sólo tangencialmente toca el tema de la recopilación, pero al mismo tiempo con fidelidad a lo que se les propone. Y eso que el terror sigue siendo uno de los géneros más difícilmente abordables por el cómic, pero aún así estas páginas proponen un buen mal rato de diversión.

En Arquitectura inteligente, Alfonso Bueno y Diego Simone proponen una espléndida estructura circular y misteriosa que juega muy bien con los puntos de vista. Extraños, de Fátima Hernández y Rafa Vargas, parte de una buena idea, pero su ejecución no termina de llegar tan lejos como podría, incluso con un dibujo notable. David Braña se divierte jugando con la realidad y ficción en Mi refugio, bien ilustrada por José Torres Brocal. La mantis es la historia que más se escapa del concepto de casa encantada, pero Damián Campanario y Miguel Hernández proponen una inquietante historia de obsesiones autoinducidas que tiene un buen clímax sexual. El actor, quizá una de las historietas más destacadas del libro, es un formidable retrato de la ambición del intérprete, escrito por Álex Ogalla y dibujado por Ernest Sala. La atmósfera de terror más lograda del volumen, en todo caso, se la queda Silencio, un inquietante guión de Carlos Bouadí con dibujo de Benito Olea. En El castillo del espectro, Vicente Navarro y Samuel Guerrero juegan con la historia para mostrar una historia de fantasmas en un castillo encantado, correcta pero con posibilidades de haber logrado algo más. El juego más divertido con el concepto del libro es el que proponen Ogalla, esta vez con dibujo de Juanma Hinojosa, en La muñeca de la casa.

Clásica, directa y alucinógena, La casa de las siete condenas es un relato muy atractivo de César Hérce y Mauro Vargas. A partir de Rojos labios de esfinge, el libro salta del blanco y negro al color, en este caso con un contundente relato epistolar de CABHUR y un dibujo muy intenso de Taco Silveira. En un relato sin título, Josep Busquet juega admirablemente con el tiempo página a página, con un fantástico dibujo de Rose Triguero. Manuel Mota hace de De Vermis Mysteriis uno de los dos relatos más cortos del libro, y quizá le hace falta algo más de desarrollo, aunque su impactante final es la guinda perfecta. Imagina, de nuevo con guión de Campanario y dibujado por Javier Hernández, es otro de los títulos destacados, una magnífica historia que juega con los límites de la realidad y de lo onírico, terror puro y auténtico. Cuando la ciudad duerme, de Diego Ridao, es otro relato inquietante e interesante, que juega con la arquitectura y con el entorno urbano para ilustrar un relato que quizá necesitaba alguna página más. Ángel Rodríguez juega con el misterio en El agujero, aunque rápidamente se vuelca hacia el horror más gráfico y turbio, impacto del que disfruta en su obra. Y cierra el libro Casa de muñecas, de Sergi Llorens y Jaume Negre, un relato que juega con la realidad de los malos tratos y con la fantasía del terror para dejar un relato de final abierto e inquietante.

El volumen no tiene contenido extra.

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