CÓMIC PARA TODOS

‘Desaparecido’ 2, de Kei Sanbe

01300200201_gEditorial: Norma.

Guión: Kei Sanbe.

Dibujo: Kei Sanbe.

Páginas: 192.

Precio: 8 euros.

Presentación: Rústica con sobrecubierta.

Publicación: Febrero 2016.

Si el arranque de Desaparecido (aquí, reseña de su primer volumen) fue tremendo, el salto adelante que pega con su segunda entrega es bestial. No se puede negar que hay un cierto halo de previsibilidad en estas páginas, y que en el fondo no es difícil intuir al menos algún que otro aspecto general del final de este segundo volumen, pero el camino es espléndido. Kei Sanbe pega un golpe sobre la mesa que enlace a la perfección con el cliffhanger con el que concluyó el primer libro de la serie y eleva las posibilidades de los viajes en el tiempo con los que el protagonista de Desaparecido, Satoru, se enfrenta al reto de evitar alguna desgracia. ¿Cómo ejecutar esa maniobra dentro de un planteamiento ya de por sí atrevido? Sanbe encuentra dos formas. Por un lado, ampliando el salto, de unos minutos a nada menos que 18 años. Por otro, haciéndolo personal, llevando a Satoru a intentar evitar desde su primera víctima los actos de un tipo que se dedicó a secuestrar y asesinar niños cerca del mismo colegio al que iba a clase. El segundo volumen se convierte así es una asfixiante cuenta atrás, en una lucha contra el reloj y contra el destino en la que cada página, cada escena y cada diálogo cuentan y tienen una importante que, seguramente, trascienden a lo que hemos podido leer hasta el final de este segundo volumen.

Historias de viajes en el tiempo las hay a miles. Muchas de ellas juegan con las circunstancias personales de sus protagonistas, llevándose a revisitar su vida pasada o anticipar su devenir futuro. Desaparecido, en ese sentido, no es original. Para Sanbe, que es plenamente consciente de ese detalle, se esfuerza en que la carencia de originalidad la supla el efectivo uso del misterio y el avance compulsivo del calendario, una soga que se va apretando mientras el lector se pregunta si Satoru está cumpliendo con su objetivo de evitar los crímenes que marcaron su infancia o si, por el contrario, se está enfrentando a unos hechos inevitables. El funcionamiento de Desaparecido como thriller de fantasía es casi irreprochable, pero el enorme acierto de este segundo volumen es el cambio radical que ofrece. Satoru ya no es un tipo de 29 años, sino un niño, por mucho que detrás de su aspecto y su mentalidad infantiles esté el adulto que intenta cambiar el futuro. Sanbe sabe combinar esas dos formas de pensar y de vivir lo que está sucediendo, introduciendo pinceladas sociales (el maltrato infantil) y un personaje memorable, el de Kayo Hindzuki, la que está llamada a ser primera víctima del asesino. Todas las piezas se van juntando para que Desaparecido tenga también pinceladas de historia romántica, un elemento más de este mosaico que funciona francamente bien.

Sanbe, que también se ocupa del dibujo, remata a la perfección su ocurrente planteamiento desde la planificación de las viñetas más significativas. Desaparecido no es sólo una buena idea, sino que ofrece una ejecución igualmente brillante. Cada mirada de los personajes (de nuevo es importante destacar a Kayo), la forma en la que se van introduciendo los diálogos y los pensamientos, cada golpe de efecto, la espléndida plasmación de la violencia que sufre la pequeña Kayo o los momentos más bonitos de la forma en la que Satoru quiere ganársela para evitar su asesinato. Hay muchísimos momentos en los que Sanbe sabe poner sus dibujos especialmente al servicio de la narración para que las mismas sensaciones que tiene Satoru sean las que experimente el lector. Y como cada personaje está diseñado con mimo, es difícil no encontrar la empatía que busca Sanbe. Satoru es protagonista, narrador y guía, y Desaparecido se confirma así como una de esas historias que coloca al lector al borde de su asiento, curvado sobre un volumen cuyas páginas pasa de forma vertiginosa porque, por mucho que se intuyan acontecimiento, Sanbe sabe cómo hacer que a esta lado del tebeo haya unas ansias tremendas de seguir pasando páginas hasta llegar al cliffhanger final, el puente hacia el siguiente capítulo. Hasta ahora, fascinante.

Boku Dake ga Inai Machi comenzó a serializarse en la revista Young Ace en 2012. El primer volumen recopilatorio lo publicó Kadokawa Shoten en junio de 2013. El libro no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 7 marzo, 2016 por en Kadokawa, Kei Sanbe, Manga, Norma y etiquetada con , .

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