CÓMIC PARA TODOS

‘El playboy. Memorias en cómic de Chester Brown’

p-playboyEditorial: La Cúpula.

Guión: Chester Brown.

Dibujo: Chester Brown.

Páginas: 236.

Precio: 14 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Enero 2016.

Relatar una obsesión adolescente y autobiográfica con la revista Playboy es algo que no está al alcance de muchos creadores. Chester Brown es uno de los que no sólo está dispuesto a confesar esa iniciación sexual que la sociedad todavía censura de alguna manera sino que es igualmente capaz de revestir semejante peripecia con una narración compleja y sugerente, pero también juguetona y divertida. El playboy es un libro peculiar en casi todo. Lo es por el narrador, un Chester Brown adulto y alado, pero no precisamente con alas de ángel sino más de demonio. Lo es por esa dicotomía que se establece entre ese Chester ficticio y el adolescente que utiliza las imágenes de las playmates para masturbarse. Lo es también por el formato, un libro pequeño, manejable, de rápida lectura y que elude ahogar al lector con amplios márgenes en blanco. Y lo es porque, desde la autobiografía, Brown consigue la complicidad inmediata del lector, no necesariamente ligada a Playboy y la masturbación, sino también por la común necesidad juvenil y adolescente de buscar una identidad propia al margen de los dictados sociales o mantener secretos que nadie conoce como una salida para las ansiedades que pueda tener un chico de esa edad. Y es una obra increíblemente sincera, no sólo por partir de vivencias reales sino por la forma en que las plasma.

Ahí está en realidad la clave de El playboy. No importa la polémica que pueda suscitar el punto de vista del autor, una hipotética cosificación de la mujer o la plasmación gráfica del placer sexual individual que hace Brown. Lo que importa es triunfa como autor, como narrador y como personaje, algo que no es nada fácil. Y si lo hace es precisamente porque no tiene intención de ningún momento de ocultar nada. Es increíble que sepa alargar tanto momentos que, en realidad, no son gran cosa o que no lo son, mejor dicho, para un adulto. ¿Pero para un adolescente? Ese es el enorme acierto de El playboy como obra narrativa, que parte de muy poca cosa para mostrar algo que parece de una trascendencia feroz. Los momentos en los que Chester teme ser descubierto mientras se masturba ante las páginas de Playboy o cuando su imaginación hace que el hecho de esconder una revista se convierta en una operación tremendamente delicada y peligrosa son buenas muestras de la forma en la que Brown hace auténticas virguerías como autor. Lo mismo sucede con la evolución que hace de sí mismo como personaje, desde ese primer momento en que se plasma a sí mismo en la iglesia pero absorto en sus pensamientos con la revista pornográfica hasta las conversaciones con sus novias sobre esta obsesión.

Cuando la sencillez del dibujo no sólo no frena sino que además impulsa una historia como sucede en El playboy es cuando hay que asumir que estamos ante narradores de primer nivel. Chester Brown lo es, es brillante y genial. La sencillez de su caricatura es una invitación a pensar que esta obra es mucho menos de lo que es, y sin embargo se asume el enorme éxito de su propuesta gracias a la voracidad con la que se pasan las páginas. La sencillez no es simple, sino la forma que tiene Brown de hacer que el lector capte de un solo vistazo todo lo que está sucediendo en cada escena. Despejar la página es el truco para que la mirada se centre en lo esencial, en lo que genera tensión, en lo que explica la ansiedad y el deseo sexual del adolescente que protagoniza la historia. Pero no es esta una obra que se apoye en la caricatura para convencer, al contrario. De hecho, es asombroso comprobar la enorme riqueza de planos que tiene, sus juegos con la luz y la enorme viveza y dinamosmo que Brown aporta a las viñetas con su conversión en un narrador diminuto y alado. El playboy es una obra esencial en la carrera de Chester Brown, pero valorarla sólo desde ese prisma sería no apreciar la genialidad que supone. Tan polémica y debatible como se quiera por su fondo, pero una absoluta genialidad.

The Playoby nació serializada en Yummy Fur en 1990 y Drawn Quarterly la recopiló en un volumen en diciembre de 1992. El contenido extra del libro es un extenso portafolio de notas aclarando aspectos de la obra.

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Esta entrada fue publicada en 4 marzo, 2016 por en Cómic, Chester Brown, La Cúpula y etiquetada con , .

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